Aunque esta teoría aún no se comprueba en humanos, surgió de un experimento realizado por el neurofisiólogo Thomas R. Insel del National Institute of Mental Health en EU. El científico observó la conducta de apareamiento de los ratones de la pradera y los ratones de la montaña –ambas especies con ADN muy similar pero con comportamientos opuestos- los primeros son monógamos y los de la montaña son polígamos.

Notó que a diferencia de los ratones de la montaña, los de la pradera poseen una enorme cantidad de receptores a vasopresina, una hormona que producimos en el hipotálamo, ovarios y testículos. Aplicaron en el cerebro de los ratones de la montaña un vector viral, o sea un virus modificado cuya función era producir receptores a vasopresina cada vez que se dividía. Al crearles  dichos receptores, estos ratones ‘transgénicos’ modificaron su conducta y se volvieron monógamos. Así como lo leen.

Asimismo cuando bloqueaban dichos receptores en los ratones de la pradera, éstos abandonaban a sus crías y pareja y se apareaban con múltiples ratonas. Encontraron que la diferencia en la cantidad de receptores se debe a un segmento entre genes en la cadena de su ADN, llamado secuencia reguladora (de sustancias como la vasopresina). Se cree que en humanos cuanto más largo sea este segmento, hay más tendencia a la poligamia o ‘infidelidad’. Sin embargo no se ha comprobado ya que han encontrado 17 largos diferentes en estas secuencias en humanos. Somo mucho más complejos, lo que haría más complejo modificar los receptores. Pero imaginen si se lograra, ¿cuántos mujeres y hombres no pagarían por cierta inyección viral a su pareja? Garantía de que no se moverá de su lado.

Yo optaría por dejárselo al libre albedrío de mi hombre, al de ambos. Además,  no podemos olvida que  nuestras conductas de apareamiento son más complejas ya que obedecen a aspectos de estatus, moderación sociocultural, ética y emocional.

Pero, ¿les gustaría el invento viral anti cuerno?

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