La transmisión fatal, la enfermedad punitiva que cambió la sexualidad, el castigo de Sodoma. Estas y muchas otras aseveraciones sin olvidar sus tintes religiosos y discriminatorios han impedido que socialmente nos involucremos de manera consciente con las verdades del virus de la inmunodeficiencia humana. Una epidemia plagada de ficciones alimentadas por el estigma de su diagnóstico y su ignorante carga homofóbica.

Hoy tras 25 años del registro del primer caso, cuenta con un avance sin precedentes en términos de investigación, evolución en su profilaxis, tratamientos y sobrevivencia de los seropositivos. Más que cualquier otra infección. Gracias a ello, un VIH positivo cuenta con la misma calidad y cantidad de vida que un negativo. ¿Sabes realmente lo que es? Aquí los mayores mitos (muchos de ellos contrapuestos) y sus realidades.

Mito 1 Es una nfermedad de gays y el supuesto ‘seguro’ heterosexual

De acuerdo a la doctora Andrea González, coordinadora del Programa VIH SIDA en la Ciudad de México de la Clínica Especializada Condesa, “actualmente se tienen registrados 50 mil casos de infectados por VIH en el país. Se cree que es menos de la mitad de los reales. Conforme a los métodos de estimación de ONUSIDA, se presumen entre 220 mil y 480 mil vih positivos”.

La epidemia en México y América Latina está concentrada en hombres que tienen sexo con hombres, la prevalencia en esa población es del 13%. Aquí el primer mito develado: en ese grupo, muchos de ellos no son ni viven como homosexuales.

“Son literalmente hombres que tienen sexo con hombres”, apunta la Dra. González. Es decir, tienen prácticas sexuales con otros hombres o con trabajadoras sexuales transexuales, más no tienen una orientación homosexual asumida o real. No olvidemos que no es lo mismo una orientación erótico-afectiva que una práctica o conducta sexual. “Esto explica el por qué hoy por cada cuatro hombres hay una mujer infectada en tanto al inicio de la epidemia, en los años 80, había una mujer por cada 23 hombres positivos.

Es un virus portado por hombres. Por cuestiones biológicas es mucho más probable que un hombre infecte a una mujer que viceversa”, agrega.

La prevalencia más alta en mujeres VIH positivas, no está en trabajadoras sexuales salvo cuando esto se combina con drogas inyectables. La mayoría de ellas han tenido en promedio tres compañeros sexuales y son parejas de hombres VIH positivos. Ellos llevaron el virus a casa. Como ves, independientemente de orientaciones sexuales, asumidas o presumidas, no es un virus exclusivo de la comunidad LGBT. Estamos hablando de más prácticas sexuales entre hombres (que implican una decisión a diferencia de una orientación) de las que quisiéramos aceptar. O bien de un continuo social por mantener enclosetada la verdadera orientación en tanto se muestra una vida hetero con sus respectivas ‘escapadas’. Por desgracia, muchas parejas heterosexuales se creen eximidas porque dan por hecho que ninguno ha tenido experiencias de riesgo. El uso de condón en éstas es muy bajo. Sólo se utiliza entre el 2.5% y el 3% de los condones que se requerirían para prevenir el contagio de enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el VIH (CONASIDA).

Por otro lado, de acuerdo con una encuesta muy puntual realizada este año por el Instituto Kinsey, una de las fantasías sexuales masculinas bastante frecuentes pero muy pocas veces revelada por los mismos se relaciona con la idea de ser penetrados. O sea, por el enorme carácter prohibitivo, relacionado con una homofobia generalizada, diversos hombres heterosexuales consideran el tener sexo con un hombre insertivo, que obviamente los penetra  como el top de las fantasías prohibidas, el mayor límite por romper en la experimentación de nuevas conductas. Entonces, en ese continuo, es probable que hayan experimentado una práctica anal que los expuso al virus, mismo que se llevaron a casa; a su mujer.

