Esa maravillosa expresión que puede tener mil vertientes y dimensiones, con el cual soñamos desde niños. El beso, es la representación y producción de más mensajes y procesos fisiológicos, neurológicos, endocrinológicos y más términos que terminan con ‘lógicos’ de los que imaginamos. Cuando dos personas deciden unir sus labios y comienza esa danza de lenguas, salivas, sabores, texturas, sensaciones, se activan respuestas químicas que nos instan a un mayor acercamiento y los sentidos se agudizan. Así es, durante esos segundos podemos oler mejor, las papilas dan más de sí mismas y el oído se afina aún más. Entonces también surge el deseo sexual, incluso se puede llegar a estados de euforia.

Comenzamos a besarnos como herencia de nuestros antepasados, específicamente de las mujeres de Cromagnon, cuando dichas hembras masticaban los frutos previamente para pasarlos a la boca de las crías y como un sistema de intimidad entre los que se apareaban. Una manera de dar un arrumaco. Se pasaban el bocado, claro, de boca en boca. Ya nos veo actualmente en un restaurante pasándonos el bolo alimenticio como un modo de mostrarnos enamorados. Iuuu. En fin. Y, nota al pie, el beso existe gracias a las hembras. Las mujeres de Cromagnon, inventaron el beso.

El beso concentra tantas complejidades que la filematología, o sea la ciencia que estudia al beso -un gesto del cual se tienen registros en la vida social desde el 2500 a.C.- ha encontrado que incluso algunos estudios lo relacionan con la fertilidad, los ciclos menstruales, la  producción espermática (los hombres y mujeres que besan más, son más fértiles), nuestra respuesta sexual, etc. Y claro, es un distintivo cultural. Por ejemplo, en Escocia, en siglos pasados era común que la novia, en su boda, besara a todos los presentes en los labios como parte de una bendición de todos deseándole una buena vida conyugal; el cual acompañaban de unas monedas o una mochadita que  daban en apoyo a la economía de la recién unida pareja.

Y claro, el beso es crucial para comenzar las labores amatorias. Segun estudios de Helen Fisher, una de las antropólogas más involucradas en esta área de estudio, cuando un beso se alarga y comenzamos a intercambiar una buena cantidad de saliva, el hombre transmite testosterona a través de esta, fomentando la excitación en su pareja.  O sea instintivamente el hombre besa para promover que el deseo sexual surja en su parej. En cuanto a nosotras, el beso nos sirve para detectar el estado del sistema inmune de la posible pareja. De maner inconciente. Y comienza el coctelazo bioquímico que nos lleva al éxtasis. El beso también actúa como un poderoso mecanismo de adaptación que está presente en más del 90 % de las sociedades humanas.

De hecho, nótenlo la próxima, cuando nos excitamos comenzamos a salivar y cuando nos sentimos cerca del orgasmo/eyaculación, aumenta más esta acuosidad.

Ahora, además de que existen muchos tipos de besos así como gustos personales, también se relacionan con el vínculo  con nuestra querida madre. De hecho, inconscientemente inclinamos la cabeza hacia la derecha al besar ya que el 80% de las madres nos acunaron cuando bebés, en el brazo izquierdo; también instintivamente con el fin de que escucháramos su corazón y recordáramos nuestra maravillosa época dentro de su barriga. Incluso, desde que estábamos ahí nos recostábamos dentro del vientre para dormir de ese lado. La relación con la jefecita es importantísima en cómo vamos a desenvolvernos eróticamente en pareja. Porque claro, erotismo hubo siempre, desde con nuestra madre. Erótica es contacto. Las primeras experiencias eróticas sucedieron con nuestros padres, con sus caricias, besos, al mecernos, etc. Y claro, con cero nivel o tinte sexual. Salvo los terribles casos de pederastia.

Pues así las cosas. Besar igualmente provee infinitos beneficios, de los que ya hemos hablado y hablaremos en otros posts. Por ahora, a darle al beso. Y felices lenguas para todos. ¡Ah! por cierto, en cuanto a lenguas, éstas poseen diversas zonas reflexológicas que envían mensajes a distintos órganos, entre ellos, obvio, los sexuales. La salivación y el proceso de lubricación vaginal están íntimamente relacionados.

 

 

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