Una de las grandes causas que llevan a muchas relaciones directo a la cañería está basado en la falsas expectativas otorgadas. Porque se comienzan  con una sobre carga innecesaria. No nos damos permiso de ir descubriendo quién es esa persona que pensamos amar o de quien nuestro coctel bioquímico, hormonal y nuestra sobre dosis de dopaminas no hace declararnos enamorados. Justo los velos del enamoramiento, y sus efectos neurobiológicos nos impiden pensar objetivamente. Ahí la delicia, el delirio,  pero al tiempo la complejidad del estado enamorado.

Pero, incluso dentro de esa hecatombe cerebral, comienzan las discusiones y los conflictos, muchas veces, justo  porque esa persona parece no ser el mito que creamos a su alrededor, porque esa persona no existe. La creamos con base en nuestros mapas mentales y nuestras fantasías. Incluso, muchas de sus reacciones pudieron ser malinterpretadas bajo los efectos cegadores.

Asimismo, cuando estamos embelesados con alguien que juramos que ‘nos pela’ (nos hace caso, tiene una reacción hacia nosotros) solemos malinterpretar. Porque en nuestra fantasía lunar podemos llegar a confundir un interés meramente amistoso con un ‘Este(a) babea por mis carnitas’. Y luego viene el dolorón porque algo nos viene a revelar que nunco hubo TALES reacciones. Quizás el o la incauta sólo estaba tratando de ser cordial y nosotros ya nos veíamos con un chamaco suyo. En ocasiones hay que protegernos de esas subjetividades emocionales. ¿Cómo? Respirando, calmando nuestra mente, regalándonos silencio mental y analizando. ¿Realmente esa persona es lo que yo he creado o sólo le he otorgado el poder de mover mi mundo a una especie de personaje de mi novela calenturienta?

Ahora, bueno, hay otras vicisitudes. Lo divertido pero también desgastante de la etapa del ligue es que muchos mensajes llegan a nosotros de manera cifrada. Algunos verdaderamente disfrutan ser ambivalentes. Están pero no, quieren pero tantito. Y uno se pregunta ¿Le gusto o no? Quizás ya hasta echaste beso o has tenido toda una serie de encuentros eróticos o sexuales y si con suerte el querido Eros ‘ha hecho su chamba’, ambos estén generando una misma reacción ya sea de mantenerse como amigos con beneficios o quieran encaminarse o algo más estable.

Pero, a veces pueden pasar semanas o meses en esa dinámica y una de las partes no comprende qué son, o si esa situación tendrá un rumbo. Y ahí es donde el poder otorgado puede comenzar a accionarse. Porque pese a que no sabes con claridad qué carambas está pasando por su cabeza o sus emociones, tú ya te armaste al ser fantasioso dentro de su cuerpo. No queda más que hablar, preguntar. Mejor que pasarte horas indagando en su Facebook si hay alguien más, o si parece una persona ‘de fiar’. Estrategias claras. La pregunta es simple. Con toda honestidad. Tampoco como tapete o lloriqueando. Estableciendo que a ti te interesa saber en qué terreno estás. ¿Esto es sólo sexo y besitos cuando se nos pasen los tragos? Vale, ya decidiré si quiero o no. Pero quizás -porque sucede- el miedo de cada uno impide establecer. Porque el temor al juicio o al rechazo los hace enviar mensajes equivocados: aunque te estés muriendo por llevar las cosas más allá, no lo haces, ni con actos ni con palabras porque ‘Qué tal que él/ella me sale con que esto es nomás camita y cada quién a su vida’. Aludan a su objetividad y no se queden con las ganas de saber. Se lo merecen.

¿Les ha pasado?

 

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