Mito 2: Si eres promiscuo, te dará
Según resultados del programa, la vía más eficiente o, la forma más fácil de infectarte es a través de una transfusión de sangre no segura o de un trasplante de tejidos sin las medidas de seguridad de laboratorio correspondientes. La segunda es el intercambio de jeringas en drogas inyectables; ésta es mucho más eficiente que la vía sexual. Le sigue, de manera cercana, el contacto sexual anal receptivo: el riesgo se mide en función de la cantidad de mucosa que se expone en una relación sexual. Andrea González advierte que “una persona que tiene sexo anal sin protección corre un riesgo altísimo, comparado con quien no tiene sexo anal o lo tiene correctamente; lo que implica uso de condón, y suficiente lubricante con base de agua”.  Además, en las relaciones anales, por el rompimiento común de vasos en la zona por no lubricarse naturalmente y ser más frágil que la vagina, la vulnerabilidad aumenta.

Posteriormente la vía vaginal como forma de contagio, junto con la infección intradérmica y al final está el hombre insertivo: el que penetra ya sea una cavidad anal o una vagina. Independiente de la cantidad de parejas sexuales, la clave está en el condón. Su uso correcto, frecuente y constante impide la transmisión en un 99%.

Mito 3 Es muy difícil adquirir VIH por vía sexual
Al contrario de los alarmistas extremos, están quienes afirman que contagiarse es casi irreal. La Dra. González asevera “En términos estrictos, técnicos, es cierto, concretamente el VIH es la ITS más difícil de adquirir. La prevalencia se incrementa enormemente en virus de papiloma humano, en segundo lugar la sífilis y en tercero la hepatitis B. Pero la probabilidad es la probabilidad y sí hay casos de quienes a la primera se infectaron”. Simple, ¿quieres hacer el contagio realmente difícil?, no te quites el condón. ¿Quién te dice que ella no tuvo sexo con un hombre anal receptivo?

Mito 4. Si ya te contagiaron, no hay nada qué hacer
La profilaxis tras una posible infección, consiste en aplicar un tratamiento post exposición antirretroviral que básicamente inhibe la replicación del virus antes de que este entre al sistema linfático con lo cual se evita la infección. Es un tratamiento de 28 días y debe tomarse lo antes posible.

González comenta, “Se usa actualmente en accidentes laborales y en víctimas de violencia sexual. Está documentado y recomendado por las instancias internacionales como la OMS. Hace más de 15 años que en México no se reporta un caso de transmisión por accidentes laborales con posible infección de VIH en trabajadores de la salud u otros”.

En caso de otras situaciones como las relaciones de riesgo, también se puede utilizar. En la Clínica Condesa se está realizando un protocolo para evitar resistencias. Esto, porque no es un tratamiento que se pueda usar cada mes. No puedes utilizarlo cada que crees haber tenido un posible contacto con el virus ya que se puede generar resistencia al tratamiento y de nada serviría. El protocolo implica también una profilaxis distinta si conoces o no a la persona que pudo haberte infectado. Se busca aplicar sobre todo en relaciones de alto riesgo entre hombres o entre hombres con mujeres transgénero. Estas últimas, por la característica biológica se engloban en el grupo de hombres de manera estadística y es la población más afectada -la cual en México no se tiene estimada y por lo tanto no se tiene la prevalencia- pero de acuerdo al centro de atención a transgéneros en la Clínica Condesa,  el 60% es VIH positivo.

Mito 6 No debo hacerme una prueba hasta que pasen seis meses de la exposición
Actualmente en México se cuenta con tres pruebas con diferentes periodos de ventana, lo que significa el tiempo en que el virus es detectable tras la posible infección.
1.    ELISA (Enzyme Linked Immunoabsorbent Assay) de Cuarta Generación. Es una prueba rápida que mide en sangre tanto anticuerpos como antígenos, o sea, sustancias que desencadenan la formación de anticuerpos y causan respuestas inmunitarias. Y su periodo de ventana es de 15 a 25 días.

2.    ELISA de Segunda Generación, prueba rápida con un periodo de ventana de dos a tres meses. El resultado se obtiene en 10 minutos a media hora.

