La obsesión por las dimensiones y las comparativas mundiales nos han regalado este par de mapas para quienes aman los parámetros, alimentarse el ego o la inseguridad. Promedios de tamaños de penes y pechos que se suponen con base en encuestas, mezclas raciales y estimados que Dios sabrá si son ciertos, pero acá los tienen.

Más allá de lo ‘informativo’, hay que puntualizar el peligro potencial que pueden enfrentar aquellos que no están de acuerdo con sus tamaños dotados por la naturaleza. No sólo está en la distorsión de la imagen sino en los ‘remedios’ a los que en ocasiones acuden. Los del pene, famosos, por ciertos cuerpos cavernosos que quedaron dañados, fracturas, hematomas,  posibles daños a largo plazo, rozaduras de la piel prepucial, en fin. No tienen una idea. No tener cociencia sobre la aceptación del tamaño pueden llevar a muchos a enloquecer, a lastimar seriamente su autoestima y sus relaciones. Un caso de estudio del Kinsey Institute, que tuve oportunidad de leer, mostraba la historia de un hombre tipo ‘Virgen a los 40’ que estando en la secundaria fue humillado por sus compañeros en los vestidores por un supuesto pene pequeño, lo expusieron con otras compañeras y lo dejaron con una verdadera joda emocional que cargó hasta sus treinta y tantos cuando acudió a buscar ayuda. Había pasado desde chamaco utilizando toda clase de píldoras, aparatejos, masajes y consejos para agrandar a su amigo, bueno enemigo. Nunca se atrevió a tener sexo por el pánico de resultar ineficiente. De chavo, el no llegar al momento crucial era fácil de evitar, alegando ‘respeto’ por las chicas con las que salía, pero claro de adulto -cuando las relaciones sexuales son parte de la agenda de todo noviazgo (aunque ejem, ahora lo es también del noviazgo adolescente)-  era más complejo animarse, el miedo estaba cada vez más alimentado, el complejo instalado y confirmado y al no poder sostener por mucho tiempo la negativa ante el sexo, sus relaciones se iban al demonio.  Una bola de nieve que su psiquiatra ayudó a demoler. Lo impactante era que el pene del tipo medía 15 centímetros en erección, una media; era perfectamente normal. Pero él insistía en verlo mínimo.

En el caso de las lolas, los pechos, hombre que lo ‘de menos’ es ahorrarse un dinerito y ponerse implantes. Quienes lo hicimos sabemos lo mucho que nos alegró el aspecto. Pero hubo quienes llegaron a dichas operaciones producto de años de obsesión y deformación de la imagen. Y, claro, con un cirujano certificado, de quien conozcas su trabajo y nada de ‘vente con tres amigas y les salen las bubis a 10 pesito’. Vieran qué de historias de mamas deformadas, infecciones y muertes. Pero también por desgracia se venden comprimidos con hormonas que pueden dañar seriamente, con otras sustancias que se alegan ‘naturales’ y que les puden dar en toda la torre. Y ahí tienen a millones gastándose su dinero y exponiendo su salud. Una poca de conciencia, de aceptación y de inteligencia. Pero  sin más preámulos acá los tienen. Los mexicanos estamos en las medias, copa B y penes de 14 a 16 cm. Parece que las rusas son las más copiosas y los hombres venezolanos, colombianos, ecuatorianos y bolivianos (en América) son los más  ‘largos’ . ¿Qué tal?

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