Es fácil reírse de una misma. Olvidar tomar el anticonceptivo o tener un retraso menstrual de media hora nos puede llevar a una crisis. En un segundo imaginamos todo lo que cambiaría, se aplazaría y complicaría con un bebé. Y cuando al fin llega la regla suspiramos con alivio. Pero entonces un buen día nos damos cuenta que llevamos suspirando alivios por años. Y aunque cada vez escuchamos más casos de mujeres de hasta 40 y tantos que han tenido hijos sanos, también sabemos del incremento de complicaciones en nacimientos debido a que la madre esperó demasiado. La duda nos asalta, los azarosos caminos de la cigüeña pudieran perder nuestra dirección. Pero como Victoria, podemos detener el segundero  – literal, congelarlo- y podríamos recurrir a un fondo propio para ser madre retando al paso de los años sobre nuestros ovarios.

Un costal que se agota
De acuerdo al Ginecólogo Fernando Bonilla-Musoles, en su libro Reproducción Humana, todas nacimos con un número limitado de óvulos, alrededor de 40 mil. De estos, durante cada ciclo, son reclutados un número variable de los que sólo uno ó máximo dos consiguen obtener potencialidad para ser fecundados. El gameto femenino u oocito, permanece detenido en profase meiótica hasta que es ovulado. Está rodeado por una serie de células formando una estructura denominada folículo, durante el ciclo, cierto número de folículos son reclutados para la ovulación pero sólo uno de ellos terminará el proceso. Para los treinta años, contamos con apenas el 40% de los óvulos con que nacimos. Sin embargo, no todos ‘los que quedan’ son óptimos. El Dr. Oliver Lara Kferman, Biólogo de Reproducción Humana del Instituto de Infertilidad y Genética Ingenes, explica ‘Imaginemos que una mujer nace con un costal de naranjas. En cuanto empieza la menstruación esas naranjas comienzan a salir. Las de hasta arriba son las mejores, las más frescas. Cuando una mujer pasa los 35 años, esas ‘naranjas’ que se quedaron más abajo del costal no tienen la mejor calidad. Calidad en un óvulo se le llama a que debe mantener un color, brillo y diámetros específicos para poder generar un embrión adecuado al ser fecundado por un espermatozoide. En el momento de la concepción, microscópicamente se observan dos células, mismas que se van duplicando. Cuando el óvulo no tiene la calidad necesaria, esas células comienzan a fragmentarse. Eso puede provocar un aborto o bien, que nazca un bebé con problemas genéticos’.

Vitrificación de un sueño

La ciencia genera una prórroga. Aunque pareciera ficción o un texto de Aldous Huxley, hoy es posible congelar nuestros óvulos y mantenerlos ‘vivitos y coleando’ hasta el día que decidamos usarlos sin comprometer la salud de nuestros hijos. Elegir el momento perfecto en términos profesionales, económicos y de pareja. Planeación estratégica pura.
El Dr. Lara Kferman nos explica el proceso de vitrificación de óvulos. En sus palabras, ‘Una alternativa perfecta para mujeres de menos de 35 años que deseen postergar su maternidad hasta por 15 años o bien, para aquellas con algún diagnóstico como cáncer u otra enfermedad por la cual deberán someterse a quimioterapias o radiación que pudieran terminar con su reserva de óvulos o dañarlos y que desean algún día ser madres.’

Paso a paso
> Primeramente la paciente recibe una estimulación ovular a través de medicamentos de manera exógena, hormonas que ella produce de manera natural pero que al elevarse con la dosis indicada consigue que los folículos vayan creciendo. Alguien de menos de 35 años puede producir entre 10 y 15 folículos.

> Tras 12 días de estar estimulando los folículos, se realiza en la clínica un proceso ambulatorio que dura un promedio de 15 a 20 minutos y donde se utiliza anestesia, y se procede a aspirar el contenido de los folículos o sea, los óvulos.

>Estos se revisan y se someten a un congelamiento ultra rápido a través de nitrógeno líquido, quedando a -190 grados centígrados. A esto se le llama vitrificación.

> Los óvulos se colocan en crioprotectores, donde se criopreservarán en perfectas condiciones por entre 10 y 15 años; en ocasiones más.

> Una vez que la mujer decida ser madre, dichos óvulos se descongelan. Antiguamente, cuando se sometían a dicho descongelamiento, algunos óvulos podían no sobrevivir pero gracias al actual método de vitrificación, se recupera entre el 70 y el 80% de los óvulos criopreservados.

> Se procede a fecundarlos in Vitro con el semen de su pareja. Esto consiste en colocar a cada óvulo una cantidad de 80 a 100 mil espermatozoides y permitir que el proceso de selección del óvulo elija al más adecuado tal cual sucede de manera natural en las trompas de falopio. Si el conteo de esperma de la pareja llegara a ser bajo se inyecta directamente el espermatozoide al óvulo. Sólo en esos casos.

> Pasadas 12 a 18 horas, se observan los óvulos fecundados que comienzan a duplicar sus células. Al tercer día deben observarse ocho células, es decir embriones. Se eligen los dos o hasta tres mejores (células simétricas, homogéneas y que no tengan fragmentos).

> Con una cánula especial se trasladan al endometrio, previamente preparado, de la futura madre. Por lo general, uno o hasta dos de esos embriones llegarán a término. Rara vez se dan embarazos de triates. No obstante, con los adelantos de la ciencia que se esperan, se promete que en poco tiempo, sólo será necesario implantar un solo embrión.

Y ¡voilà! Una mujer queda embarazada a la edad que desee con un óvulo propio tan joven como cuando los congeló. Puede tener 40 años y su hijo será producto de un óvulo con la calidad y características de cuando tenía 32.

 

 

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