Los extensores o alargadores de pene llevan décadas en el mercado, impulsados en los últimos por el internet y las ventas por televisión. Siguen discutiéndose cuestiones de calidad, eficacia y repercusiones de uso. Y que la cosa, as usual, está en la enorme cantidad de caballeros que bajo la añejada exigencia de un pene de grandes dimensiones para hacer feliz a la damisela, son capaces de colocarse o untarse lo que les digan. El mito del tamaño es otra cuestión hiper discutida. Pese a que se ha comprobado que una mujer no requiere de más de cinco centímetros para estimular la zona del primer tercio de la vagina donde está el potencial sensitivo. Pero después viene el debate de la estética, digámosle la estética eréctil. Porque cuando el pene está en reposo pocas veces tiene una longitud apreciable. Con la vendidísima idea de más grandes es igual a más satisfacción pues seguimos fregados. Están los penes ‘engañosos’, mismos que en reposo parecen un tanto pequeños pero que al ingurgitarse (llenarse de sangre) crecen considerablemente y viceversa (parece que serán ‘maraca llorarás’ y no aumentan considerablemente su tamaño), pero cualquiera que sea, se considera según una encuesta de la Universidad de Texas, apenas el 21% de los hombres de su muestra están satisfechos por completo con el tamaño de su miemmmbro.

Y entonces vienen los remedios de la abuela y los más tecnológicos. Los alargadores de pene, dependiendo de la marca pueden ser desde un fiasco peligroso hasta ciertamente defendidos por especialistas (por lo regular contratados por los fabricantes). En teoría, dichos extensores se basan en el principio médico de la tracción. Es decir, a base de tirar del miembro  de forma gradual y progresiva se logra un crecimiento de los tejidos del mismo, tanto del ligamento suspensorio y de los cuerpos cavernosos. Este punto ha sido re y rete discutido ya que hay especialistas que afirman que lo único que da de sí es la piel pero que como tal el tejido queda del mismo tamaño y aparentemente es mayor pero al erectarse queda tal cual antes del uso del extensor. Otras discusiones admiten que dependerá de la marca y calidad del aparatejo y de que este esté avalado por certificaciones medicas y de salud de cada país. Para saber, claro está. Esto se hace desde hace siglos con el uso de pesos sostenidos por el pene que podían incluso dejar inservible el miembro.

Hay varios tipos de extensores, aunque la mayoría están compuestos de un anillo de plástico unido a dos varillas metálicas y dinámicas en las que se encaja un soporte de plástico con una goma de silicona para sujetar el glande. Se coloca cuando el pene está en flacidez, y se debe llevar puesto entre 4 y 9 horas ¡al día! El crecimiento prometido es de aproximadamente medio centímetro al mes. Se recomienda usarse ininterrumpidamente entre  4 a 6 meses, al menos. Y claro, en caso de exceder el tiempo recomendado, pueden surgir complicaciones derivadas de desgarros internos en los cuerpos cavernosos y el tejido muscular del pene. Y ni hablar de las rosaduras y despellejamientos así como las lasceraciones pequeñas que el material puede hacer al pene a base de roce. Mis respetos para los que se los avientan, se necesita estar en verdad obsesionado e inconforme. Quizás tal cual la anorexia o bulimia debería haber una subrama de la psicología que analizara este tipo de desorden de la imagen, para quienes están obsesiva-compulsivamente angustiados por el tamaño de su miembro. Y luego pasan las de Caín. Como recientemente un hombre en Quebec, quien interpuso una demanda contra un fabricante de elongadores del querido miembro viril porque, tras 500 horas de uso, no ha sufrido cambio alguno en su anatomía genital. El denunciante pide una indemnización de 762 dólares en concepto de daños morales y para cubrir el costo del extensor que adquirió (se gastó 262 dólares). Y bueno, fácil no habrá sido acudir a la dependencia correspondiente a interponer la denuncia, ya veo la cara del personal que lo atendió. Le han de haber achicharrado lo que le quedaba de autoestima.
En general, estén avalados por quien gusten, no me parecen en lo mínimo recomendables. En alguna sex shop vi en una ocasión uno que se veía más mal hecho que dije, ‘Ay nanita con el que se atreva a comprárselo’. Irreal. Y el dependiente me dijo que era de los productos más vendidos. Zaz.

El principio por el que están diseñados parecieran hacerlos factibles, no obstante me parece algo complejo el pensar que los cuerpos cavernosos puedan alargarse, no soy cirujano urólogo pero me parece complejo que se logre de manera sana y respetando la funcionalidad del miembro. Tengan cuidadito, ¿se comprarían uno?

Share Button