Sí los has tenido. Esa oleada placentera ha recorrido tus genitales y se extendido por tu cuerpo. Pero el clímax pareciera un misterio, en ocasiones es intenso pero fugaz, en otras tan extenso y profundo que podrías preservar la sensación en una botella; y hay días claro, en que tardas horas en conseguir que llegue.  Pareciera un fenómeno aleatorio. No lo es. Aprende a conducirlos y activarlos.

Fuera de poesía y romanticismos, el orgasmo es un reflejo; es una respuesta neuromuscular codificada en tu cerebro. Es el resultado de estímulos directos y aferentes en tu mente y genitales. Hoy sabemos, gracias a múltiples investigaciones como las del sexólogo John Money, que el orgasmo sucede al mismo tiempo en el cerebro/mente y en los genitales pélvicos independientemente de su lugar de inicio, pero deben de trabajar en conjunto. O sea, no dependen sólo de ese pedacito de tu cuerpo bajo tu ropa interior.

No importa cuán efectivo sea el estímulo, si tu cabeza lo constriñe, el clímax no se dará. ¿Cómo puedes sabotear algo que anhelas sentir? Con pensamientos desordenados y limitantes. Deja de pensar y comienza a sentir. Conéctate con cada poro, cada área, sabor, olor; con tu erótica de vida. Y no sólo durante o previo al sexo; cada día, ¿qué tanto te permites disfrutar? Desde ahí construyes.

Haz un pequeño ejercicio, te tomará pocos minutos. Ahora mismo, sin importar en dónde estés, siente tus pies. ¿Están dentro un zapato o calcetín, puedes percibir el aire en caso de estar en sandalias? Ahora, siente tus pantorrillas, el contacto de su piel con la tela de tu ropa. No debes tocar, sólo sentir. ¿Puedes sentir tu cuero cabelludo, tu lengua o tu espalda? Esa es conciencia sensorial. Algo que olvidamos hacer. Incluso puedes estar sentada en una postura incomodísima, o estar en total tensión y no lo notas. Y esta es una máxima en el arte del orgasmo, tener conscientes las sensaciones de todo tu cuerpo. El único modo de dejar de pensar o de juzgar en un encuentro sexual, es enfocándonos en sentir. En tu próximo round, ya sea durante los juegos previos o el coito, recorre con la mente cada una de tus zonas –de los pies a la cabeza- y siente, concéntrate en cada una (una a la vez). Descubrirás que toda tu piel es un gran órgano erotizable. Verás la diferencia, la capacidad que tendrás para conectarte con las caricias y el enorme mapa de estímulos que le regalarás a él. Claro, no dejes de permitirte sentir a profundidad aquellas partes que él estimula como tus pezones, nalgas, caderas y genitales. Al centrar tu mente en lo que está ‘recibiendo’, el nivel de sensibilidad aumenta dando paso al placer.

Son diferentes y se sienten diferentes ¿Orgasmos diferentes? Sí, no sólo en términos de calidad sensitiva, o sea en el ‘tipo’ de orgasmo que sientes, además en ocasiones son más intensos, o llegan con fuerza pero duran un suspiro. Otras veces ni siquiera sabes si lo lograste o no. Te preguntarás a qué se debe. De inicio, debes saber que esa maravillosa oleada placentera puede surgir de diversas porciones.

El clítoris es la mayor, en términos de concentración de terminales nerviosas. Este órgano interno y externo (lo que ves al abrir tus labios mayores es sólo la quinta parte de éste: el capuchón y el glande); posee más de 8000 fibras nerviosas y su función es únicamente la de brindar placer, no sirve para nada más. Se conecta con el nervio pudendo, crea un circuito. En tanto, la vagina circula información por el nervio pélvico. Es decir, mandan sus señales por vías distintas. Por ello, cuando llegas al orgasmo por masajes directos al clítoris la sensación es distinta que cuando lo logras por penetración (siendo esta manera la menos frecuentes porque cuenta con mucho menos terminales que el clítoris).

