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Las reglas del "sexo sin amor". Porque es tan válido como "el amor sin sexo" - El blog de Elsy Reyes

Seguir dudando de la validez del “sexo sin amor”, sería como poner en tela de juicio al amor sin sexo; el cual, claro como no tiene un contexto tan satanizado se ve desde un cristal muy distinto. Se dice, “esa pareja ya no tiene sexo, pero se ama. Están en una etapa distinta, lo importante es que ahí hay amor”; o el clásico “Se aman tanto que han decidido esperar”. Y se le supone una superioridad indiscutible por encima del sexo falto de vínculo emocional. Sin embargo ambas expresiones son igualmente válidas y ninguna posee una elevación en la ética, la evolución o la inteligencia emocional. Aunque siempre, hay matices. Y a eso vamos.

Hemos insertado en nuestros cables hasta el cansancio, a nivel cultural, sociológico, psicológico, que el sexo y el amor, deben coexistir. Y que el primero sólo encuentra una validación en la presencia del otro; de no ser así cae en la temida manifestación de lo carnal, lo oscuro y el “vil” instinto animal.

Sin embargo, ambos constructos son dos procesos, de hecho, fisiológicos y neurobiológicos distintos. Pero los confundimos o nos obsesionamos (para calmar las ansias de culpa y el juicio social) con mezclarles; unificarles. Hay una distancia amplia entre desear, sentirse atraído y hasta químicamente enamorado de alguien y, amarle. Estar enamorado NO es lo mismo que amar.

El ‘amor real’, la eugamia vendrá -probablemente- tras un proceso de transacciones emocionales, sociales, culturales, económicas (si, no es tan rosa como queremos creernos), de estilo de vida, de afinidades, gustos, mapas, estrategias; entre ellas –obviamente- las erótico-sexuales. Y con el tiempo de convivencia.

So, elegir crear una dinámica o estilo de vida con una o más personas con las que se tiene exclusivamente contacto sexual: un fuck buddy, un ‘amante’, un ‘compañero de colchón’ es un absoluto derecho con la misma validez que querer crear un noviazgo con todas sus implicaciones de exclusividades, lealtades y monogamia.

Eso, no es necesariamente síntoma de miedo al compromiso, de incapacidad para crear relaciones con obligaciones o responsabilidades o de inmadurez, tampoco de falta de inteligencia emocional. Simplemente son personas que reconocen que viven una etapa (en ocasiones bastante extensa) en la que no tienen un interés en estructurar una relación con lazos. Y no siempre hay carencia de sentimientos, pero sí de dinámicas que les vinculen. O el intento de.

Tampoco es una cuestión exclusiva de géneros ni de preferencias genéricas. Se cree que los hombres son más tendenciosos a ello. Y bueno, podemos deducir que hay  ciertas ‘facilidades’; una cultural y otra fisiológica. Y no es (ya sacúdanse los mitos) porque tengan mayor necesidad de variedad, o posean mayores deseos o impulsos sexuales, sino porque sus hemisferios cerebrales al tener mayor capacidad para ser usados de manera separada, no entrecruzan información mezclando los contextos del deseo con los sentimientos románticos. Ni producen tanta oxitocina (neurohormona que genera apego emocional) como nosotras. Pero tampoco están exentos de caer enamorados o –con el tiempo- amar a alguien con quien sólo tenían una dinámica sexual.

Así, también nosotras somos perfectamente capaces de reconocer que un hombre es un excelente compañero sexual pero dista muchísimo de ser la persona con la que podríamos mantener una relación del día a día; lo que concebimos o sabemos que merecemos como pareja ‘estable’.

Y aquellos que tienen esas prácticas y conductas muy ortodoxas tienen reglas como no andarse con cariñitos, evitar contarse las vidas, verse fuera del sitio en donde normalmente tienen relaciones sexuales y no se integran a los círculos del otro; impiden cualquier creación de vínculo. Y no por ello están deslindado por completo del bienestar de esa persona. Sí, le importa, pero no se permiten –por el bien común- romper el espacio de intimidad que han construido a través de ingredientes meramente sexuales.

