La comunicación sexual pasiva. Un concepto básico que soporta toneladas de realidad y que puede ser tan sutil, tan invisible que pensamos que está presente en nuestra vida de pareja, cuando quizás ya lo exiliamos hace años.  Y aunque suene ilógico es mucho más activa de lo que creemos.

Esa base de comunicación ‘pasiva’ consiste en escuchar y entender. Escuchar tanto como sea necesario hasta comprender a la contraparte. Por lo regular tenemos un concepto de comunicación sexual basado en hablar, en expresar y todo tipo de literatura nos insta a abrir la boca, desde cómo comenzar y cómo elegir el lugar y momento idóneos para dejar correr nuestro verbo (que cabe recordar que en términos de asuntos de cama, esta misma es el escenario menos adecuado. Principalmente antes o después de tener sexo). Sin embargo, no comprendemos que los cimientos de la expresión sexual verbal está en prestar todo oído, todo tímpano y atención consciente al sentir, desear o temer de nuestra pareja o compañero sexual. Damos por hecho que aquello que a nosotros nos angustia, o causa placer encaja con las percepciones de ella.

Entonces aquí vamos con la vieja dinámica pre establecida a intentar comprendernos como amantes. A hablar, y decir, extender frases y palabras hasta que creemos que ya está y que con esa letanía iremos hacia un mejor rumbo en nuestro diseño amatorio. “Yo ya se lo dije, se lo he pedido de todas las maneras pero seguimos con las mismas fallas”, ¿cuántas veces no hemos dicho eso? O, ya fastidiados de esas numerosas ocasiones un día nos cachamos diciendo “Así es y no va a cambiar. O la amo como es, o me busco otra. Ya está”. Nos llenamos la boca diciendo, “Yo me comunico”. Lo cierto es que ahí nunca ha habido comunicación porque ninguno de los dos prestó sus orejas, sólo su expresión verbal. Porque es la parte más complicada.

Obvio, como todo circuito requerirá que uno hable pero se genera un cambio vertebral cuando decides ENTENDER. Esa, es otra, no sólo dejar hablar sino de verdad querer entender como si trataras de revelarte el silogismo más complejo de la historia. Como si sus palabras fueran un axioma, es real y evidente porque es lo que siente. El que no compartas su opinión no quiere decir que su verdad no tenga validez, o que sea falsa. Si está ahí, en su cabezota o emociones, existe. Trata de entenderlo. Y haz preguntas con la misma compasión con la que le pedirías a un niño que te explique la razón de su enojo o de su miedo. Porque todos nos convertimos en niños cuando hablamos de sexo. Necesitamos la misma protección.

Y no te defiendas, no te victimices. Tal vez tu pareja sexual dirá cosas que te vulneren pero trata de entender qué es lo que siente, no lo que te está haciendo sentir con sus palabras. Y tómate tanto tiempo para entender como sea necesario. No salgas de la plática hasta que tengas claras sus expectativas.

Comprendo, estás abierto a escuchar, pero la otra parte es una tumba. Ok, de nuevo, compasión como si fuera un niño. Haz preguntas simples con respecto a eso que estás detectando que no está funcionando en su vida sexual. ¿Qué sientes? ¿Qué necesitas? ¿Qué puedo hacer? Da soluciones. No comiences a plantear un conflicto, nunca comiences con “Creo que esto no está funcionando, ¿qué hacemos?”. Nunca. Es probable que se defienda y diga que todo está bien y que si el que se queja eres tú, la bronca es tuya. De nuevo, compasión.

Y si eres tú quien habla, comienza por hacerte responsable. No sólo porque cada quien es responsable de su propio placer, de su erótica y de su capacidad para orgasmar (siento decirles que nadie tiene porqué hacer esto por ustedes). Sino porque en ese orden podrás hacerte escuchar y crear complicidad está la INTIMIDAD.

Simple. Bases pero sin ellas, todo lo de arriba se tambaleará hasta caer como una torre de jenga. Escuchen, sentido del oído, sentido de erótica. Escuchar es erotismo y cuando nos sentimos entendidos aunque nuestro discurso haya comenzado como una bola de confusiones, terminamos por entendernos en ese camino de hablar y saber a la otra parte dispuesta hasta entender. Eso es dar.

Y aplica no sólo a los asuntos amatorios en términos sexuales sino a cualquier conflicto de la ‘carrera’ de ser pareja.

Ahí les encargo sus orejas y su mente abierta.

“APRENDE A ESUCHAR. DEBAJO DE CADA PALABRA, HAY OTRAS PALABRAS”. Alejandro Jodorowsky

 

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