Sheila Kitzinger, autora de “The New Pregnancy and Childbirth, es una antropóloga social que se especializa en el nacimiento. En su más reciente libro “Birth Crisis,” (2006) Kitzinger explora la manera en la que el nacimiento se maneja en el siglo XXI y el efecto que tiene en las mujeres, en parejas y en familias. Explica que hay una abrumadora evidencia que el trauma del nacimiento es responsable de adicciones, violencia, baja autoestima, habilidades reducidas para resolver problemas, bajos niveles de atención, y una serie de problemas de salud física. “Con el alto nivel de estrés en la sociedad contemporánea, y el fácil acceso a las drogas, 95 por ciento de los nacimientos en los Estados Unidos se consideran traumáticos. Cincuenta por ciento, moderadamente traumáticos y 45 por ciento altamente traumáticos.”

“Un nacimiento orgásmico no quiere decir que estás escalando las paredes y gritando,” escribe Kitzinger. “El problema es que el nacimiento se mide con reloj y se maneja, a veces de manera agresiva, para que las mujeres no puedan ser espontáneas. Pero cuando lo puede ser, el dar a luz puede ser extraordinario – olas cálidas de pasión. Cuando la cabeza del bebé llega al perineo, estimula una respuesta erótica llamada el reflejo de Ferguson. Esto es, si no se le destruye mientras le dicen como y cuando empujar.”

Para tener un orgasmo en el parto, estas son las condiciones más apropiadas: oscuridad, silencio (esto no quiere decir sin música o sin gemidos, sino que se hable lo menos posible), un ambiente seguro e íntimo, sin drogas.

Odent dice que lo mejor es que una mujer de confianza total acompañe discretamente y ayude a calmar a la parturienta mientras ella hace su labor. Eso, en contraste con tener tres personas en el cuarto, con luces brillantes, cámaras de filmación, máquinas monitoreadoras, y “coaches” que le dicen qué hacer. En tales casos es mejor que la mujer se ponga un antifaz y cubra sus ojos para aislarse y bloquear las interferencias externas.

“Existe un antagonismo entre la adrenalina y la oxitocina. Para dar a luz, una mujer necesita sentirse segura, con poca adrenalina, para que la oxitocina pueda salir. Nadie con alta adrenalina debería de estar cerca de la madre. La duración del parto es proporcional al nivel de adrenalina en la partera. Por eso son muy útiles las labores repetitivas como el tejer, porque reducen la adrenalina.”

Para que su cuerpo funcione con toda la sabiduría de generaciones de mujeres que parieron antes que ella, “el neo-cortex debe de dejar de funcionar, para que ella se pueda comportar en maneras no aceptables a la civilización, que grite, que diga groserías, que asuma posturas primitivas bizarras, que no haya control del neo-cortex. Necesita ser protegida de esos estímulos.”

Condicionamientos Culturales

El tema de los partos respetados es un tema de supervivencia de la humanidad, explica Odent. Estamos en este punto porque durante miles de años, la estrategia básica de supervivencia para todos los grupos humanos ha sido dominar la naturaleza, y de un grupo que domina a otros grupos humanos. Las sociedades exitosas son aquellas que desarrollaron rituales para incrementar el dominio en la naturaleza, y moderaron el amor y respeto por la Madre Tierra.

“Hasta ahora se trataba de grupos humanos específicos. Pero nos estamos dando cuenta que es la humanidad la que necesita una estrategia para la supervivencia,” dice.

“En los países del norte industrializados, – y de manera incrementada, en el resto del mundo – nuestra cultura de nacimiento está siendo medicalizada. En la televisión, el nacimiento es presentado como un evento médico que está seguro en manos de doctores, y si las mujeres obedecen a los doctores, entonces todo sale bien,” señala Kitzinger en Birth Crisis. “Aquellas que hacen preguntas, o que prefieren el nacimiento en casa, se arriesgan a una emergencia médica.”

La evidencia sugiere que mientras mas reprimida sexualmente una sociedad, más difíciles los nacimientos. Odent señala el vocabulario anatómico como representativo del prejuicio: El concepto de vergüenza: el nervio que va a la parte genital del cuerpo, son los pudendos. En francés son los nerf honteux (de la vergüenza), en alemán beschämter Nerv. En chino el hueso púbico significa el hueso de la vergüenza. Obstetricia viene del latín obstare, “ponerse enfrente de,” alguien se pone frente a ti, porque tu no puedes hacerlo sola. Es una condición cultural, viene de la misma raíz que obstáculo, osbtare.”

