Debería existir una expresión popular para referirnos a alguien o algo que es realmente molesto: “‘Esto’ o ‘este’, ya parece una infección vaginal”. Y es que no podrás negar que, cuando este problema se presenta, dan ganas de meterse bajo la tierra. Todos sus factores son incómodos: la picazón, el escozor, el enrojecimiento; sin mencionar que es una potente alerta roja que le cierra la puerta a toda práctica sexual que vaya más allá de los prolegómenos o juegos previos. De hecho, una encuesta realizada por el departamento de prevención de la Universidad de Edimburgo, en Reino Unido, reportó que entre las mentiras más comunes que usamos las mujeres para negarnos a tener relaciones sexuales está la frase: “Lo siento, tengo una infección vaginal”. Todo un cliché, casi tan común como el ‘dolor de cabeza’.

Sin embargo, no se trata nada más de tener ‘carta blanca’ para el sexo. Cuando el hecho es real, debemos concederle el peso que requiere. Padecer infecciones vaginales, sobre todo con frecuencia, compromete tu vida sexual y reproductiva, sobretodo cuando no se tratan a tiempo y en forma adecuada. Por desgracia, se conceptualizan como hechos comunes en la vida de toda mujer y por ello no les damos la importancia debida. El Dr. Leopoldo Vázquez Estrada, ginecobstetra y biólogo de la reproducción humana por la Universidad Johns Hopkins, Estados Unidos, advierte que “De no tratarse a tiempo, las infecciones incrementan el riesgo de desarrollar alteraciones en las vías urinarias, enfermedad pélvica inflamatoria e incrementan la susceptibilidad de contraer enfermedades de transmisión sexual. Además, durante el embarazo, pueden ser causa de  amenaza de parto prematuro, ruptura anticipada de membranas e incluso, aborto”.
Como ves, no consiste sólo en ‘aguantarse’ o esperar a que ‘se te pasen’. Mucho menos de intentar curártelas con algún remedio casero o lavado vaginal que no hace más que recrudecer el cuadro.

Comencemos por cambiar nuestra percepción en este respecto: lo que sucede dentro de tu cuerpo es un desequilibrio en la flora vaginal. Por desgracia, nos acostumbramos a decir con toda tranquilidad la palabra ‘infección’, pero que no le damos el trato debido.
Siempre que presentes alguno de los síntomas debes, al menos, llamar a tu ginecólogo para comentarle cuáles son. Un buen especialista es aquél con quien puedes mantener contacto en cualquier momento y a quien puedes consultar cada vez que tienes una duda o malestar. Trata de ser puntual y explícita sobre todo lo que sientes o ves. Él decidirá, con base en tu descripción, cuál es el tratamiento más adecuado para tu caso. Así también te solicitará, si considera necesario, que acudas a consulta; sobre todo si la frecuencia de tu problema aumenta.

Entendiendo el desequilibrio
Hablemos de tu flora vaginal. En el siglo XVIII, A. Döderlein, médico alemán, observó en el microscopio que en la secreción vaginal de mujeres sanas existe la presencia de bacilos Gram positivos. Éstos, constituyen tu flora. Los síntomas que traduces como ‘infección vaginal’ son provocados por microorganismos que igual pueden ser bacterias, protozoarios, hongos o la interacción de más de uno de éstos, lo que provoca infecciones mixtas. La vagina es un medio húmedo y cálido que promueve su proliferación pero, en ocasiones, el uso de ropa ajustada, jabones y desodorantes vaginales con perfume, el sexo sin protección, la ropa interior de nylon y, hasta el estrés, disparan a estos ‘amiguitos’ y desequilibran tu flora. Como ves, esto no es tan simple como parece. Puede sucedernos a todas, así que no dudes en consultar a un especialista. No permitas que te frenen comentarios absurdos como “Sólo las desarrollan las mujeres promiscuas”. Muchas las mantienen en secreto por temor de que alguien piense eso de ellas. Es absurdo. Tampoco son algo que sólo se presenta en ‘mujeres jóvenes’. Los síntomas se presentan a cualquier edad, incluso después del climaterio.

Ahora, puede pasar que surja la idea típica de ‘Este guey me pegó algo’, porque unos días o hasta horas después de tener un encuentro sexual, comiencen con síntomas y terminen francamente en uno de estos desbalances mal llamados infecciones. Y claro, comiencen los malos pensamientos como que el tipo tiene todo un zoo ahí, toda la aldea de los pitufos. Y bueno puede que sí, pero en ocasiones, ya existía cierto potencial, ya estaba latente o concinándose una infección y se estaba defendiendo su flora vaginal, más o menos lográndolo cuando, debido al contacto sexual, por la manipulación por ejemplo con las manotas sucias (a ver, ¿quién le pide a su chavo que se lave sus manitas antes de tocar su vulva?), o porque se hicieron pequeñas o invisibles lasceraciones por el roce debido a una lubricación adecuada, o por el simple ‘castoreo’ que le damos a la zona y zaz, se dispara el desbalance. Muchas veces se cree que es culpa del tipo pero no siempre, puede haber estado ahí en estado de ‘en sus marcas’ y le dieron el ‘fuera’ con el coito.

Lo importante es consultar al sr. gine, quien les dirá tanto el tratamiento como el modo de no recrudecerlo. ¿Vale? ¿Dudas?

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