Si la antigüedad de los juguetes sexuales fuera de conocimiento popular, las opiniones que generan serían más positivas. Los objetos para estimular genitales datan de unos 2500 años. Los antiguos romanos, egipcios y griegos convivían con su uso, era común tener a la mano los olisbos, formas fálicas hechas de madera que se lubricaban con aceite de oliva. Incluso el origen de la palabra dildo implica su fin, viene del italiano diletto que significa delicia o satisfacción. Siglos después, para 1880, un accidente médico dio vida a los vibradores. El Dr. Joseph Mortimer, buscando curar lo que llamaban histeria femenina –caracterizada por insomnio, nerviosismo y excesiva lubricación vaginal- desarrolló una máquina eléctrica que daba masaje médico a la vulva. Su invento provocaba algo que nombró paroxismo (creían que las mujeres éramos incapaces de tener orgasmos) mismo que calmaba a sus pacientes. Y se convirtió en un dispositivo de uso doméstico, incluso ofrecido en los catálogos de Sears Roebuck. Pero con el surgimiento del cine porno en los años 20, donde mostraban mujeres utilizándolo de forma ‘lasciva’ fue prohibido. Hubo intentos de rescatarlo, en 1949, el manual sexual ‘El Goce Amoroso en el Matrimonio’ sugería su uso en pareja.

Por otro lado, los antecesores de otros juguetes también datan de añejos tiempos: antiguos manuscritos chinos muestran hombres que se ataban una seda a la base del pene para mantener la erección –lo que hoy hacen los anillos y aros- y los llamados ‘erizos’, eran círculos de finas plumas que además acariciaban la vulva de la mujer al contacto.

Con seguridad lo primero que están pensando es ‘¿Por qué habría de interesarme?’ Bueno, de acuerdo a múltiples estudios, entre ellos los de la Dra. Laura Berman, profesora en ginecología, obstetricia y psiquiatría de la Universidad del Noroeste, las mujeres que utilizan artefactos de ‘ayuda’ sexual experimentan mayores niveles de satisfacción y funcionalidad con sus parejas en un 60% comparadas con las no usuarias. Eso incluye mayor deseo, excitación y menor dolor pre y post coital. Esto último ya que ejercitan sus músculos pubococcígeos, pélvicos y vaginales con más efectividad. En correlación directa, reportan gran facilidad para llegar al orgasmo. Pero sobre todo, identifican estas ‘ayudas’ como complementos de su relación, no como sustituto de ésta.
La Dra. Berman, sugiere comenzar a solas, familiarizarte. Afirma ‘Las mujeres que alguna vez han utilizado un juguete sexual, se sienten más cómodas y confiadas al compartirlo con su pareja. Conocer el funcionamiento y las sensaciones que recibirán, les permite crear un ambiente de mayor comprensión para él’. Sí, eso significa masturbarse.

En pareja, incluir juguetes sexuales, abre una puerta a la necesaria experiencia de compartir e investigar juntos; explorar gustos y darle variabilidad a los encuentros. Muchos de los expertos en terapia de pareja, sugieren los juguetes sexuales como un modo lúdico de recrear situaciones, dar rienda suelta a las fantasías y aprender a manejar la intimidad fuera de la rutina.

La sexóloga y terapeuta de pareja, Lina Pérez Cerqueda, comena que ‘Existe una gran variedad de formas para expresar el erotismo y disfrutar. Son muchas las prácticas y manifestaciones que abarca nuestra capacidad de dar y recibir placer. Lo importante es aplicar la ‘triple regla de oro’: está bien para mí y no me hago daño, está bien para mi pareja y no le genera daño; y no hacemos daño a otros’.

Claro, la incógnita es ‘¿Cómo le pido a él que entre al juego?’. No sobrestimes su reacción. Muchos y muchas guardan fantasías sobre el uso de juguetes. Sin embargo, algunos podrían remilgar. Falsamente los ven como un competidor o lo traducen como ‘no te soy suficiente’.

Muchos de los ejercicios de pareja que se sugieren, consisten en utilizar un juguete para estimular a la mujer y así quitarle la carga o el peso al desempeño de los genitales del hombre. Esa ‘mano extra’ les permite relajarse sin tener la presión de una erección o un deseo eyaculatorio que deben controlar. Todo se traduce en eficiencia.

¿Por dónde comenzar? A solas o en pareja, acá algunas sugerencias:

 

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