Aunque puedes extrañar esas conductas impulsivas y vibrantes de la adolescencia, no negarás que estás en una etapa sexual mucho más enriquecedora. Tienes un mapa más certero sobre a dónde quieres llegar.

No obstante, podrías andar cargando ciertos fantasmas que se gestaron en tus prácticas adolescentes. Los clásicos temores masculinos de no lograr una erección adecuada o eyacular demasiado pronto por lo general se originaron en la adolescencia. Cuando el control eyaculatorio estaba poco entrenado y era menor la capacidad para dominar los nervios (el estrés, angustia de desempeño) que afectaran la potencia de tu erección.

¿Sigues cargando con eso? Siempre y cuando no aluda a problemas orgánicos, el que estos episodios se repitan actualmente puede deberse a que no los has exorcizado de tu mente. Cuando eras un chavito y sentiste que el mundo había acabado porque no pudiste satisfacer a tu ligue, estabas demasiado vulnerado y el conflicto se imprimió en tu consciencia. En especial si recibiste malas caras o burlas de tu contraparte. Y/o fue repetitivo. Ya es hora de que lo dejes ir. ¿Cómo? Haciéndolo consciente y descartando. Dándote permiso de sentir, conectando. Cuando tu mente focalice en los estímulos y le quites el poder absoluto a tu pene.

Por otro lado, las experiencias, sobre todo las emocionales y el contacto con otras mujeres, con seguridad replantearon tus ideas sobre el intercambio sexual. Y te notas más seguro y evolucionado pero en cuanto vives algo que en algo se parece a esas malas experiencias, el malestar se reaviva. Es pura memoria. Detéctala, concientízala y date cuenta que es momento de dejarla ir. Ya no eres ese chavito a merced de la opinión externa. Suelta.

Además, ahora sabes –o debes saber- que no todo depende de tu pene. Mucho está en tu generosidad como amante. En tu apertura para permitir que tu mujer se exprese y sobre todo, en responsabilizarte de tu propio placer. Recuerda: nadie tiene la obligación ni responsabilidad de satisfacer a otro, sólo compartimos lo que descubrimos de nuestras sensaciones. Y nos abrimos a lo que nuestra pareja descubre para enriquecernos mutuamente.

 

 

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