Todos lo sabemos, no hay fórmulas que aseguren un matrimonio ideal. Cada ser humano, y por ende su andar en pareja, es un universo. Pero preparamos una lista de mandamientos y estrategias que pueden crear atajos hacia la plenitud y la paz con tu pareja.

Dicen que los matrimonios ya no duran como antes. Algunas personas mayores aluden a una pérdida de valores, a que ya no nos comprometemos. Otros aún más ortodoxos, nos culpan a las mujeres: ya no sabemos llevar un hogar, ya no sabemos hacer felices a los hombres. No obstante muchos autores formales y estudiosos de la institución actual del matrimonio como John C. Spurlock, director de la división de humanidades de la Universidad Seton Hill en Pensilvania, advierten en diversas publicaciones que el actual incremento de separaciones y divorcios es causada por los mismos conflictos que desde siempre, desde la creación de las civilizaciones modernas, han existido entre las parejas. La diferencia es que antes de la mitad del siglo pasado, la mayoría de las mujeres carecía de opciones y permanecía dentro del contrato a costa de lo que fuera. El divorcio era prácticamente inviable.

El romance pudiera ser uno de los grandes culpables al tiempo de ser el gran salvador. En dicha paradoja subyace todo: nos casamos con un velo de enamoramiento y cuando el tiempo lo va haciendo caer como por fuerza de gravedad nos alejamos del romance, de lo que justo nos llevó al enamoramiento. Según David Shumway en su libro Modern Love: Romance, Intimacy, and the Marriage Crisis, comenta cómo a partir de finales del siglo XVIII cuando el romance y el cortejo se convirtieron en el motor del enlace matrimonial -una vez que las alianzas familiares dejaron de ser el primer motivo- conocimos las verdaderas faenas conyugales, aquellas impulsadas por los sentimientos. La pasión dejó de ser algo de lo que se huía, las sociedades se vieron sorprendidas por el amor. Mismo que seguimos sin comprender qué tanto pesa una vez que los actos diarios y la cotidianidad nos inundan.

Quizás ese sea el primer error, creer que todo es y será amor. Y no es que pretendamos ser pesimistas pero un matrimonio necesita mucho más que quererse mucho. Necesitamos querer con madurez. Lo cierto es que como Spurlock menciona en uno de sus artículos para el Journal of Social History, mucho hay en “la dificultad para manejar y mantener la intimidad”. Esta tiene muchas caras, requerimos estar cerca, al tiempo de mantener un espacio personal, del mismo modo llegar a una intimidad requiere confianza plena, no sólo aproximación física. Igualmente, intimar significa participar y hacer partícipe. Respetar los espacios íntimos, pero ‘dejar la puerta entreabierta’. Y finalmente, intimidad, claro, también entra al campo de la sexualidad, del contacto profundo. Sí, suena complejo. Intimidad: Según el análisis transaccional, es un estado de proximidad emocional a otra persona, caracterizado por la ausencia de manipulación y la presencia de una comunicación auténtica. ¿Comienza a hacerte sentido?

Además, hay un ingrediente letal: la madurez, misma que hemos comprobado que no surge con los años, sino con las experiencias y la capacidad para aprender de ellas; la aceptación y el impulso de crecer con la lección. Sin madurez emocional, un matrimonio va derechito al fracaso o a una convivencia larga basada en el soportarse y tener como método de vida el ignorar y resignarse. ¿Quieres eso? Aquí nuestros 10 mandamientos. Y todos exigen que pongas en práctica o desarrolles precisamente tu madurez. No hay de otra.

Supongo que tendrás claro qué es un ‘hacer’ pero un ‘no hacer’ no se trata de evitar acciones, sino de ejecutar aquello que dejas a un lado porque crees que sobran o das por hecho. Llena tu relación con los siguientes mandamientos y tu matrimonio se librará de muchos baches.

1. Desmitifica al matrimonio.

Comencemos por borrar el pregón ‘Para toda la vida’. Darle un carácter vitalicio a cualquier cosa lo carga de expectativas innecesarias. Ni siquiera sabes quién serás dentro de 20 años, o menos. Cualquier persona estará en tu vida el tiempo necesario para que ambos tengan un aprendizaje, un camino en conjunto. Ojalá sea hasta hacerse viejitos, pero no dejes que esa idea se apodere de tus decisiones. Por otro lado, no aceptes casarte con alguien con base en el futuro. Cásate o permanece casada con quien hoy, aquí y ahora, quieres vivir y puedes vivir; no con quien parece que en el futuro será lo que esperas. Y, muy importante, no te bases en el supuesto cambio. La gente nos modificamos con respecto a nuestras experiencias pero creer que ‘vas a cambiar’ a tu hombre o a tu chava, en cuestiones de su temperamento, personalidad o hasta adicciones es una concepción errónea. El matrimonio no es una cruz que debes cargar hasta que salgas con los pies por delante. No se trata de llegar al libro de récords.

