En nuestro querido país de sobrepeso, hay demasiados factores por los cuales preocuparnos. En términos sexuales, la obesidad en hombres es detonante de hipertensión y diabetes, componentes preponderantes de la disfunción eréctil pero hay otro que pocas veces se toca. Y eso puede determinar la imagen sexual femenina del futuro, los mapas de reflejos eróticos de las mismas así como su autoestima y por ende capacidad para vivir una sexualidad plena.

Actualmente, dado el enorme índice de sobrepeso en nuestras chavitas mexicanas, la pubertad se está adelantando a una edad entre los siete y los nueve años. Desde esta edad comienza a notarse un franco crecimiento en los pechos, vello púbico. Esto sucede cuando los intereses obvios son jugar; son niñas. Les genera mucha inseguridad y angustia, se sienten incómodas, apenadas, suelen recibir comentarios burlones e hirientes de hermanos y compañeros escolares. Se va generando una enorme fobia a crecer, a presentar dichos caracteres sexuales secundarios y por ende se merma su femineidad e imagen como seres sexuales a futuro. De manera inconciente.

Esto obedece en gran parte a -obvio- la dieta que despunta la segregación de hormonas y la presencia de productos tóxicos y disruptores hormonales en el medio ambiente. Las progestinas, prostaglandinas y otras reaccionan ante esta madriza que le ponen a su cuerpo al comer en exceso y hacerlo trabajar a marchas forzadas. Uno de cada tres niños tiene sobrepeso, imaginen el futuro de la autoestima y autoimagen sexual de las siguientes décadas.

Comer en demasía es un trastorno, ha crecido –y siento si les duele su corazoncito- debido al incremento en el abandono emocional que los niños sienten al tener padres ausentes (aunque estén en presencia supuesta física) y porque la mayoría pasa las tardes con la TV, internet y videojuegos como niñeras porque sus padres trabajan todo el día. Y claro, la manera de calmar esa ansiedad, ese enojo al sentirse invisibles y desvalidos es comiendo. Ojo, no se trata de ponerlos a correr en el patio, ni de prohibirles el gansito o el mini gansito o poner en la tiendita de la escuela pepinos y jícamas en vez de donas; se trata de atacar el problema de raíz: los enormes vacios que tienen nuestros niños. No jodan, si tuvieron el valor de ser padres, ténganlos para darles el amor, y la presencia que necesitan. Si no, responsabilícense de su sexualidad y dejen de crear sociedades huecas, ansiosas, deprimidas y voraces por destruir(se).

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