Ahora, como en todo, debe haber elementos que le den no sólo simpleza de ejecución sino validez; que cumpla con la regla del consenso y la protección física y emocional de las dos partes. Porque en el momento en el que uno puede salir con el corazón y el ego hecho papilla, ya la cosa se empezó a torcer. Por lo que…

  1. El consenso, ab-so-lu-to y por ambas partes es indiscutible. Con que uno de los dos se integre a la práctica con sentimientos previos o la ‘esperanza’ de que con el tiempo el otro le elegirá como pareja; o sea, le dé ‘el título’, ya se amoló la cosa.
  2. Riesgos. Inteligencia para definir con quién. Si, por ejemplo, un par de amigos o colegas que deben mantener contacto diario deciden entrar en esta dinámica, deben saber que hay un riesgo grande de involucrarse emocionalmente por el trato diario, o porque desde antes ya hay elementos afectivos.
  3. Honestidad; aclaración y negociación PREVIAS. Esto implica que el asunto se deja clarito desde antes del primer encuentro o máximo previo al subsecuente encuentro (si el primero fuese demasiado casual, o sea no hubo tiempo ni de aclarar de qué iba) porque de no hacerlo, alguna de las partes pudiera creer que hay un interés más allá de las sábanas. Ahí hemos estado muchos cuando recibimos esa segunda llamada jurando que el tema ya va de boda.
  4. Ética. Y que aquí hay varios puntos:
  • Le invalida por completo el hecho de que una de las partes le haga creer a la otra que le quiere, le haga promesas y le baje el cielo y las estrellas, para poder bajarle los calzones.
  • Si no hay exclusividad, o sea, tienen o están abiertos a más contactos sexuales (con otras personas, obvio), así como si se tiene pareja socialmente expuesta, se debe expresar y con todas sus letras. Y aquí no hay acuerdos tácitos, todo bien, bien expreso. Todos tenemos libre albedrío y ya sabremos si aceptamos o no. Pero se convierte en una responsabilidad personal.
  • NADIE debe salir lastimado. Ni terceras personas. Esa es una de las máximas responsabilidades.
  • Debe haber un cuidado ABSOLUTO de la salud del otro, así como prevención. Uso de anticonceptivos, condón, monitoreos y enterar a la otra parte si hubieran infecciones de transmisión sexual.
  • Cuidado EXTREMO en la privacidad de su relación, eso implica evitar compartir chismes, confesiones a los amigos, fotografías, vídeos, andar dejando rastros en redes sociales (likes, follows, comentarios y stalkeo) que pudieran romper con el espacio de intimidad.

5. Términos

Absoluta claridad de sus reacciones. Y si una de las partes detecta que se está involucrando emocionalmente, debe compartirlo así como su decisión de alejarse o mantenerse, dado el hecho. Pero siempre dando conocimiento de ello. Eso de salir huyendo, dejar de contestar llamadas, mensajes o bloquear al otro sólo porque nos aterra darnos cuenta de que nos estamos enamorando o se nos puede complicar la vida, habla de que no estamos listos y/o ese tipo de dinámicas/prácticas no son para notros. En el momento en que te largas sin explicación o comienzas a hacer trucos sucios para que el otro se aleje, envías el mensaje equivocado: la otra parte se sentirá usada y desechada, no suficiente, no merecedora y una lista de dolorones. Y que no se trata de despertarle demonios a nadie ni dejar heridas a tu paso.

 

Una relación puramente sexual merece –como cualquier noviazgo o matrimonio- tener un cierre digno para ambas partes, con armonía, agradecimiento por todo lo que descubrimos en nosotros mismos, lo que exploramos y las lecciones integradas. Sabiendo que una vez que dejamos de ser espejo (sexual-emocional) del otro, el aprendizaje terminó y podemos dejarle ir. Aunque a veces cueste igual que dejar ir una relación donde sí hubo vínculo emocional esperado.

 

Al final, ambos compartieron su sexualidad, sus cuerpos y vulnerabilidades. Se dejaron entrar en el espacio del otro y eso siempre merece –y sin excepción- agradecer.

 

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