Muchos, la gran mayoría -y siento comentarles- no hacen el amor (o vaya, tienen sexo), simplemente se masturban con la vagina de una mujer. Claro, siempre pensamos en masturbación como un acto mano-genital. Y no. Empezando porque nadie nos enseña a autoerotizarnos y lo transferimos al acto sexual. Creemos que la masturbación es un simulacro de lo que debe ser un coito.

Ahora, ¿qué es masturbarse con un propósito de aprendizaje, conocimiento del propio cuerpo, disfrute e incluso desarrollo de técnicas amatorias?
Definitivamente, no es lo mismo que tomar el pene con la mano, frotar o más bien jalar y dar de tirones hasta que a base de esta fuerza, se produzca una eyaculación con cierta sensación placentera, que su cerebro concibe como orgasmo.

Realmente quienes conocen el orgasmo desde esa perspectiva se están perdiendo del verdadero potencial de un clímax. Tienen mini orgasmos eyaculatorios pero juran que se aventaron el éxtasis del año.

Lo complejo de esto es que ya mapearon la masturbación de un modo en su cabeza y romper con ese modelo a veces no es simple. Porque cuando le cambias la dinámica a la estimulación puedes sentir que es menos intenso o que incluso hay cierta pérdida de erección.

En lugar de lanzarte a tirar de tu pene y generar hasta una cierta pérdida de sensibilidad ante tanto sobre estímulo, ¡autoerotiza tu pene!

La pérdida de cierto porcentaje de sensibilidad ante el sobre estímulo es muy obvia. Prueba: con tu dedo índice, talla y talla una parte del dorso de tu mano constante e ininterrumpidamente. Verás que al poco rato esa zona ya no se siente tanto. Bloqueaste las terminales nerviosas. Pues lo mismo le pasa a tu querido miembro cuando te masturbas a tirones.

Comienza por acariciar desde los testículos, la base del tronco de tu pene y sube poco a poco pasando los dedos suavemente y aumenta la presión. Deja hasta el final el glande.

Una vez que notes lo mucho que puedes sentir en el tronco, pasa igualmente los dedos alrededor de la corona del glande. Continúa con mayor velocidad. Desliza la mano completa por todo el cuerpo del pene aumentando la intensidad. Coloca una buena cantidad de lubricante en la palma de tu mano y… ahora sí ejerce más presión y sube y baja la mano suavemente. Para entonces, tu pene estará tan sensibilizado que tendrás mayor dimensión del estímulo. Cuando sientas que estás cerca de eyacular, recomienza el estímulo de menos a más. Redimensiona. Repite, explora sensaciones. Y alarga el momento previo al clímax.

Reeduca tu capacidad para sentir, poténciala. Practicando, notarás que no necesitas hacer ese mismo movimiento de ‘jaleo’, entra-sale iracundo, dentro de la vagina. Y no sabes cómo cambiará la dinámica de tus encuentros.
Es un ejercicio de autoconocimiento que requiere de tiempo, darse espacio, disfrutarlo.

Eso también te cambiará el concepto de que es una práctica que hay que hacer con prisas y que provoca por lo tanto abuso en la práctica; porque juras que mientras más episodios de jalones de pene tengas, más satisfechos estarás. Falso.

Verás que tienes suficiente y más, con menos ocasiones pero que se traducen en mayor placer, entrenamiento de tu cuerpo y conocimiento respecto a qué te gusta, cómo y por qué. La culpa, la presión, se van porque materializas el derecho que tienes de conocerte y disfrutarte. Que mereces un espacio, y que no hay nada de malo o vergonzoso en explorarte. Y ¡ojo! el autoerotismo NO es un sustitutivo del sexo ni viceversa, y eso significa que el que tengas pareja no te exime de darte ese momento contigo: la persona más importante y a la que deben conocer más a fondo sexualmente.

 

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