“El papel de las religiones es indicar qué tipo de experiencias de acceso son culturalmente aceptables, aquellas que son fáciles de controlar, como oración, ayuno. Puedes controlar el canto, la música, y el uso de hierbas psicodélicas, pero no puedes fácilmente controlar estos estados extáticos orgiásticos.”

Estamos bajo tal condicionamiento cultural, de miles de años, que apenas estamos reconociendo la ignorancia bajo la cual operábamos. Durante años se aseguraba que el calostro es malo, y ha sido necesario un movimiento de “regreso” a la lactancia – que todavía se considera “radical” – porque tantas mujeres ya no se ocupan, o no pueden o no quieren, o no tienen leche para dar al recién nacido. Y los mismos lugares donde están desapareciendo las parteras, crecen súbitamente las cesáreas.

Nuestra especie tiene un mecanismo extraordinario para la procreación. Nuestros cuerpos están diseñados para reproducirse naturalmente, con gracia y elegancia. “Los nacimientos orgásmicos son muy poderosos, y llenos de amor,” dice Marina Alzugaray, una partera que ha atestiguado docenas de nacimientos orgásmicos. “Son espirituales, e inolvidables – un momento eterno más allá de las palabras. Es más que hacer el amor porque es estimulado por la pasión de la vida misma.”

Rápidas, Simples y Efectivas

Y sin embargo, la mayor parte de las mujeres embarazadas en el mundo, eligen la autopista del mundo médico del nacimiento, que hoy ya puede ser elección previa. La vía cesárea en estos días dejó de ser una operación pesada de lenta recuperación, a ser una intervención rápida, simple y efectiva.

Una operación antes considerada de emergencia, la cesárea es necesaria sólo en 10 a 15 por ciento de los nacimientos. Sin embargo, a nivel mundial, las cesáreas se han vuelto la manera preferida de parir. En años recientes, más de 46,000 mujeres canadienses tuvieron cesáreas electivas. En México, en el 2007, los hospitales públicos indicaban un 36.9 por ciento de cesáreas, mientras que en hospitales privados la media es de 68.7 por ciento – comparado con 46.8 por ciento en 1996. Y se dice que en ciertos hospitales, las cesáreas pueden llegar a un 90 por ciento.

En los chimpancés y otros mamíferos, si una hembra da a luz con cesárea, simplemente pierde interés en el bebé. Pero el ser humano es criatura más compleja. Y el condicionamiento cultural es tan fuerte que, en sus seis meses en el hospital de Paris, Odent no escuchó de una mujer que exigiera tener a su bebé junto a ella después del parto. Dice, “la ciencia ha logrado subyugar el instinto agresivo maternal.”

Estos días, muchos bebés están naciendo a través de sustitutos artificiales de la “hormona de amor.” Las drogas artificiales como la Pitocina – oxitocina sintética -, las epidurales y las inyecciones para sacar la placenta, todas inhiben el pico natural de la oxitocina necesaria para un nacimiento orgásmico.

Los productos farmacológicos reponen a los naturales y bloquean la liberación del cóctel de hormona, aunque logran el mismo efecto. “¿Qué va a pasar después de tres o cuatro generaciones?,” pregunta Odent. Si la hormona del amor se vuelve inútil en este período critico de vinculación madre-hijo, “¿Cuál es el futuro de una civilización que nace de cesárea?”

. ¿Por qué es traumático el nacimiento? No solo es un asunto de dolor. Kitzinger propone que las mujeres son traumatizadas al ser tratadas como máquinas que están en constante riesgo de romperse. Son traumatizadas al sentir que son chupadas por un sistema médico que les niega cualquier control sobre lo que les está pasando.

El pasado ya no se puede cambiar. Pero, ¿qué modelo de nacimiento ofrecemos para nuestras hijas? Odent propone nada menos que una revolución, una toma de poder desde lo interno. “La supervivencia de la humanidad es un asunto femenino.”

“El nacimiento es el caos que el cuerpo puede resolver por sí mismo,” dice Kitzinger, quien añade que los bebés no traumatizados, concebidos y nacidos en amor, muestran una gran inteligencia, bondad, sentido común y buena salud. En su libro recomienda acupuntura, acupresión, shiatsu, reflexología, masaje, hipnoterapia, relajamiento visualización vocalización, cambio de posición, agua y calor para un nacimiento amoroso.

Elizabeth Davis, co-directora del National Midwifery Institute (Instituto Nacional de Parteras), concluye: “Si te dijeran que puedes tener uno de los momentos de tu vida más trascendentes física, emocional y espiritualmente, y aquí está el mapa para llegar, ¿verdaderamente dirías que no?”

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