De manera errónea la literatura científica ha colocado a la pansexualidad como una rama de la bisexualidad, y a ésta como un término paraguas que cubre toda preferencia o expresión no monogenérica (Flanders, LeBreton, Robinson, Bian, Caravaca-Morera, 2017), es decir, que comprende a todo aquello que no explique una atracción sexual y afectiva por un género específico. La falta de especificidad en la terminología y entonces su comprensión, invisibiliza el mayor factor de su expresión: la pansexualidad es no genérica.

Las y los pansexuales, rechazan específicamente la noción de “o / o no” que las personas tienen que elegir entre hombres y mujeres, o lo que se conoce como género binario, un espectro de género en el que los hombres están en un extremo y las mujeres en el extremo opuesto. La pansexualidad, va más allá del concepto de “sólo dos” géneros y reconoce que hay flexibilidad y fluidez con respecto a la identidad y expresión de género; una persona puede caer en cualquier parte del espectro de género en cualquier momento, (Rice, 2015). O sea, la atracción sexual no está delimitada por el sexo ni por el género, tampoco por la identidad ni la expresión del mismo sino por las particularidades de la persona que les genera atracción.

Del mismo modo, hay una indistinción y hasta anulación del constructo de género en las identidades de las personas agénero o non-gendered, un término paraguas para otras identidades como las apogenéricas, es decir donde no sólo hay un sentir sin género sino se perciben totalmente alejadas del concepto de género. Otras más abrigadas por el concepto son agénero fluido (agenderfluid), personas tanto agénero como género-fluido, definidas a sí mismas como personas que pueden transitar o fluctuar entre las aspectos con los que se identifican de manera femenina o masculina pero no como hombres o mujeres; las anongender, personas cuyo género es desconocido por ellas mismas y por las demás personas; entre otras terminologías que especifican y significan ciertas identidades.

Es necesario darle visibilidad a dichas expresiones, más allá de las etiquetas; las cuales no se establecen con fines de categorización y separación, sino para su plena comprensión, que elimine ansiedades o sensaciones de disgregación cuando las personas se perciben a sí mismas como ‘distintas’ a aquellas cuya identidad de género entra en el binario. Ese personalísimo sentir como mujer, hombre, ambos o ninguno, que implica la identidad de género, tiene variables que no permanecen estáticas y que justamente transgreden al constructo de género; así como la pansexualidad es transgresora del mismo.

*Ruby Rose, estrella de Orange is the New Black, es género fluido. Declaró: “La mayor parte de tiempo no me identifico como perteneciente a ningún género. No spy hombre y definitivamente no me siento como mujer […] Así que estoy en algún punto intermedio, y en mi pefecta imaginación, es como tener lo mejor de ambos”. (Revista Elle, citada por El Universal, 2016)

Lo interesante de las mencionadas vivencias o expresiones es que son muestra de que es posible re pensar nuestros constructos; las femineidades y las masculinidades, los roles o expectativas. El propósito no es sugerirle a una persona que niegue su identidad de género sino que la desmenuce e interrogue sus elementos de acuerdo con la cultura y el contexto que vive. Asimismo, debata las dicotomías y fomente un sistema diseñado para las necesidades de las personas, no de los géneros o las biologías.

Por ejemplo, dentro de un contexto empresarial, en los últimos años como signo de visibilidad a las personas que recientemente han tenido un hijo o hija, y desean alimentarles sin tener que abandonar su sitio de trabajo, en ciertas compañías se han creado espacios específicos para amamantar. Es una propuesta que se ha implementado con base en necesidades específicas femeninas, pero no por ello es imperativo que toda mujer lactando las utilice, es decir, no toda mujer que recientemente ha parido debe amamantar o desear hacerlo en su horario laboral. No obstante, no están pensados para hombres, los cuales podrían también desear alimentar a sus hijas o hijos lactantes durante sus horarios de trabajo, obviamente a través de un biberón. Pero la noción se cancela porque se da por hecho que ‘biológicamente’ la necesidad es meramente femenina, ya que sólo las mujeres están facultadas para lactar y dentro de sus roles esperados está la alimentación.
Por ende, se crearían percepciones respecto a que los hombres que acuden a éstos sitios sólo lo hacen para ver mujeres amamantando, y otros juicios creados por los roles esperados y que es necesario deconstruir.
Si dichos espacios se crearan para ser utilizados tanto por hombres y mujeres, entonces cubrirían necesidades específicas personales, no alusivas al género o a las ‘obviedades’ biológicas.