No olvides

Vive la relación el día a día. Hoy enamórate, hoy habla lo que sabes que debes hacerle saber, date tiempo para analizar si en este día eres feliz. No l@ condenes por lo que no ha hecho, ni por lo que hizo sino por quien es hoy. Y apláudele todos los días quién es y lo que ha logrado. Tú, por ende, lo más probable es que recibas lo mismo. Dale a tu hogar una dosis de presente y cuando te des cuenta eso será lo que vivan.

2. Aprende a decir lo que quieres y a escuchar lo que es

Solemos darle un sentido muy distinto a la información. Aprender a decir lo que sentimos y el verdadero significado suele ser un arte. Del mismo modo, él/ella, quizás en esa misma dificultad por expresar lo que siente, necesita o enoja, se ve aún más conflictuado cuando tú le das otro sentido a sus palabras. Aprendan a hablar y a escuchar con literalidad. Hay un millón de situaciones que deberán discutir, negociar e informar en su relación. Si en esta incalculable tarea no hay eficiencia, vendrán muchas catástrofes y malentendidos. No guardes sentimientos o emociones, buenos o malos. No atesores basura.

No olvides

Ser tu maestr@ de comunicación efectiva. Toma un cuaderno que no uses para otro propósito y escribe, de preferencia por las mañanas cuando apenas despiertas. Cómo te sientes, quién eres y qué tipo de espos@ te consideras. No te detengas, tal vez al principio te parezca cansado, no encuentres las palabras o tu redacción sea un caos, pero verás que poco a poco aprendes a identificar realmente qué quieres decir desde en una pelea hasta qué tipo de vacaciones deseas que pasen juntos. Ahora, escucha, las palabras, no entre líneas. No entres al campo del ‘O sea, ¿estás diciendo que soy una idiota al decir que no entiendo?’. Escucha e ínsta a que se una a este esfuerzo. Y, claro, si sientes que están imposibilitados, siempre es de ayuda acudir a terapia. Sola o con él donde aprendan a entablar conversaciones sanas.

3. Nutre

Ponerle energía y nutrimento a una relación no consiste en llenarla únicamente de pasión y regalos. Significa hacer un compromiso personal y mutuo de mostrar sus sentimientos, con palabras, notas, mensajes de celular, lo que se te ocurra. Por lo regular lo olvidamos.

Dense un espacio personal y momentos de soledad: proveer tiempo para que se conecten con ustedes mismos mejorará la conexión entre ustedes. El acto de perdonar también es alimento para su unión y será necesario en algunos momentos.

No olvides

Crear juegos constantes de comunicación verbal y no verbal para decirse todos los días lo mucho que se aman, lo que sienten con respecto a cualquier situación. Pese a tu trabajo o responsabilidades, encuentren un momento del día para preguntarse cómo les fue, comentar cuestiones importantes o simplemente acostarse juntos a abrazarse a ver la televisión. Eso es alimentar, escapar de la cotidianidad, un verdadero asesino de relaciones. Enamora, hazle sentir desead@. Elinor Glyn en su libro The Philosophy of Love escribió una gran máxima: “Las esposas tienen mucho que aprender de las amantes”.

4. Tengan o empaten metas en común aunque el ritmo sea distinto.

Vivir dos mundos distantes de objetivos personales o profesionales hará imposible un destino común. Si para uno es imprescindible lograr éxito profesional y eso implica ir a vivir a otra ciudad o país en tanto para la otra parte es forzoso permanecer donde están ahora para continuar con sus planes, o bien, si para uno de ustedes la paternidad no está en su visión de vida y el otro lo desea con urgencia, ¿qué clase de catástrofe crees que se creará?

No olvides

Debieron haber platicado estos puntos antes de planear su boda, pero nunca es tarde. Ahora, particípense (porque es fácil ni siquiera comentar aquello que estamos creando en nuestra cabeza) qué metas se han planteado y de qué manera pueden sincronizarse. Evalúa cuáles de esas son capaces de empatar y si esto les permitirá estar juntos. Su ritmo puede diferir, es posible que alguno deba dar su brazo a torcer un tiempo pero de eso se trata la convivencia. Eso sí, ninguna de las dos partes debe ser quien siempre ceda o tarde o temprano vendrán el fastidio, la frustración y la separación.

5. Deja de culpar la disfuncionalidad de tu familia

Clásico, si tus padres tuvieron un matrimonio que no calificas exactamente de perfecto, es posible que te hayas llevado ciertos patrones o que esa misma falta de paz emocional en casa, hayan afectado tu autoestima, capacidad para entablar relaciones sanas, evitar la codependencia, en fin. Requieres sacar todas estas heridas de tu casa, tu cama y tu mente. Pide ayuda, la madurez emocional requiere de limpieza. Y lo peor es victimizarte, enviar la responsabilidad al pasado o a los actos de tus padres.

