Ok, los hemos sentido. En ocasiones son extensos y parecería que nos dejan suspendidos en una especie de vivencia onírica. En otras es casi un disparo que dura menos que un suspiro, cortos y apenas perceptibles. ¿Por qué sucede eso? Vaya, porque todos quisiéramos tener orgasmos como cerdos, valga la analogía. Ya que supuestos estudios en zoología han demostrado que su proceso orgásmico dura hasta 20 minutos.

El arte de manipular orgasmos está en el trabajo conjunto de nuestra mente y los estímulos a la zona pélvica, al área ano-genital. Como bien dijo John Money y múltiples investigaciones y aseveraciones en la materia, el orgasmo sucede de manera simultánea en el cerebro/mente y la genitalia. Eso sí, sin importar le origen del mismo. O sea, pudo generarse mediante la fantasía, la experiencia afectiva o emocional, la imagen, o bien a través de un estímulo genital que dispara y promueve la respuesta.

Ojo acá, que es información valiosa. No pueden trabajar de manera independiente.O sea, no dependen sólo de ese pedacito de tu cuerpo bajo tu ropa interior. No importa cuán efectivo sea el estímulo, si tu cabeza lo constriñe, el clímax no se dará. ¿Cómo puedes sabotear algo que anhelas sentir? Con pensamientos desordenados y limitantes. Deja de pensar y comienza a sentir. Conéctate con cada poro, cada área, sabor, olor; con tu erótica de vida. Y no sólo durante o previo al sexo; cada día, ¿qué tanto te permites disfrutar? Desde ahí construyes.

El proceso es una complejísima tarea a diversos niveles. Explico lo más simple posible .

A través de estímulos psíquicos y físicos efectivos en todo el cuerpo y genitales, el sistema nervioso autónomo comienza su faena. Por impulsos simpáticos y parasimpátcos se produce la dilatación de las arterias de los tejidos eréctiles del clítoris, pene, y labios, el vestíbulo vaginal  aumenta y hay secreción en las glándulas  generando la lubricación; aumenta la sudoración, la frecuencia cardiaca, se dilatan las pupilas y se produce erección pilosa (piel chinita). El parasimpático funciona a través de la médula espinal en las vértebras sacras 2 a 4 (los nervios erectores del plexo sacro) y por esta vía mandan la señal a la médula. Se da un circuito de información nerviosa que une a ésta con el tálamo, el sistema límbico y el córtex. Entonces, la hipófisis y los núcleos sexuales del hipotálamo emiten hormonas que actúan en los centros de placer. En el sistema límbico se encuentra el orgasmo a nivel cerebral.  Y en un tercer nivel, en el cortex y neocórtex se dimensiona la experiencia afectiva, la fantasía y otros factores. En conjunto emiten una señal de vuelta hacia la espina dando respuesta a una serie de contracciones, más envío de sangre y vasocongestión. El resultado es un orgasmo.

Ok, la cosa es ¿por qué se sienten diferentes? O sea, no sólo hablamos de de la relación subjetiva entre la profundidad, lo extenso, lo placentero sino también de la cualidad sensitiva, de cómo lo sentimos. La mayoría de las mujeres que lo han experimentado saben que no sienten igual un orgasmo producido por estimulación del clítoris que por penetración, o hasta penetración anal. Asimismo, los hombres que lo han experimentado saben que no es lo mismo sensitivamente un orgasmo producido por estímulos a su pene que al ser penetrados o estimulados vía rectal en la próstata.

La respuesta está en que cada ‘tarea’ crea un circuito con  nervios distintos. El clítoris envía sus impulsos principalmente por el nervio pudendo, la vagina por el nervio pélvico y el cérvix por los nervios pélvico, hipogástrico y vago. Por ello la estimulación de cada uno por separado puede originar orgasmos con sensaciones diferentes, y si la estimulación es combinada, se producen efectos orgásmicos más integrales o intensos.

¿Quieren hacerlos más extensos y profundos? Acá un truco a aplicar en las mujeres.

Incrementen el disfrute por medio de presión. Suena raro pero funciona.  Hagan el amor en la postura de la cuchara; es decir, él detrás de ella, sobre el mismo costado. Ella debe elevar la pierna que ha quedado libre y  con lubricante con base de agua, (ella, él o ambos) la vulva y después el clítoris (bajo el principio del  menos a más para no bloquear las terminales nerviosas con sobre estimulación, generando un orgasmo  fugaz y poco extensivo -en una de esas hasta dudoso o doloroso). Quédense ahí un buen ratito en tanto el pene masajea la vagina en círculos o dando embates (entrando y saliendo). Y vuelvan a colocar una pequeña cantidad de lubricante como sea necesario o placentero. La sensación debe ser acuosa.

Una vez que ella llegue al clímax, él debe detener el vaivén de su pelvis de modo que su pene aún esté dentro de la vagina pero ya no haya movimiento (de entra-sale).  Ahora ella debe  extender sus piernas casi como si se estirara, apretando las nalgas y llevando la pelvis hacia adelante. En tanto su mano o la de él debe seguir presionando tus labios mayores enviando la presión sobre el clítoris. Lo más probable es que surja un segundo orgasmo sostenido en la base del primero y como resultante de una combinación de envíos de estímulos nerviosos dobles, desde la vagina y desde el clítoris. Lo pasarán bomba, prometido.

 

 

Share Button