Cuando el incauto o incauta a quien hemos dedicado nuestras más amorosas fantasías y entregado el corazón como dicen los poetas, nos miente, ya sean desde mentirijillas absurdas hasta cuernos garrafales, experimentamos de manera literal un juego químico donde se interrumpe la producción de muchas sustancias neurotransmisoras que nos mantenían en el dopamiento enamorado o bien en la seguridad y sensación de pertenencia que una relación larga nos proveía. De hecho la sensación física proviene del síndrome de abstinencia de dichas sustancias. Y viene el cuas emocional.

En esta parte, hay un amiguito que se pasa el día picoteándote la cresta con un alfiler de doble punta: el EGO. Mr. Ego, coadyuva enormemente. Porque aunque tus amigos te digan que tu pareja es una malagradecida, que no te merece, que no te valoró, claro, por Dios,  “Si tú eres, guap@, inteligente, exitos@ y blá”, ¿porqué lo hizo? .

Pero, aunque tú proclames a los cuatro puntos cardinales que ‘en ti no quedó’, Mr. Ego te dirá que no fuiste suficiente, que algo no pudiste llenar, satisfacer, cumplir. En el caso del cuerno, esa tercera persona (léase el cuerno), recrudece el efecto. Porque algo en ella/él -pese a que de acuerdo a las opiniones externas esté por debajo de ti y tus capacidades- llamó más a tu pareja. Dio novedad, le refrescó la vida o  o vete tú a saber.

Por otro lado, tu ahora ex,  te dice con esas u otras palabras, el clasiquísimo ‘No eres tú, soy yo’. Porque hay personas que afirman no poderse negar a una infidelidad o porque simplemente no hubo en ti fallas sino cambios o evoluciones en sus necesidades. O bien, que hay algo en ellas incapaz de ser leal. Habrá psicoanalistas que los lleven a escudriñar el traslado de sus miles de huecos emocionales a la glotonería por parejas nuevas y aventuras, pero el hecho es que tú desde el otro lado de la barrera ya fuiste zarandeado emocionalmente. Y ahí Mr. Ego, te hace preguntarte qué te hace falta, por qué eres tan poco especial como para no haberle quitado esa ‘manía’ de cuernear a tal incaut@.

En una relación fallida ambos tienen responsabilidad. A veces poco notoria y hay que echarle coco, sin ese auto nombramiento como víctima del asunto para llegar a la tuya.
Porque, ¡claro! También en el calor del ego herido viene una necesidad, un mecanismo de defensa de plantarte como un ser sin tacha ni mácula, casi casi. ‘Tú has sido bueno y perfecto’. Cada caso es un pequeño universo pero lo primero que hay que apaciguar es precisamente al ego para tener una visión objetiva. El toque objetivo que te lleve o al perdón (con todas sus letras) o a seguir tu camino sanando la fractura sin cargarte al lomo esta herida a otras relaciones.

El ego, ay el Sr. Ego. Duele, y darle su ‘estate quieto’ no es simple. Muchas veces es ‘él’ quien te dice ‘No perdones, no se lo merece’, aunque en el fondo te estés cociendo por llamarle. Pero también suele ser una alarma de ayuda cuando no te has dado cuenta que tu pareja o ex se la ha pasado trapeando contigo. Entonces ese ego se traduce en autoestima. Que qué haría uno sin ella. Esa sí hay que fomentárnosla, alimentarla todos los días. La línea es delgada. Lo cierto es que el perdón es un regalo para uno mismo, comenzando por dejar ir a esa persona.

Por otro lado, tener claro que aunque seas el o la tipa perfecto(a), QUIEN QUIERE SER INFIEL, LO ES. Puede estar buscando subsanar cuestiones personales, su EGO, situaciones no resueltas y que cree cubrir con relaciones paralelas. No te culpes, en muchos casos SU infidelidad -aunque no lo creas- no tuvo nada qué ver contigo.

El ego es el Yo. El Yo Soy, ¿quién demonios? Justo una de las preguntas más complejas en la historia de la humanidad.Como bien diría Kant, la unidad asociada a la totalidad de la representaciones. Entonces puede ser un enorme aliado, no conviertan a su ego en el demonio de tortura a domicilio. Hay que sobárnosolo de repente pero nunca permitirle dominio.

Wayne Dyer en su libro “El poder de la intención”, da algunas herramientas, acá se las sintetizo

1. No te sientas ofendido. La conducta de los demás no es razón para quedarte inmovilizado. Lo que te ofende solo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontraras cada dos por tres. Es tu ego en plena acción, convenciéndote de que el mundo no debería ser como es.

2. Libérate de la necesidad de ganar. Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Empeñarte en ganar es un método infalible para evitar el contacto consciente con la intención. ¿Por que? Porque, en ultima instancia, es imposible ganar todo el tiempo.

3. Libérate de la necesidad de tener razón. El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen.

4. Libérate de la necesidad de ser superior. La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes.

5. Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros. Puede resultar un concepto difícil si piensas que tu y tus logros son lo mismo.

6. Liberate de la necesidad de tener más. El mantra del ego es más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente.

7. Libérate de tu fama. La fama que tienes no esta localizada en ti, sino en la mente de los demás y, por consiguiente, no ejerces ningún control sobre ella. Si hablas con treinta personas, tendrás treinta famas distintas.

Ahi les encargo

 

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