Un estudio de 2010 de la Universidad de Toronto y la Universidad de Tufts publicado en la revista Psychology Science, afirma que cuando las mujeres estamos en nuestro pico de ovulación podemos detectar con mayor tino la orientación sexual de los hombres. Una cosa así como ‘no andar perdiendo nuestro tiempo’ en esos momentos en que la naturaleza, nos insta a procrear y contnuar nuestra especie. ‘Con este sí, con este ni entrarle’. Cosa extraña pero que pretende mostrar la perspicacia que nuestros ciclos hormonales nos proveen.

El director de dicho estudio, el profesor Nicholas Rule asevera que “no se percibe el mismo efecto para detectar la orientación sexual de otra mujer”. Esto sugiere que la fertilidad de una mujer heterosexual influencia su atención con el fin de encontrar un compañero sexual apto para fecundarla.

Su metodología tiene algo de discutible, a mi parecer. Realizaron tres experimentos. En el inicial, le mostraron a 40 mujeres muestra 80 fotografías de rostros de hombres. Algunos eran gays y otros bugas (heteros). Y encontraron que aquellas mujeres en su pico de ovulación o más cercano a este, eran muy atinadas al definir la orientación sexual de cada uno.

Posteriormente, les  mostraron 100 imágenes de mujeres lesbianas y de 100 féminas heterosexuales. Concluyeron que no se daba ninguna concordancia con el  pico ovulatorio o cualqueir otro momento del ciclo menstrual y la identificación de las orientaciones que pudieran presumir a través de las fotografías.

Y finalmente, a modo de confirmación, pidieron a 20 voluntarias de la muestra que leyeran un texto  erótico antes de que se les aplicaran los dos primeros experimentos y aquellas que tuvieron una reacción emocional hacia la historia, o sea les produjo excitación o avivó recuerdos, multiplicaron su número de aciertos. Así las cosas. Los investigadores están convencidos de que su hipótesis tiene fundamentos.

Y bueno, digamos que es algo lógico que así como las hembras de muchas otras especies tienen una capacidad instintiva para detectar (según los estudiosos de ciertas manadas y grupos de especies), a través de feromonas qué macho es o no apto para procrear, nosotros tengamos la nuetsra. Más, bueno hay sus vicisitudes. ¿Cómo explicamos a aquellas mujeres que se casaron o fueron novias de hombres gays y que lo notaron -seguro con dolorosa sorpresa- años posteriores?

Interesante, algo parecido al Gaydar, del que ya hablamos en ESTE POST y que parece que científicamente tiene su fundamento.

¿Qué opinan? No siempre es fácil detectarlo. Vamos, que si el hombre gay en cuestión ya se instaló en lo que vulgarmente llamamos la ‘joteria’. O sea, en utilizar ademanes, vestuario, forma de hablar -que más que mostrar una orientación, la obvia-  pues no se necesita el famoso pico ovulatorio. Pero, cuando dicho hombre (como dicen mis amigos, frase célebr)- ‘amarra a su cochina’, o sea al menos en ciertos círculos sociales se muestra neutro. La cosa se pone más complicada.

Y vaya que si el ‘jotear’ nos va a todos. Porque hasta las mujeres bugas  solemos jotear. Y que quede claro que el término no es homófobo ni despectivo. No es el término ‘joto’ que insultaba, usado en generaciones anteriores. Hoy es parte de nuestro slang, de nuestros modismos. ‘Jotear’ no siempre habla de una orientación sino de un modo de expresar las cosas con cierto glamour rosa y palabrillas acompasadas.

Otro gran mito de la homosexualidad es el creer que todo gay ‘jotea’ y nada más le falta el tacón de aguja. Gran error, algunos lucen más viriles y masculinos que los propios heteros. No generalicemos. Son estilos personales y diversos, como diversos somos todos. Porque no todas las mujeres hererosexuales andamos de vestido floreado y zapatilla cenicienta, como no todas las lesbianas andan de camisa a cuadros de leñador. En fin.

¿Qué opinan del estudio?

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