El viejo porno pudo diseñarte como un amante limitado y dejarte mitos implantados. Checa lo que las nuevas propuestas eróticas como las del Fem Porn pueden hacer por tus técnicas en cada round sexual.

Sí, todas y todos hemos visto porno y lo hemos disfrutado. Culposa o gozosamente, hemos dejado que las imágenes de innumerables vídeos, pelis, memes, entren a nuestros cables y se inserten en nuestra visión de muchos aspectos de la sexualidad. Nadie negará que son un perfecto aderezo y herramienta de momentos autoeróticos, encuentros sexuales y hasta mero ocio. Sí, vemos porno por verlo, por curiosidad calenturtienta, por ver qué pasará en esas caras y cuerpos alterados por el deseo y por un montón de prácticas que a veces nos sorprenden: “¿te cae que eso se puede hacer?”.

Sin embargo, y acá empiezan los ‘peros’, el tema no es el juicio sociocultural que pretende crearnos culpa, sino ¿qué tipo de porno estás incluyendo en tu repertorio e imaginario sexuales? Y, obvio, si te estás comprando los mitos y los dobles juegos de esta industria multibillonaria. Como bien se dice, querer aprender a tener contacto sexual basado en el porno, es como querer aprender a manejar viendo “Rápido y furioso”.

Porque una cosa es que veas y compartas porno hasta por hacer masculinidad y tener algo qué subir en el grupo de whatsapp de tus amigos; y otra, que tus prácticas sexuales, tu autoimagen, tus expectativas, tus erecciones, tu control eyaculatorio, y más, se vean afectados por las herencias que el viejo porno han dejado en tu cabezota y en tu respuesta sexual. Podrás decirme “Nah, yo no he dejado que el porno me diseñe”. Veámoslo.

Mitos que se han convertido en verdades practicadas VS el Fem Porn
El estilo del viejo porno casi ha coreografeado nuestras dinámicas y encuentros sexuales. Escena clásica: hombre cuyo pene es de dimensiones garrafales, de la nada, penetra, vía vaginal o rectal, da embates a todo motor, mientras ella grita de placer y gime en agudísimas notas. En cinco, cuatro, tres, ¡pum!, ella tiene un macro orgasmo, con squirt incluido. Él sigue penetrándola hasta que eyacula, un torrente de semen es disparado en la cara de ella, en sus pechos o nalgas. Fin.

El Fem Porn, por su lado, es el porno hecho por mujeres para mujeres y quienes quieren disfrutar con ellas, no a través de ellas. O sea, el porno clásico generalmente las cosifica, las convierte en objetos pasivos; además de mostrar respuestas sexuales y elementos ficticios, violentos, que generan mitos.

Directoras como Erika Lust y Annie Sprinkle (Erikalust.com y anniesprinkle.org), a través de sus series, vídeos y pelis han logrado explorar prácticas sexuales consensuadas, basadas en la realidad de la anatomía y la respuesta sexual en hombres y mujeres; defienden el erotismo, el deseo femenino y los órganos sexuales como sitios de infinitas posibilidades, no sólo como un hueco y un falo que embonan a trancazos. Y no creas que por ser Fem Porn es muy soft o romántico. Las historias rescatan fantasías típicas; las rebasan y las resignifican con una estética muy interesante. Échate un clavado en la serie web de Erika Lust, XConfessions o alguna de sus películas; encontrarás claras diferencias de los que habías visto antes.

¿Para qué te sirven esas diferencias? Para mejorar tu capacidad amatoria. Hagamos una comparación de lo básico que aprendiste y su realidad.

1. Porno Clásico: Pene enorme = máximo satisfactor
Fem Porn: El pene sólo es un invitado más a una fiesta de exploración
Realidad – No digo que a ti, pero a muchos les pasó que cuando aplicaron la ‘penetración porno clásica’ y notaron que ella naturalmente no gritaba y tampoco ‘se venía’, pensaron, “Necesito un pene de ese tamaño”. Muchos cargan consciente o inconscientemente una sensación de no ser suficientes.
El pene, por enorme que sea, no va a promover un orgasmo vía vaginal si el clítoris no es estimulado externa o internamente.

