Uno de los peores mitos de la sexualidad alega que “la primera vez duele o debe doler”, habrá sangre y pudieras terminar caminando como charrito por semanas. Muchas chicas, por ende, llegan a esa primera ocasión en que serán penetradas con miedo y más dudas que ganas. Más que una poderosa convicción de ser merecedoras de ese momento de descubrimiento absoluto y de empoderamiento y pertenencia de sus genitales; mismo que debieron elegir con plena responsabilidad y consciencia. Hope so.

El proceso esperado y casi obvio (aunque en sexualidad nunca podemos generalizar), es que previamente hayan tenido experiencias eróticas (de contacto), de exploración y autoexploración. Este último IM-POR-TAN-TÍ-SI-MO. Porque precisamente a partir de las prácticas autoeróticas (masturbación, vaya), ellas mismas descubrieron y exploraron sus mapas de reflejos eróticos. O sea, qué les gusta y cómo; y en especial, qué zonas de estimulación en su vulva y puntualmente en el clitoris les permite o las acerca al orgasmo. 

De ese modo, a través de ese valioso empoderamiento, no llegar (como muchas otras han llegado) a su primera vez a que el chico en cuestión les muestre lo que TIENE que gustarles. Esa es tu primera responsabilidad antes de lanzarte a tener sexo.

Claro, en este mundo sexofóbico y desinformado, la mayoría terminó sorprendida y sin saber ‘si era normal’ que su boca se llenara de saliva, que su vulva se humedeciera, que percibieran contracciones uterinas, una ingurgitación de su clítoris o erección de sus pezones. Precisamente porque no se autoexploraron. 

Pero llega el día, quizás planeado, cuando el mismo deseo, el morbo, la presión o hasta la rebeldía (ya veremos cada caso), las llevó a decir este es ¡Eeeeel DÍA en que ‘dejaré de ser virgen’!: cosa igualmente subjetiva porque pudieron previamente ya ser penetradas vía rectal (muy común hoy para mantenerse ‘vírgenes’), incurrido en sexo oral o en clittage (roces de vulva contra pene). O bien, ya han sido estimuladas manualmente en la vulva. Cada quien el valor que le da a esa poderosa y casi hilarante palabreja, ‘Virginidad’. Sólo les pido recordar, por favor que ustedes son mucho más que un himen y que su valor no está en su ‘virginidad’. Por favor, saben que son un universo multidimensional perfecto y hermoso. Nunca permitan que nadie las convenza de lo contrario.

Pero bueno, entonces, llegan ‘al matadero’, convencidas de que dolerá. Desde ahí ya comenzamos mal. Recuerden el poder irrefutable de la respuesta sensorial motivada por razones psicológicas. Si tú crees y enviaste la señal de que habrá dolor, es muy probable que se haga presente. El estímulo abarca una serie de órdenes, entre ellas, la emocional.

Luego, viene la confirmación práctica. Ahí tienen a la adolescente (por lo general. Nuestra edad actual promedio de debut está entre los 14 y los 17 años), con dicha carga emocional que la tiene no sólo nerviosa, sino temerosa. E, igualmente con gran probabilidad, en efecto sea doloroso. Una más que se une a la cifra  y que remitirá el mito: ‘Duele’.

Los nervios, esa mezcla de ‘Sí quiero pero no’, de ilusión, vulnerabilidad, excitación ante lo desconocido es normalísima; incluso rica,  es justo de lo más memorable de la experiencia: esa sensación que pocas veces repetimos en nuestra historia y repertorios sexuales. 

Se activan las mismas porciones cerebrales que, por ejemplo, cuando te vas a aventar de un bongie o te vas a trepar a la montaña rusa más ruda del parque de diversiones, entonces el cuerpo se protege, se contrae y alerta contra lo que tú emocionalmente le vendes como ‘peligro’. Y, claro, hay una contracción obvia de la zona pélvica, de los músculos pubococcígeos, del suelo pélvico. La vagina, por lo tanto se cierra. Asimismo, las glándulas no responden del mismo modo y justo las que promueven la lubricación, no responderán al cien.

Por ello muchas no se explican porqué si están excitadas o si en otras ocasiones habían notado su vulva empapada, ahora está seca, se-ca. Por lógica, ante la contracción uterina y del vestíbulo vaginal, aunado a la poca lubricación, en cuanto el querido compañero intente penetrar, aunque sea poco a poco o ‘despacito’, duele; arde.

Pero no se me alarmen queridas encaminadas a iniciar sus primeros encuentros sexuales, o bien, aquellas que ya se acostumbraron a que duela al principio y que pueden hasta llevar años de haber debutado. Hay ciertos ‘trucos’ que desmitifican este asunto.

De inicio, hay que conocer el cuerpo y no sólo teóricamente. Los músculos de una virgen están rígidos, porque dudo mucho que su madre les haya dicho desde la pubertad que debían hacer kegels (en este otro posts se los explico).

A falta de movilidad de dicho músculo, están ‘atrofiados’, nuevos. Hay que darles tonicidad, eso desde ahora les proporcionará miles de beneficios de por vida. Hagan contracciones ano-vaginales cada que se acuerden, al menos una serie de 10. Precisamente cuando estén en los prolegómenos, o sea, el faje o foreplay, prueben hacerlas en tanto erotizan otras zonas con su pareja. Estas contracciones enviarán más sangre a la zona pélvica (proceso circulatorio) y exacerbarán su capacidad de sentir los estímulos. Recuerden que el clítoris se erecta a base de sangre enviada a la zona. Incluso, se experimenta una mayor sensación de excitación (hay quien llega al orgasmo haciendo contracciones). Esto, comenzará a relajar la zona pélvica y el vestíbulo o entrada de su vagina, al tiempo que se promoverá una mejor lubricación.