Cada minucioso ensamble del sistema en el que vivimos tendría que ser repensado, no sólo en términos de las equidades ya muy discutidas, como los salarios y las condiciones, las vulnerabilidades y las violencias históricas, también en términos de neutralización genérica en el diseño de cada actividad. Dicha evolución podría tomar varias generaciones pero no es impensable; aunque sí probablemente utópica. El mismo Cucchiari, (compilado por Lamas, 1997), mencionado en la introducción de este ensayo, hace analogía entre el género y las clases sociales, “…, la idea de género no ofrece una mejor definición de ella que las que aportan las clases o la jerarquía”, el mismo autor para quien un mundo sin géneros y yo(s) sin género es impensable, lo define como una estructura tal cual funcionan las jerarquías: como ideas humanas adaptadas a favoritismos y condiciones. Por ello es posible deconstruirlos, género y clases, pero no por tal sencillo en un sistema de tanta manipulación por el poder y el Estado como el nuestro. Asimismo, en sociedades basadas en los límites de la biología y no por ello capitalistas pero sí heteropatriarcales: “En el valle del Amazonas y en las montañas de Nueva Guinea, a menudo se utiliza la violación colectiva para mantener a las mujeres en su sitio cuando resultan insuficientes los mecanismos habituales de intimidación masculina”, (Murphy 1959, citado por Rubin, 1975, compilado por Lamas, 1997).

Los reflejos de las pansexualidades

Regresando la mirada hacia la pansexualidad, es interesante puntualizar que carece de una terminología que le defina ya que no es una preferencia genérica, por el contrario es no genérica pero sí implica atracción sexual, afectiva o romántica y emocional. Así también carecen de especificación otras expresiones como la ominisexualidad y la sexualidad fluida: la primera, a diferencia de la pansexualidad, señala al sexo o al género, sí contrasta al género binario, aunque no le limita en su atracción sexual y romántica. (McElroy, Williams, 2016); y la segunda, se expresa a través de una transición en las distintas preferencias genéricas, afectivas y sexuales; no considera que éstas puedan permanecer estáticas. Ambas, igualmente, transgreden al constructo del género.

La misma ciencia continúa definiendo conductas con base en dicotomías y una necesaria existencia del género, y en extremos, mas no en continuos. Esto impide un re significación desde su estudio y expansión de su conocimiento. El propio término “preferencia genérica” ya posee un valor de necesidad del mismo para definir la expresión de la atracción sexual de una persona; cuando es claro que existen preferencias no genéricas y fluctuaciones en las que sí son genéricas. Por mucho que existan niveles, o continuos y tablas en las preferencias, no dejan de aludir a una normalización, a una necesaria localización personal en algún punto; igualmente, aísla a aquellas personas que no se identifican con un género específico o la construcción del mismo en su contexto y cultura, o se sientan atraídas por personas que se auto perciben agénero.

Derrumbar desde sus más profundas raíces al sistema a través de una deconstrucción del género y diferenciaciones sexuales, requerirá un proceso posiblemente de muchas generaciones, siempre y cuando el derribo del constructo, dentro de la natural necesidad de evolución, surja en el ser humano. Hay actualmente un camino hacia una mayor comprensión de las expresiones no genéricas y de sus distintas manifestaciones; mismas que pueden crear guías para reconocernos como seres mucho más diversos y complejos de lo que anteriormente creíamos y basábamos el diseño de nuestros sistemas.

Referencias:
1. Lamas, Marta, (compiladora). “El género. La construcción cultural de la diferencia sexual”. Bonilla Artigas Editores. Segunda edición, 2015.
2. Flanders, Corey E.; LeBreton, Marianne E.; Robinson, Margaret; Bian, Jing y Caravaca-Morera, Jaime Alonso (2017). “Defining Bisexuality: Young Bisexual and Pansexual People’s Voices”, Journal of Bisexuality, 17:1, 2017. 39-57.
3. Rice, Kim, “Pansexuality”. The International Encyclopedia of Human Sexuality, 2015. 861-1042.
4. McElroy, Ruth; Williams, Rebecca. “Queer Wales”, capítulo “Omnisexuality and the City: Exploring National Sexual Identity in BBC Wales’ Torchwood”. University of Wales Press, 2016.

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