En un planeta en el cual la mayoría de los contextos culturales nos obligan a pensar de manera dicotómica, es complejo plantear que uno desea tener más de un pareja emocional o sexual a la vez. Nos han enseñado que la única relación ‘que vale’ es la de dos individuos que permanecen fieles, o hacen como que lo son. Porque incluso la infidelidad es mejor vista que una relación de tres o más personas. Si estando en pareja te enamoras de alguien más, tienes que elegir: o una o la otra; las dos, nunca.

La polirrelación, es una expresión comportamental, en la cual, en la dimensión erótica, una persona identifica que es capaz de relacionarse sexual y/o afectivamente con más de un individuo a la vez. Puede existir a modo de fantasía, de manera preferente; es decir, es lo que más le gusta, vaya, prefiere, aunque no sea lo más frecuente, y de manera predominante: que, como la misma palabra exclama, es lo que más hay.

Pues de dicha expresión surgen muchas dinámicas, entre ellas, las parejas abiertas y el poliamor.

La pareja abierta, es una negociación y consenso entre dos personas con una relación afectiva (aunque también puede ser meramente sexual, aunque no es lo común), en la cual, ambos reconocen que desean estar juntos, hay salud en su relación y se sienten estables y seguros, sin embargo, desean tener contacto con otras personas, casi siempre sexual. Dentro de ésta, hay muchas dinámicas: hay parejas que deciden abrirse para integrar a otro/as a sus dinámicas de pareja, o sea, el consenso es estar juntos con otras personas durante sus encuentros sexuales. Aquí no hay que confundirse con los swingers, esa es otra dinámica que nace del pacer del saber y/o ver a tu pareja en contacto sexual con otras personas. Pueden estar relacionadas, pero no son lo mismo.

En otros casos (de la pareja abierta), deciden no comunicarse con quiénes ni cuando, pero se sabe que esas prácticas se dan en ambas partes, o sea los dos tienen el mismo derecho. O bien, parte del acuerdo es siempre decirse cuándo y con quién estar teniendo esa relación sexual paralela.

Asimismo, se arman otras negociaciones, por ejemplo, no con ciertas personas, no en la misma casa o en ciertos espacios, o –muy importante- si sólo se permite una vez con el mismo tercero o tercera para evitar lazos emocionales; entre mil otras estrategias que se de-ben negociar.

Eso sí, lo que constituye a una pareja abierta ‘pura’, es el absoluto consenso y la vigencia del mismo. Si una de las partes no está 100% de acuerdo, se invalida. Igualmente, si una de las partes decide en algún momento ‘que siempre no’; cerrar la relación.

Acá no aplica el típico “Yo sé que mi guey tiene a otras, pero me aguanto con tal de seguir ahí”. Y, obvio, es bilateral, ambas partes tienen el mismo derecho de explorar o involucrarse con otros/as. Tampoco es tan válido en esas parejas que traen ciento cincuenta broncas pero para evitarse la pereza de la separación, se invisibilizan y cada quién ‘se da’ a quien quiera por su lado. Lo ideal es que provenga de la vivencia de la polirrelación en uno mismo como expresión comportamental, no de un remedio a lo que no nos atrevemos a trabajar en nosotros mismos o en pareja.

Ahora, en muchos casos esa apertura no sólo se da en el plano sexual, sino que hay consenso de involucrarse emocionalmente también y establecer parejas paralelas. Ya no serán sólo relaciones sexuales paralelas. Ejemplo, yo estoy casada o vivo con mi chavo, abrimos la relación pero los dos consensuamos que posiblemente nos enamoremos de otras personas y que nos informaremos el hecho, en caso de que suceda. Y, de ser así, probablemente también tengamos espacios o días que compartiremos con esas parejas paralelas.

Precisamente, en esos casos, puede surgir otra dinámica: el poliamor. Algunos poliamorosos comenzaron abriendo su relación, y en el camino, descubrieron que además podían amar a dos personas al tiempo, encontrando en cada uno/a espacios emocionales, eróticos y de convivencia que al integrarlos los hacían sentir plenos. Del mismo modo, la(s) pareja paralela(s) -que siempre debe estar enterada de la situación y también entrar al consenso-, se siente a gusto en esa dinámica.

Todos saben, están de acuerdo y se sienten plenos así. ¡Ojo!, que no necesariamente se tienen que ver, conocerse, convivir o tener contacto sexual. Sencillamente cada uno vive en su casa, y sabe que las otras partes existen y alimentan de algún modo la relación: la polirrelación.

Otros, ya más en onda comuna hippie, se sientan como grupo a negociar y a conocerse, conviven o se involucran física o emocionalmente.

Puede haber jerarquías que también se establecen. En el ejemplo anterior, mi marido y yo, negociamos que seguiremos siendo prioridad, es decir, somos la pareja raíz y así nos establecemos. Habitamos la misma casa y nuestra economía está basada en nuestras necesidades como pareja. La persona o personas con quien él se ha involucrado emocionalmente y la o las mías, saben (y están de acuerdo) que tendremos momentos para verles, viajar, salir o hasta integrarles a nuestros círculos sociales, pero que mi ‘pareja prioritaria’ es mi marido y yo la de él.

Otros, le dan absoluta igualdad a todos. Dependerá. Porque, claro, somos humanos, y tampoco nadie dijo que el poliamor sea ‘el mundo feliz  y perfecto’; y cuando hay parejas prioritarias, las secundarias pueden -en algún momento- querer ser prioridad. Y habrá que renegociar o tomar decisiones.

También existe la polifidelidad, o sea, si una de las partes –como en la monogamia- se involucra erótica o emocionalmente con alguien más ‘por fuera’, ahí hay una parte rota del acuerdo y entonces, a tener paciencia, porque no será sólo una persona la que te la arme; aquí habrá más de un ofendido. Y si con uno la cosa se pone compleja, imaginen la bomba.

Tanto la relación abierta o poliamorosa, como estilos de vida, no están delimitadas por la orientación genérica: puedes sentir en ti el deseo de tener una relación emocional o sexual con más de una persona siendo gay, hetero o bi, porque nada tiene que ver con ello.

Sólo para terminar esta parte, porque créanme que el tema da para libros y libros,  tampoco debemos confundir estos estilos de vida con las sociedades poliándricas o poligámicas, en las que una mujer tiene varios esposos, o un hombre, varias esposas. Porque en esos casos, las esposas no pueden tener a otros a su vez. Y por lo regular, éstos provienen de creencias religiosas o culturas donde las esposas o esposos del ‘dueño o dueña del harén’ son castigado/as duramente si se abren a otras relaciones. Y no siempre hay consenso sino una obligación qué cumplir.

Y cabe aclarar, que TODAS las relaciones abiertas o poliamorosas, son válidas, respetables y plenas siempre y cuando, repito, porque me encanta repetir esta parte: HAYA ABSOLUTO CONSENSO DE TODAS LAS PARTES, Y EL ACUERDO ESTÉ VIGENTE.

Share Button