No olvides

Analiza aquello que odias de la relación de tus padres o de tu entorno familiar y compara qué te has llevado de ello a tu hogar actual. Date la oportunidad de ser honesta contigo y con él. Ahora trabaja en ello, no lo dejes como las cosas inservibles que vas guardando en el cuarto de los tiliches. Tarde o temprano tendrás frente a ti una montaña a la que no le podrás cerrar la puerta. No se diga si tienes hijos, su desarrollo también se contaminará, se infectará con su disfuncionalidad.

6. Intercambien de manera flexible las posturas de poder

Balance, como todo en la vida. Habrá momentos en que sea necesario que él esté en la silla de las decisiones y en otras tú. El poder conlleva responsabilidad, liderazgo pero al mismo tiempo la sabiduría para ceder la estafeta cuando la otra parte así lo requiere.

No olvides

Claramente, dejar que él tome la batuta así como hacer respetar tus momentos de poder. Negociando y evitando juegos tontos de ‘a ver quién gana’. Cuando te descubras en esa lucha, date un momento y considera ‘¿por qué quieres ganar?’. Puede ser puro ego. No conviertas tu casa en un campo de batalla, aprende a ceder y a jalar la rienda con madurez.

7. Sé su mujer y su amiga, nunca su madre

No te pongas el delantal de su mamá y te dediques a regañarlo, castigarlo o resolverle la vida. Es un adulto, si no puede comportarse como tal, ¿qué haces con él? No eres la salvadora ni la responsable de su vida. Mucho menos cuando no tiene la menor intención de crecer o de apoyarse en cualquier método para mejorar.

No olvides

Déjalo crecer y maneja tu lenguaje, actitudes y hasta la forma en la que negocian bajo dicha percepción. Aprende a identificar la diferencia entre apoyar y compartir y la de malacostumbrarlo a que le resuelvas desde sus problemas de dinero hasta su incapacidad para hacerse un sándwich. Eso también es codependencia. Aplica exactamente igual si él ha tomado el rol de tu padre salvador y tú el de niña inútil.

8. Vive una sexualidad plena

Vital parte de toda relación. El sexo no tiene por qué volverse tedioso, obligado o nulo con el paso de los años. Tampoco es necesario vivir disfunciones, insatisfacción, falta de orgasmos o deseo, así como no lo es la pérdida de atracción mutua.

No olvides

Cualquier actividad, postura, juego o charla que no te has atrevido antes a llevar a cabo. Aclara, exprésate y atiende aquello que crees que requiere desde una plática hasta apoyo médico. Infórmate. No te conformes, deja que tu cama siga en llamas y tu cuerpo entero responda a esa comunión, a ese poderoso canal de comunicación y bienestar.

9. Practica el olvido selectivo

Olvidar es realmente imposible, a menos que sufras de Alzheimer. Lo que conocemos como ‘olvido’ consiste en quitarle la carga emocional a un hecho, es realmente el equivalente a perdonar. Tendemos a recordar más los desaires y las frustraciones que los favores y las atenciones. Así que, inevitablemente, en un matrimonio el peso de los recuerdos negativos del pasado llega a superar lo positivo. El divorcio es el resultado. Algunos psicólogos han llegado a la misma conclusión: Las parejas que permanecen juntas mantienen memorias selectivas. No ignoran esos inevitables acontecimientos negativos a lo largo de la historia marital sino que le dan menor peso.

No olvides

Crear un balance como en contabilidad, de activos y pasivos emocionales. ¿Cuáles realmente dirigen su dinámica de pareja? Hagan el esfuerzo por evocar más frecuentemente recuerdos lindos, experiencias que los hicieron reír o hacerse cómplices y dejen de quejarse de lo que no se han dado, logrado o que creen que no hicieron o se deben uno al otro. Es una cuestión de foco.

10. Manejen el tema del dinero con realismo y profesionalismo

Una casa es una empresa. La mayoría ya no se mantienen por un solo proveedor. Los asuntos financieros están llevando a cada vez más parejas al caos. Es obvio dada la crisis. El factor común: deudas a montones, desacuerdos por quién pagará, sensación de ser exprimido por el otro, de trabajar mucho y no tener lo que se desea. Y el amor, se va por el escusado. Porque todo conflicto no tocante a lo monetario se vuelve más complejo de dialogar o pasa a segundo plano en la urgencia por sobrevivir.

No olvides

Siéntense a hacer un plan económico. Designen qué gastos cubrirá cada quien. No se dediquen simplemente a pagar a regañadientes o a esperar a que el otro sea quien cubra las cuentas. Hagan equipo y adminístrense juntos. Consulten libros o cursos sobre sabiduría y salud financiera. Creer que el dinero no es un factor crucial, es tapar el sol con un dedo.

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