¿Recuerdan la primera vez que dieron o recibieron sexo oral? Culturalmente, es una práctica que ha recorrido un largo camino. El cunnilingus y el fellatio, presentes desde la sexualidad greco romana y del Oriente antiguo, evidentemente son y pueden seguir siendo ‘castigados’ por ciertas visiones occidentales debido a que no implican como fin la procreación. Y sabemos que -en teoría- todo contacto sexual que no tenga dicho fin es aún visto -por algunos grupos/religiones/ideologías-  digamos, no permitido o no sugerido; no deseado. En ocasiones ni siquiera se le concibe: hace poco más de tres años entrevisté a un sacerdote católico sobre prácticas sexuales y me contestó que ni siquiera se discutía si era o no ‘permitido’ ya que simplemente no tenía razón de ser; que la boca no era un ‘orificio sexual’. Pero, la historia nos ha demostrado que lo puede ser; y lo es.

Hay visiones que afirman que es instintivo, no aprendido ni heredado del porno o de las largas pláticas adolescentes donde nos ‘enterábamos’ de nuestras potencialidades sexuales. Dichas opiniones figuran que como parte de la erótica, las caricias orales en todo el cuerpo, donde intervienen besar, chupar, lamer, succionar; que se dan de manera inconsciente conforme se eleva la temperatura: que irremediablemente nos llevarán instintivamente a estimular los órganos sexuales con la boca.

Claro, entonces interviene la ‘mesura’ cultural. Habrán y hay muchas personas que cuando su cara se acerca a dicha zona, evitan dar el estímulo o piden no ser estimulados porque les causa asco, vergüenza o sienten que están incurriendo en algo prohibido. No hace mucho, al menos antes de los revolucionarios años 60, el sexo oral era prácticamente inconcebible en un matrimonio. A una mujer ‘buena y de su casa’ no se le podía pedir ‘tremenda cosa’. Y solía ser un arte más propio del trabajo sexual. 

Pero hoy la ‘tremenda cosa’ ha cambiado mucho. Incluso al grado de comprometer la capacidad para intimar. El sexo oral para muchos requiere alto grado de intimidad.  

Para otros era parte del faje (foreplay), es decir de cualquier acercamiento erótico con un ligue o con alguien con quien se ‘está saliendo’ y que tenía un valor mucho menor al coito. El coito, lo que se llamaba coito, debía ser sólo para cuando ‘ya amas’ a alguien. 

Un estudio de los  Centers for Disease Control and Prevention y la National Campaign to Prevent Teen Pregnancy en EU, indican que actualmente mientras que para los adultos el sexo oral es un acto muy exclusivo de la pareja estable y de alta intimidad, para los adolescentes es un acto casual, visto como ‘no sexo’.

Más de la mitad de los jóvenes entre 15 y 19 años han tenido sexo oral mientras que los porcentajes de quienes han tenido coito es menor. Las causas obvias, porque lo ven como una oportunidad de tener contacto y llegar al orgasmo sin riesgo de embarazo y perciben que hay mucho menor riesgo de contraer una ITS o VIH. Y, pese al supuesto liberalismo que se vive, se mantiene la virginidad. O bueno, el himen, porque ‘virginidad’ es subjetivo; ‘virginidad técnica’, digamos; término que el estudio sugiere. Muchos de sus entrevistados , incluso comentaron que ni siquiera era necesario tener una relación de noviazgo, o sea era una práctica de tipo free, amigovios o entre cuates que de repente se dan chance de darse favores sexuales. Asimismo común del ligue y el contacto casual.

El meollo está en cómo estamos construyendo hoy la intimidad. Una encuesta muy parecida de la Universidad de Minnesota arrojó resultados muy similares: 74%  de su muestra (jóvenes de 16 a 20 años) dijeron que el sexo oral no es sexo, es una acto recreativo, comparable con besar. Es un escalón abajo del ‘sexo completo’. Según uno de sus autores, Andrew Collins, esta ‘nueva’ percepción impide a las actuales generaciones crear intimidad, o sea, muchas prácticas que hoy se establecen como casuales y que en tiempos pasados eran constructoras de vínculos importantes en una pareja están comprometiendo la capacidad para integrar ingredientes clave que permitan una relación de pareja duradera. Generar intimidad en una pareja, en algo que nos damos exclusivamente, que reservamos con celo para alguien; es imperativo en la edificación de una relación. ¿Estamos perdiendo eso?

¿Cómo perciben ustedes el sexo oral? ¿Es algo ‘casual’? ¿Más ‘leve’ que el coito? ¿Requiere de un compromiso? ¿Es más importante que el coito, debe surgir después del mismo? ¿Lo prefieren por evitarse embarzos? (porque de ITS no están eximidos) ¿Lo consideran innecesario o inadecuado o pecaminoso?

 

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