Luego, pídanle a su pareja (ojo señores y esto va para todos aunque su chava no sea virgen) que -como ya hemos repetido hasta el cansancio aquí- comiencen por erotizar todas las zonas lejanas a la pelvis. Mucho beso, caricias, roces desde la cabeza, el abdomen, las piernas, sobre todo en la entrepierna donde hay un punto reflexológico o sea conexión sensorial con el clitoris. Y ya bien ‘trabajadas’, entonces se lancen hacia la vulva. 

Si su lubricación no es la adecuada, o sea si al tocar se siente seca aún, pueden poner en sus dedos lubricante con base de agua o ya de menos, algo de saliva, y masajeen comenzando por los labios mayores, a los menores, el clítoris y con el dedo índice húmedo y apenas un par de falanges, penetren la vagina, presionando con las yemas el vestíbulo hacia abajo, con dirección al perineo. Como si los dedos acolchonaran subiendo y bajando con mucha suavidad. Entonces relajarán aún más la vagina.

Siempre y cuando estén listas, se sientan listas, excitadas, seguras, confiadas, amadas, y un largo etcétera, colóquense en una postura que les permita controlar la entrada del pene, como montadas sobre la pelvis de él. La mayoría elige por primera vez el Misionero, el cual le deja todo el control de la penetración a él, ¡error!

La que debe de medir la penetración eres tú, tú eres la que siente hasta dónde es cómodo. Antes, claro,  se ASEGURAN que se haya colocado un condón correctamente y -de preferencia- le haya colocado encima al condón (puesto) unas gotas de lubricante con base de agua,  y vayan permitiendo la entrada del pene a su vagina poco a poco. Deslizando su cadera. Si comienza a doler, regresen en el camino, sigan estimulando y relajando. Sin presión, con paciencia.

La sensación puede no ser ultra placentera de inicio pero tampoco debe doler, no y no. Y relájense, quítense -ambos- esa idea vendida del porno de que una mujer en cuanto es penetrada grita de placer, se estremece y llega al orgasmo. Desde ahora hay que tener claro que la vía hacia el orgasmo NO es la penetración. Si no estimulan su clítoris manual u oralmente, no habrá clímax; porque ese es el órgano que no lleva hacia el orgasmo; no la vagina. Aquí más info sobre el CLÍTORIS.

Al tiempo de estos primeros intentos de embate, o de entrada del pene, acaricien el clítoris lubricado, incrementen la excitación. Para esos segundos en que ya ‘va a entrar’, los nervios pueden aumentar así que respiren, lento, dejen salir el aire por su boca como un soplido lento o desde su glotis (quien hace yoga, sabe a qué me refiero; es sacar el aire haciendo sonar la garganta); y permítanse sentir el resto de los estímulos.

Cuando sientan que el pene ha entrado por completo, no se avienten a querer embatir la vagina como en peli porno. Ustedes chavas, muevan su cadera hacia distintas direcciones, lentamente hasta que vayan midiendo qué roces les causan más placer. La experiencia de sentir por primera vez un pene llenando su vagina merece que se den espacio para observar sus sensaciones, o bueno sentirlas, valga la redundancia. No se trata de pensar sino de sentir.

Entonces, él podrá entrar en acción y embatir o mover su cadera para masajear la vagina con su pene. No hay que olvidar, que aunque no sea la primera vez de él, estará nervioso y también tendrá que trabajar sus sensaciones (en el video de abajo también platico sobre la primera vez de ellos), así que compartan, permítanse de expresar lo que están percibiendo; ambos. También, importante, que -pese a que es muy probable que él esté acostumbrado a masturbarse dando tremendos estímulos rápidos y fuertes-  realice de inicio con embates a la vagina suaves, dulces. Están empezando. No abusen. 

El asunto del himen, también es un apartado. No todas tienen himen, no todas lo tienen  y el de muchas es flexible. Algunas lo tienen rígido y por lo tanto al primer embate, se romperá y es probable que salga un poco de sangre. No todas sangrarán. Hay tantas y tantas formas del himen así como distintas flexibilidades en esta membrana, que es imposible saber cuál será el tuyo hasta ese momento. La forma como tal no es lo que interesa en este momento, pero cuanto más rígido sea, aumentan las probabilidades de que traspasarlo requiera más presión. Por lo tanto, más lubricación y más relajación del grupo muscular. Sobre todo, para evitar romper el condón. Si así fuera y sangran un poco, no se angustien, serán unas gotas, no crean que va a crearse ahí una marea roja. Es la sangre del rompimiento de la membrana, la vagina no es la que sangra. Relax.

Una vez que el pene esté a profundidad, o sea estén pelvis contra pelvis, también es muy recomendable, que el pene inserto y con las caderas  inmóviles, él o tú, manualmente estimulen el clítoris y traten de que llegues al orgasmo de esa manera, también fomentará que la experiencia se enriquezca. Recuerden, de nuevo, que la concentración de terminales nerviosas en la vagina son muchísimo menores que en el clítoris y 7 de cada 10 mujeres NO logran el orgasmo por simple penetración. Entonces, si no llegan al orgasmo a pesar de ser embatidas por el pene un largo rato, no se angustien. Están empezando. Traten de conseguirlo por estimulación clitoridiana mientras son penetradas o con el pene sólo inserto pero no en movimiento.

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