Por años, diversas investigaciones afirmaban que la androsterona, feromona producida por el hombre, y la androsteneriona, liberada por la mujer eran imperceptibles por el mismo género. O sea que un hombre no podía percibir las feromonas de sus congéneres y lo mismo sucedía entre mujeres.

Ambas sustancias tienen una estructura química muy parecida y no sólo actúan como atrayentes sexuales, sino que durante el coito producen excitación. Sin embargo, hallazgos de un reciente estudio de la neurocientífica Ivanka Savic, del Instituto Karolinska en Estocolomo, indican que los hombres gay responden de un modo similar al de las mujeres heterosexuales cuando son expuestos a una sustancia química sintética naturalmente encontrada en grandes cantidades en el sudor masculino. Sobre todo el de  las axilas. Y supuestamente son más intensas en los ‘machos alfa’.

O sea, otro estudio de Allan Mazur de la Universidad Syracuse en Nueva York y de Alan Booth del Departamento de Sociología de la Universidad Estatal de Pensilvania aseguran que aquellos hombres reconocidos socialmente como ‘machos alfa’ (atractivos, exitosos, etc.) producen mayor cantidad de androsterona. Asimismo han detectado esta alta producción en hombres con tendencia a la ira y la agresividad. La zona de mayor emanación está en las axilas y parece que también crea una reacción en otros hombres al percibirla, generando respeto y admiración hacia los denominados ‘alfa’.

Pero estábamos con el asunto de la percepción de las feromonas entre personas del mismo sexo. La investigación de la Dra. Savik, encontró que también  son similares las respuestas de lesbianas y hombres heterosexuales  al exponerlos a sustancias sintéticas que recrean feromonas de la orina femenina. O sea, una chava gay puede percibir y tener una respuesta bioquímica a las feromonas femeninas, en tanto no percibe las de los hombres.

Esto indica una respuesta fisiológica en las regiones cerebrales asociadas con la reproducción muy diferentes entre personas homo y heterosexuales. Porque en teoría las feromonas sirven como sustemas de atracción con el fin de emparejarnos y reproducirnos. Como ven, al menos de acuerdo con este estudio, se reconfirman teorías de que nos atraemos para mucho más que sólo hacer crías. Y también -muy importante- se continúan desmitificando ideas sobre la orientación sexual como una conducta o elección. Nuestros cerebros, nuestra química cerebral y bioquímica de nuestros rituales de apareamiento responden a las sustancias correspondientes al sexo género hacia el cual nos orientamos. Si no, ¿cómo explicar que un hombre gay responda a feromonas masculinas en tanto las femeninas no le causan la menor respuesta química ni da lugar al enamoramiento químico por ende? Hay que recordar que la percepción de feromonas a través de nuestro aparato vómeronasal, es totalmente inconsciente, no es un proceso pensado sino automático.

Interesante, ¿no?

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