Utilizar un lenguaje aniñado, con tonos melosos y diminutivos excesivos, tal cual nos dirigiéramos a un bebé, puede tener un contexto poderoso en pareja. ¿Hasta dónde esas muestras de cariño pueden contener otros significados?

Dirigirnos palabras dulces, con efectos tonales suaves y juegos de palabrillas rebuscadas en diminutivo, más allá de una conducta, implica naturaleza y es casi un tatuaje cerebral cuando deseamos expresar ternura. Lo escuchamos desde el vientre materno, en la infancia. Diversos estudios como los realizados por investigadores de la Universidad de Carnegie Mellon y de Wisconsin, entre otros, aseveran que de ese modo reconocimos los lazos emocionales e incluso mejoró nuestra capacidad cognitiva y de aprendizaje. Este lenguaje, universal y utilizado en todas las culturas, de acuerdo con los investigadores G. Bryant y H. Barrett, en su estudio Recognizing intentions in infant-directed speech: Evidence for universals (2007), nos predispone a la protección, al consuelo. ¿Has notado cómo reacciona cualquier adulto al escuchar a un bebé llorar? Tratará de calmarlo con lenguaje y gestos aniñados.

Justo este mismo propósito: este deseo de proteger, revelar apego y generar erotismo se integra en las relaciones de pareja. Así como universales son los motes románticos, también los cambios en la voz y los procesos cerebrales cuando nos dirigimos a quien amamos. Y pueden ser tan cursis como sexis. Sin embargo, también pueden traducir otras características.
Recrear a nuestro ‘niño(a) interior’, hacer guiños y aspavientos infantiles nos ha funcionado de maravilla con el sexo masculino. Y nada como –además- agregarle dulce con una vocecilla mimada. No obstante, precisamente por ese sistema de recompensa y obtención de beneficios, su matiz en las dinámicas sexuales y de pareja puede contener mucho deseo de control.

Asimismo, cuando un hombre lo utiliza con su mujer, puede sostener ciertos ingredientes de limitación. Es un sello común en hombres que tratan a su mujer en la vida diaria o en el contacto sexual como si fuera una niña. Es decir, utilizan la dominación, la sobre protección, hasta intenciones de anulación. No es una regla general pero tampoco lo más adecuado. En especial en contextos en donde se detecta el chantaje o la manipulación. O sea, no te estoy diciendo que suprimas todo código de pareja donde este tipo de expresión se dé, pero echa ojo a las ocasiones en las que las utilizan.
Digamos que tu pareja usa este tipo de ‘lenguajito’ al solicitarte ciertas prácticas que cree que probablemente te resulten incómodas o te hagan sentir inadecuada/o. O bien, que se hayan acostumbrado a comunicarse de ese modo en sus encuentros sexuales. Pese a que la plenitud erótica (de contacto a través de los cinco sentidos) es un valor subjetivo y personal -y ustedes pueden encontrarlo no sólo divertido sino gratificante- también puede indicar aspectos nada positivos.
Por ejemplo, cierta incapacidad para asumirse como adultos, de integrarse sexualmente como seres auténticos fuera de esos semi personajes creados en esa línea infantiloide.

Toda expresión de la sexualidad tiene validez, obvio, siempre y cuando no lastime física o emocionalmente a ninguno de sus integrantes; más, fuera de juegos de roles, o que justo funcione como un detonador para su excitación, mantener el baby talk como una constante también puede indicarles no sólo un estilo sexual restringido sino cómo están intimando o dirigiendo sus dinámicas. Detecta qué tan limitante, controlador o manipulador puede ser.

Por otro lado, según un reciente estudio de la Universidad Británica de Sheffield, la voz femenina es mucho más compleja, abarca toda el área auditiva del cerebro y la de ellos sólo requiere del sector subtálmico. Hicieron pruebas a través de la resonancia magnética y concluyeron que, por tamaño y forma de nuestras cuerdas vocales y laringe, emitimos frecuencias de sonido confusas para el cerebro masculino. El tono suave y melódico de voz de ciertas mujeres, pueden causar dispersión en los hombres y después de varios minutos provocar cansancio. Es por eso que cuando una mujer tiene una voz grave o ronca, es capaz de captar la atención de un público conformado por hombres, por encima de una de voz dulce o chillona. Imagina si continuamente le hablas en ese tono aniñado y dulzón. ¿Querías atención?

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