En los siglos XVIII y XIX, si un paciente tenía poluciones nocturnas se le diagnosticaba una enfermedad llamada “espermatorrea” o “debilidad seminal”. Para resolver esta situación, entonces se empleaba una variedad de drogas y tratamientos, que incluían desde la circuncisión hasta la castración, pasando por una sofisticada operación que consistía −qué dolor sólo de pensarlo− en introducir una cánula por el pene y quemar el fondo de la uretra con nitrato de plata, como si de una soldadura se tratara.

Mientras que la masturbación es considerada pecaminosa para la mayoría de los cristianos ortodoxos, San Agustín estableció que las emisiones nocturnas no eran capaces de contaminar la conciencia de la persona. Afirmaba que se trataba de actos carnales involuntarios. A pesar de ello, San Agustín rezaba para que Dios lo liberara de esa “pegajosa lujuria” y recomendaba la oración para limpiar el alma de los soñadores.

La Biblia, en el Deuteronomio, se refiere a las emisiones nocturnas en términos negativos. Las califica de “sucias” e “impuras” y las asemeja a las enfermedades contagiosas que pueden curarse sólo a través de elaboradas ceremonias y rituales. Actualmente, esta afirmación es rechazada por muchos cristianos.

Las mal llamadas poluciones nocturnas son involuntarias, se producen por un mecanismo automático del organismo cuando hay una sobrecarga de semen o comienza su producción durante la pubertad y al surgir la erección nocturna se desaloja, en ocasiones, acompañado de un poco de orina. No obstante, no hay orgasmo y es un reflejo que no necesariamente se produjo por algún sueño erótico o porque ‘te haga falta mujer’ como ignorantemente antes se pensaba. Durante la adolescencia es común, no obstante, hay hombres casados que si tienen un periodo largo en que no tienen relaciones, también puede sucederles.

Y le digo mal llamada polución nocturna porque el mismo nombre es sexofóbico hasta el carmbas. Habla de una contaminación, de una suciedad cuando es un proceso natural, inevitable y necesario. Es una eyaculación nocturna involuntaria. Vaya que a ningún chavo le encanta la idea de que su madre descubra las sábanas manchadas pero por ello debe ser un tema que se trate con toda naturalidad en casa. Y simple, y nunca a modo de castigo pero todo chico en edad donde este proceso se da, también está en la edad de echar sus sábanas a la lavadora, ¿o no?

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