3.    La prueba confirmatoria por Western Blot, que es obligatoria en términos normativos.

Mito 7 Si tengo un conteo viral bajo, no contagio
A través de internet y redes sociales se ha diseminado esta información, cuando ni siquiera comprenden cómo actúa el virus. Para empezar, una vez diagnosticada la infección por VIH, se realiza otro examen carga viral y el conteo de linfocitos CD4, estas son las células de las defensas que son afectadas por el virus. Andrea González afirma que “una persona que tiene un conteo mayor a 350 linfocitos CD4 por mililitro de sangre difícilmente presenta daños a la salud; concretamente infecciones oportunistas y cánceres asociados. Lo ideal es detectar a una persona antes de que disminuyan los CD4. Si un VIH positivo toma correctamente su tratamiento antirretroviral -el cual promueve un aumento de los CD4- y está monitoreado dos o tres veces al año, no tienen por qué disminuir”.

Pero por otro lado está la carga viral, en otras palabras, la cantidad de virus que hay por mililitro de sangre. Si bien, el tratamiento reduce la carga viral, o sea el potencial de infección, esto no lo exonera de ser contagiante aunque su conteo sea bajo. “Los riesgos continúan; disminuyen, pero no desaparecen”, añade González. Muchos, al saberse con una carga viral baja abandonan el condón, pero la moneda está en el aire.

Mito 8. Si tienes VIH nunca podrás tener una vida normal
Los antirretrovirales al disminuir carga viral a través de inhibir la replicación del virus y promover la producción de CD4, permitirá que el VIH positivo tenga una vida tan normal como la de una persona ‘sana’. Los actuales antirretrovirales de última generación, son principalmente orales, a través de tabletas y sus efectos secundarios son cada vez menores –donde por ejemplo la lipodistrofia o el adelgazamiento extremo, ha desaparecido- y poseen una menor toxicidad. Cada vez se sintetiza más el número de tabletas que se toman al día buscando un mejor sistema de adherencia, es decir, que se siga el tratamiento adecuadamente. México tiene un cuadro de antirretrovirales de espectro muy amplio y los mejores mundialmente. Están disponibles y son gratuitos, tengas o no seguridad social. Hoy están vivos muchos de los infectados al inicio de la epidemia, hace 25 años.

Mito 9 Los VIH positivos no pueden tener pareja estable e hijos
Existen diversas parejas serodiscordantes, lo que significa que uno de los dos es VIH positivo. Su relación puede ser tan exitosa como cualquiera en la que ambos son negativos más, hay que seguir ciertos lineamientos. Es recomendable que la pareja no infectada se haga exámenes de detección, tenga monitoreo y disponibilidad absoluta a todos los recursos de prevención como el preservativo o el condón femenino combinados con lubricantes con base de agua.
“En diciembre de 2010 en el New England Journal of Medicine, se publicó sobre el uso eficaz de un tratamiento pre exposición que protege hasta  un 40% y se indica para población de alto riesgo como parejas serodiscordantes. Ahora buscamos ponerlo a la disposición”, afirma la Dra. Andrea González. Obviamente, si la pareja tiene relaciones no seguras, no hay forma de eliminar el riesgo.

En cuanto al embarazo, hay un mecanismo que casi no se tiene acceso en México que se conoce como lavado de esperma, el cual es además muy caro. En mujeres VIH positivas, hay un tratamiento antirretroviral preventivo para evitar que el bebé se infecte.

Mito 10 El virus del SIDA no existe
En la última década se promovió en diversos medios -y se continúa sobre todo a través de Internet- la falacia que afirma que el VIH es un invento, un aparato de control, un pretexto de las farmacéuticas ya que nunca se ha aislado el virus. Y que el tratamiento era realmente lo que enfermaba y mataba a los pacientes. La Dra. Andrea González explica, “Los virus no son bacterias, ni animalitos, tienen una estructura específica y el VIH se ha aislado igual que el resto de los virus.  Sabemos más de él que de muchos otros. Quien diga esto, no sabe lo que es un virus.  Detectamos la carga viral, no sólo lo conocemos, podemos medir la cantidad de VIH en la sangre de una persona. Esta teoría, esta ola de desinformación en la que participó Ricardo Rocha, provocó múltiples muertes, las cuales hemos visto en los últimos años porque generó un enorme abandono de tratamientos. Fue una campaña orquestada por productores de complementos alimenticios y medicamentos que  se sugerían como ‘la cura’. Los promovía una farmacéutica”.

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