Homofobia que resulta poco mencionada en el marco de esta fecha : la rosa. Conducta bastante frecuente, gays VS gays. A través de la cual se segrega y rechaza a otros grupos no heterosexuales ya sea por condiciones sociales, económicas, de subculturas, por físico, manerismos e incluso por la misma orientación. Por ejemplo es común que los homosexuales rechacen a los bisexuales por suponerlos ‘no definidos’. Asimismo, los transexuales y transgénero suelen ser desintegrados  por su disforia de género (hombres que se sienten atrapados en cuerpos de mujer y viceversa), dado que suponen que su lucha no es convergente con la de la equidad entre heterosexuales y homosexuales sino que demandan otros factores relativos a su aspecto físico e identidad legal.

En hechos sociales ‘mundanos’ se observa el impedimento a éstos últimos para poder entrar a clubes  o antros para gays y lesbianas. O para cualquiera que no cumpla los ‘requisitos sociales’.

Vaya, que no es nada sorprendente, porque toda conducta de discriminación es humana y no se sujeta a orientaciones. Todos rechazamos por cuestiones socioeconómicas, culturales u otras. No importa si nos orientamos hacia el sexo género opuesto, al mismo o a ambos. Lo hacemos. La lucha entonces debe ser mucho más profunda. Por ello la Pink Homophobia es tan invisible.  Porque supondríamos que por el hecho de ser gay, habrá una inclusión hacia otros gays. No sucede, no por ser parte de lo que han llamado el colectivo.  O sea el LGBTTI, comprendido por lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero e intersex. Y los heterosexuales, por obviedad, quedamos fuera porque vivimos en un mundo heterosexualizado que no requiere exigencia a que se nos integre. Pero en la integración suele haber mucha más desintegración. Porque claro, en su ‘origen’ la lucha se sostiene en exigir derechos de todo aquel que no viva una orientación erótico afectiva hacia el sexo opuesto e impuesto; pero como cada grupo del colectivo requiere distintas estrategias, derechos y profundidades en sus  vivencias, ha surgido la homofobia ‘interna’.

Por ejemplo, una mujer lesbiana no vive las mismas necesidades ni exigirá los mismos derechos que una mujer transexual o transgénero. Ella, la primera, es una mujer que se orienta afectiva y eróticamente hacia mujeres, se sabe y se vive mujer: no quiere ser hombre. Una mujer transexual, nació siendo un hombre físicamente pero su identidad de género (cómo se concibe a sí misma) nunca concordó con ese cuerpo masculino. Esa disforia la llevó a buscar -con todo el derecho del mundo- una apariencia e incluso una identidad legal acorde con su sentir, con su propia construcción de género.  Una mujer transgénero, además, ya se sometió a una reasignación quirúrgica genital. Y como cualquier trans, su identidad no compromete su orientación. Una mujer trans puede orientarse hacia hombres o hacia mujeres.  Porque la identidad de género y la orientación son dos aspectos totalmente distintos. Y claro, se comprenden esas diferencias y por ende agendas particulares en su lucha. Pero el que una persona, per-so-na, requiera derechos distintos no invalida los míos. Pero así estamos operando por la vida. No sólo el colectivo. Sin embargo, no deja de resultar irracional porque es discriminación al final. Algo que 99 de cada 100 no heterosexual ha vivido de alguna manera y en cierto porcentaje. Pese a ello la enriquecen y ejercen.

Eso, cabe aclarar no le lava las manos a los homofóbicos heterosexuales, porque ya los veo tirándoles una piedra más ahora porque discutirán que si ‘entre ellos se rechazan’, ¿por qué los bugas (heteros) homofóbicos habrían de integrarlos? Lo cierto es que hay una lista enorme de ‘pendientes’ para lograr sociedades diversas y respetuosas de la sexualidad y la vida ajena y lo claro es que eso no cambiará -independientemente de nuestras orientaciones- hasta que exorcicemos nuestra porquería mental y las herencias religiosas, sociales, la mochería, las dobles morales y el asco que ha conformado nuestros demonios. El miedo. Estamos profundamente aterrados -todos: heteros, gays, bis, trans- y vivimos defendiéndonos a través de crear ‘grupitos’ que mantengan nuestras ideas a salvo, nos permitan regodearnos en nuestra zona de confort mental y creemos que la mejor forma de pertenecer y perdurar es eliminando y segregando a los que no convergen con nuestra mierda cerebral. Porque vivimos en un mundo profundamente sexofóbico, negados a ser congruentes; la homofobia es sólo uno de sus matices. Entonces ¿cuál lucha? Necesitamos dejar de hacer colectivos y convertirnos en todos, en un SOMOS, todos somos la diversidad.

Nota para dejar claros todos los grupos del colectivo:

Los intersex son individuos que nacieron con genitales internos y externos con ambigüedad. Su género fue decidido por la cercanía en apariencia de éstos o incluso fueron asignados quirúrgicamente tratando de que lucieran acorde al mismo. Igualmente, pueden poseer ambos -tanto tejido ovárico como testicular- y alteración en el número de cromosomas sexuales. Por desgracia se les asigna un género social y legal de acuerdo al ‘más cercano’ aparente. Lo deciden sus padres y/o el pediatra, sin tomar en cuenta que su identidad de género no puede asignarse, su vivencia será indiscutiblemente personalísima y -como cualquier ser humano- descubrirán a lo largo de su desarrollo psicosexual no sólo su orientación sino su vivencia: si son hombres o mujeres.

 

 

 

 

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