2. Porno clásico: darle embates vaginales o rectales a punto de metralleta = orgasmo seguro
Fem Porn: La vagina NO es la vía que nos lleva al orgasmo.
Realidad – Nuestro órgano sexual es el clítoris, el responsable de llevarnos hacia el clímax. La vagina es nuestro órgano reproductor y casi no posee terminales nerviosas. De hecho, su ‘lado más sensible’ está en el primer tercio (unos tres a cinco centímetros, no necesitas un mega pene), en pared anterior; la zona G.

Lo que tú ves, cuando abres los labios mayores, justo debajo de su unión es apenas la quinta parte del clítoris: su capuchón y glande. Por dentro, tiene un par de tallos y bulbos que se encuentran detrás de los labios menores, por dentro, claro. Éstos, comparten estructura sensorial con esa zona G.

La penetración vaginal puede contribuir a la creación del orgasmo si la postura permite roces hacia la zona G, o cuando el pubis logra rozar el clítoris externo. Dar sexo oral o estimular manualmente el clítoris durante la penetración es lo que detona el clímax.
Y por cierto, penetrar frenéticamente, como perrito con peluche, sólo te hace desperdiciar un enorme porcentaje de tu capacidad de sentir todas las posibilidades de cada anillo de tu pene y dificulta que puedas manipular tus eyaculaciones para que sucedan cuando tú desees. Ni siquiera le das chance a tu cerebro de identificar los estímulos y tu punto de no retorno.

3. Porno clásico: si eres un pro, harás que ella eyacule o squirtee
Fem Porn: Si ella squirtea o eyacula no depende de ti.
Realidad – De hecho, no depende de nadie, más que de la anatomía de ella. El squirt es un disparo de orina mientras que la eyaculación femenina es la expulsión, también con fuerza, de líquido eyaculatorio femenino (contiene un antígeno prostático parecido al del semen) y ambos surgen desde el orificio uretral o sea, por donde hacemos pipí.
Ambas dependen del tamaño de las glándulas parauretrales de cada mujer. Éstas rodean la uretra, el tubito por donde pasa la pipí y, si son planas, por más que se estimulen vía zona G, (porque desde ahí se accede a ellas), no habrá ningún chorro. ¿Por qué se dan? Son expresiones del orgasmo, o sea, surgen como parte de la respuesta orgásmica en algunas mujeres. Y no quiere decir que sean clímax más intensos o de mayor calidad.

¿Porno adictos?
Si te preocupa que se te esté pasando la mano en el consumo de porno, acá signos de adicción.
1. Búsqueda imperiosa: no puedes parar de ver/buscar porno.
2. Te da síndrome de abstinencia: si pasas un rato o unas horas sin ver porno, sientes ansiedad.
3. Nada vale más que tu siguiente dosis de porno. No importa el problema o gasto que implique.
4. Tu respuesta sexual depende de su presencia.
5. Lo prefieres al contacto sexual real.
6. Afecta otras áreas y relaciones de vida.
*Si es así, acércate a buscar ayuda. No tienes por qué sentir vergüenza, todos somos adictos a algo pero claro, el porno tiene una mayor carga cultural. Suelta esa percepción y ayúdate a dejar de depender de ello.

Por un porno más ético
Cada quién elige qué tipo de porno ver, y TODA práctica sexual es válida siempre y cuando sea consensuada y se tenga la capacidad para expresar ese consenso. Así que procura que no contenga o exponga…
1. Niñas o niños.
2. Personas discapacitadas.
3. Actos violentos o personas siendo lastimadas (como BDSM no consensuado).
4. Personas inconscientes o bajo consumo de sustancias.
5. Redes de trata de personas (como muchos vídeos de ‘sexo real’).
6. Animales (ningún animal puede expresar su consenso)
7. Vídeos caseros o no profesionales donde se espía a otras personas mientras tienen contacto sexual o hasta son abusadas sexualmente.

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