Una de las situaciones que más han dado tela de dónde cortar a novelistas, poetas y guionistas: la separación de dos personas que se aman profundamente pero que las condiciones de sus vidas y decisiones obligan a separarse. Desde brujas y seres envidiosos, guerras, mentiras crueles, hasta viajes en el tiempo. Por lo general representa un guacatazo ‘marca llorarás’. Porque la separación no es concebida por falta de amor, por fracturas emocionales o incapacidad para convivir.

Por lo general queda una herida abierta por muchos años. Quizás casi todos los seres humanos necesitemos de una razón rencorosa, casi un cataclismo para dejar ir a una persona por la que alguna vez fuimos capaces de ‘dar un riñón’. Pero en estos casos no es así y uno se despide en el aeropuerto, estación del tren o en plena calle llorando y sollozando con la cochina duda de si se volverán a ver, si debes esperar a tu amor como Florentino de ‘El amor en los tiempos del cólera’, o si debes comenzar a pensar en sanarte y buscar un nuevo amor. Aún así, precisamente por esa separación sin causa amorosa, quizás pases toda tu vida recordando a esa persona con una nostalgia especial. Y nunca falta los que realmente se obsesionan al grado de canonizar emocionalmente a ese amor perdido.

Los terapeutas aconsejarán ‘dejar ir esa emoción’, analizar qué generaba en nosotros esa persona que ahora vemos perdido y que no es la persona como tal sino una parte de nosotros que está agonizando, los freudianos también apelarán a que encontremos la relación de nuestros progenitores con ese dolor. El caso es que duele hasta el tuétano. ¿Y cuando se está en dicha situación? Cuando la distancia es la causa del término y tenemos que aceptar que la larga distancia no nos funcionó (hay quienes se adaptan a ella) y no queda más que asumir el fregadazo.

Realmente no hay consejos exactos para estos casos, sólo dejar ir a la persona y confiar, tener fe. Saber que debemos ponernos un plazo sano para esperar y si con la cabeza fría que nos dará un  buen tiempo separados, analizamos que no hay realmente mucho qué esperar, instarnos a despedirnos emocionalmente de la situación. Uno puede culpar a la mala suerte, maldecir, despotricar pero cuando el final es inminente, no queda más que aceptarlo. Bien dicen que no nos enamoramos de nadie sino de nosotros mismos cuando estamos con esa persona, nosotros creamos el espejismo o la realidad gozosa. Y sabemos, que al evolucionar podemos enamorarnos de nuevo de nosotros insertados en la vida de alguien nuevo, o dejándolo insertarse en la nuestra (sin albur). Pero siempre será necesario permitirnos doler (de duelo), cicatrizar, sanar y darnos el permiso del desapego para dejar ir. Antes.

Y claro, comprender lo que nos está sucediendo a nivel cerebral. Cuando depositamos toda nuestra obsesión en alguien que no nos corresponde, el cerebro no detendrá su curso ‘enamoratorio’. De hecho, se acrecienta cuando somos rechazados o terminamos en ese momento de enamoramiento. Por ello no podemos sólo olvidar y seguir con nuestra vida. El sistema de recompensa cerebral que nos insta al deseo, la ansiedad, el apego está más activo que si hubiéramos permanecido juntos, debido a que no puede obtener su dosis. El dolor será intenso por el síndrome de abstinencia.

Por ello, podemos permanecer enamorados de alguien por más tiempo que si hubiéramos tenido la ‘buena suerte’ de empatar. Porque seguimos enamorados de la distorsión de la realidad que creamos, nunca cayeron los velos.
No entres en pánico, eso también pasará. Tu cerebro se defenderá, se hará resistente a esas sustancias y la ansiedad irá desapareciendo? Dense tiempo.

Por otro lado, están las relaciones profundamente lastimadas, en donde hubo violencia, control, celotipia y mil rasgos de terrorismo emocional. Esas relaciones revientan por alguna razón o algunas de las partes pero hay amor. Sí, la sociedad nos ha enseñado que el amor real debe ser perfecto y rosa. Pero también en las relaciones incluso de abuso hay amor. Ahora -y ahí viene lo complejo- ¿cómo se construyó ese amor? 

Cada uno poseemos un mapa mental que se imprimió desde niños en nuestra cabeza respecto a la idea del amor (LoveMaps, John Money). Y si crecimos viendo que amor significaban celos, escándalos, gritos, angustia, celos; mismo que se fueron desarrollando en nuestra cabeza porque así nos enseñaron (desde nuestros padres hasta las telenovelas), ese mismo patrón buscaremos una y otra vez hasta que lo conscienticemos y decidamos trabajar en ello. “Cada cual tiene la pareja que cree merecer”. No hay víctimas. 

Es así que decidimos terminar una relación fracturada por nuestro buen y por nuestra consciencia de que hemos estado buscando con base en nuestro mapa o idea del amor totalmente infectada de terrorismo emocional, y ese es un enorme avance. Porque a veces dejar ir es el mejor regalo y muestra de amor a esa pareja. Aunque no por ello quiere decir que se haya acabado el amor. 

El amor y la manera en cómo lo construimos no es suficiente. Nuestra idea del amor suele provenir de muchas creencias limitantes.  Y por lo tanto atraeremos al tipo de pareja que creemos merecer. Tenemos que trabajar en nuestro merecimiento y en la reconstrucción de esa idea que tenemos del amor.

¿Les ha pasado? ¿Cuál fue su experiencia?

 

Les dejo un video sobre cómo olvidar a tu ex:

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