Por otro lado, hay otras partes del cuerpo que pueden conectarte con el orgasmo. Muchas mujeres han reportado llegar al clímax con caricias o succiones en los pezones o a través de sexo anal. ¿Cómo es posible? De nuevo alude a los nervios y las sustancias que se secretan como resultado. El nervio pélvico transmite impulsos nerviosos aferentes (sensitivos) de la vagina, el cérvix, el recto y la vejiga urinaria. Al activarse por vía no genital, por ejemplo, rectal, también puede generar orgasmos tanto en hombres como en mujeres. Igualmente el nervio pélvico se relaciona con la Zona G, o próstata femenina que promueve la eyaculación femenina.

Pero, ¿y los pezones? Bueno, el efecto inductor del orgasmo que tiene la estimulación de las mamas se relaciona con la actividad sensorial de las mismas al proyectarse a ciertas neuronas del encéfalo que forman parte del mismo grupo que recibe la de los genitales. Éstas producen y secretan oxitocina, una neurohormona que nos hace sentir apego, deseo de contacto. Por efecto de la oxitocina y la conexión sensorial se da una respuesta orgásmica. Por lo tanto, tal y como suponías, cuantas más áreas se estimulen simultáneamente, mayor oportunidad tendrás de vivir el orgasmo.

Si él te penetra, pídele que te estimule o estimúlate el clítoris, los pezones, o el ano. Ya sea de manera manual o con juguetes. Ahora vamos con el asunto de la calidad del orgasmo. Todas quisiéramos que durara un gran lapso y siempre pudiéramos sentir cómo si esa energía se extendiera hasta nuestros muslos y abdomen. Pudo sucederte previamente o no, lo puedes conseguir. La clave está en el grupo de estímulos. Y de la pésima costumbre que tenemos de emular películas porno.

Toma nota:

Más es menos

Tu clítoris al ser extremadamente sensible requiere de ‘despertarlo’ poco a poco. Si él (o tú) comienza a frotarlo de manera desenfrenada y de la nada, sus terminales nerviosas ‘se protegerán’ bloqueándose. Por ello, cuanto más fuerte lo succione o masajee, cada vez sentirás menos y tardarás más en llegar. En la desesperación aumentan la potencia del estímulo. Terminas adolorida y sin clímax.

De a poquito

Este maravilloso amigo, el clítoris, debería ser la última porción a estimular de tu vulva. Su erección y sensibilización dependerá de aspectos mentales como la fantasía, la conexión emocional con tu amante, el deseo; y los físicos recibiendo caricias en los labios menores, vestíbulo vaginal y laterales del cacpuchón clitorial. Una vez cumplida esta misión podrán ‘atacar’ el centro, el clítoris. Ya listo para exacerbar todo ese trabajo previo. Eso sí, siempre debe hacerse con a mayor humedad/lubricación posible. Si por cualquier razón tu vulva está seca utiliza lubricante artificial con base de agua. La sensación será perfecta.

Extiéndelo

Ya tienes la clave, al no bloquear –por el contrario- exacerbar las poderosas terminales nerviosas de este órgano, disfrutarás más el proceso. Al grado que lo de menos será la culminación, pero justo cuando más ‘entretenida’ estés con las sensaciones deliciosas, surgirá el gran O. Pero, a diferencia de esas pequeñitas explosiones, será profundo y extensivo. Más de lo que imaginas.

La Sra. Vagina necesita prepararse para su debut en el encuentro amatorio, la vagina requiere ataviarse con relajación y humedad. Pasa algo parecido que con el clítoris en cuanto a terminales nerviosas bloqueadas por sobre estímulo. Pero además, si hay tensión en el grupo de músculos pélvicos (ya sea por nerviosismo, estrés), será dolorosa la entrada del pene. Necesitas relajarla con activación, por ejemplo haciendo contracciones durante los juegos previos (las cuales además coadyuvan a la excitación), e ir permitiendo la entrada y/o los embates del pene a ritmos y profundidades de ligeras a intensas.  ´

Denle amor a la Zona G

Este lugarcito detrás de tu hueso púbico suele estar abandonado por la naturaleza de las clásicas posiciones sexuales. Ya sea con uno o dos dedos, o con el mismo pene, rocen el área y percibe las sensaciones.

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