De rounds sexuales perfectos se trata. Y laaargos lapsos siendo penetradas no es lo que todas desean, a pesar de lo que nuestro mundo falocentrista nos ha dicho. No todo es un eterno entra-sale. Tu vagina tiene sus razones y es hora de que le des lo que realmente ama. Vamos por la verdadera vaginoterapia.

Sí, sí, a todas nos han enseñado –ya no digamos el porno, incluso los libros- que el medidor de que seamos buenas amantes está en aguantar “lo que el pene decida durar”. Y, obvio, a ellos –en esa difusión machista que en nada les convino- que si son ‘dura poquito’, o sea, terminan en dos, son dignos del salón de la vergüenza del sexo; de hecho, que hasta tienen que buscar ayuda médica.

La cosa, es que seguimos repitiendo creencias limitantes que nos sumergen en el atolladero sexual. ¿Pero se trata de tiempo?, ¿hay una ‘medida’? Acá vamos, pero eso sí, dile adiós a esos dolores post coito y rozaduras marca ‘No lo vuelvo a hacer’.

La mentira vaginal
A ver, la plenitud sexual es personalísima. Y no hay fórmulas para ello. Tendríamos que comenzar por preguntarnos si tenemos sexo como queremos y nuestro cuerpo pide, o como aprendimos que debería ser; como nos enseñaron que te-nía que funcionar.

La más terrible mentira sexual, que ha destrozado millones colchones por generaciones enuncia que:
1. Una mujer al ser penetrada ya está en vía del orgasmo. O sea, que tarde que temprano, cuanto más un hombre introduzca y saque su pene, ella llegará al ansiado clímax; y por lo cual –desde el primer embate- ella debe estremecerse, poner los ojos en blanco y gemir cual estrella porno.

2. Que su vagina es la responsable de que ella salga catapultada como bola de fuego.
Par de mitos que obviamente se traducen en que la contraparte, es decir, el galán en cuestión, para considerarse poderoso, requiera de una estrategia mete-saca duradera y frenética. De no ser así, se considera eyaculador precoz. En tanto, nosotras, nos sentimos las más freaks desde la primera hasta la nonagésima octava ocasión que sentimos un pene deslizarse por nuestra vagina, porque nunca nos surgieron esas reacciones. Tampoco la gemidera que se suponía que tenía que salirnos del alma. Al final, ya no sabemos si hacemos esos ruidillos de manera automática porque nos entrenamos para no parecer unos témpanos insensibles. Pues no y no.

Tu vagina NO es tu órgano sexual. No, no eres rara. La vagina es tu órgano reproductor.

El clítoris es tu órgano vaginas precoces1sexual.

Por lo tanto, si no se estimula, pues el orgasmo no se va a crear por generación espontánea. Y –apréndetelo pero ya- por ende, no necesitas a un tipo dándote mil embates ni dos horas de penetración. Eso, lo único que provoca es que las pocas terminales nerviosas de tu vagina se duerman, literal.

¿Penetraciones breves pero no tanto?
Vale, quieres un término medio. Tampoco te atrae que él apenas esté entrando, ya esté disparando, ¿cierto? Bueno, el tema realmente es el control, no el tiempo. Está en su capacidad para tener control eyaculatorio. Eyacular cuando él quiera requiere de entrenamiento; a solas y contigo. Pero sobre todo, conectarse, sentir. Tiene que romper con la idea de que todo está en que dure. ¿Cómo? Tiene que autoerotizarse y dejar de masturbarse, o sea, dejar de tirar de su pene como si fuera la liana de Tarzán a toda fuerza y rapidito para eyacular, también rapidito; porque lo único que hace es crear un reflejo de su cerebro: estímulo, igual a disparo.

Deja que tu vagina hable
Tu sexualidad no es accesoria de la de tu galán. No estás ahí para ser la depositaria de su pene, o para que él se masturbe con tu vagina. Si necesitas otras estrategias y penetraciones cortas, pero profundas, rítmicas, suaves, lentas o de menos a más, dí-ce-lo.

Prueba montarte en él y dejar que lentamente te penetre en tanto tú presionas su pene con los músculos de tu vagina. Lleva el ritmo y pídele que te estimule manualmente por fuera o que incluso utilice un juguete pequeño que vibre sobre tu clítoris, prueba con un anillo vibrador como los que crean las marcas de condones, sólo tiene que sostenerlo del aro y dejar que la balita vibradora trabaje sobre ti. Además dichas balas estás cubiertas por silicona con protuberancias que hacen el masaje más intenso: de-li-cio-so. ¡Ah!, no olviden lubricarlo. Balancea tu cadera y verás que ese pum-pum-pum de antes era cosa de principiantes. Esta dinámica, además de cambiarte la vida sexual al 100, va a ser de enorme ayuda para que él realmente se conecte con la sensibilidad de su pene; para que reconozca su capacidad para controlar o manipular sus tiempos de eyaculación. Verás que quizás tenías toda la vida teniendo sexo sin escuchar a tu cuerpo. Disfrútalo que para eso lo tienes.

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