Y no hablo del verbo ‘mamar’ que están imaginando, sino del que alude a ‘amamantar ideológicamente’. La gran mayoría de nosotros nos perderemos en el camino justo en el mismo punto en el que lo hicieron nuestros padres. Gratamente en algunas ocasiones encontramos el retorno precisamente a través del atajo que ellos nos advirtieron no tomar. Y crecemos. Ese ‘destete’ mental cuesta, y duele, a veces. Quizás por eso la mayoría permanece mamando lo que reconoce como ‘la palabra o el ejemplo sabios’ de papá-mamá. Realmente atreverse a romper una estructura rigidísima en nuestra cabezota es todo un reto. Desde nuestra construcción de masculinidad o femineidad (misma que ellos establecieron) hasta cómo ejercemos nuestra sexualidad.

Luego, vienen las relaciones con los amigos, los diversos grupos sociales, donde terminamos de mamar el concepto de quiénes debemos ser. Esa es la causa de que por resulta tan complejo ser el amante o la amante que deseamos desde nuestro más profundo sentir pero que va en contra de lo que ellos nos pautaron como ‘decencia’, ‘virilidad’, y demás conceptos limitantes y limitados.

En ocasiones ni siquiera tienen que ser literales esas construcciones. Bastan experiencias que fueron tachadas y que pueden parecerse a las actuales. Hay personas que el día que se atreven a cierta práctica sexual o a realizar un simple juego, no pueden dejar de ‘ver’ a su progenitor(a) con senda cara de reprobación y casi pueden escuchar ‘Eres una puta mijita’, ‘Nombre mi’jo usté con esas cosas, ni parece hombrecito oiga’. Y ya no hablemos de reconstrucción de rol. Y no es que sus padres quisieran castrarlos emocional y mentalmente, todo padre lo hizo lo mejor que pudo y en cada uno de sus errores había un deseo de protección pero ¿cómo ayudar a liberar desde una mente igualmente castrada? Por ello las cadenas de generaciones limitadas.

Bien decía en una ocasión uno de mis entrevistados sobre el tema ‘disfunción eréctil’: ‘Cuando no logro tenerla (la erección), no sólo le fallo a mi mujer y a mí, siento que le fallo hasta a mis papás’. Lo dijo casi inconscientemente, los ‘papás’ eran agregados para darle una supuesta chispa al comentario, pero no. Realmente el no vernos sexualmente como concebimos -y nos ayudaron a concebir- que es lo funcional o lo ‘necesario’, lo que nos lastima en gran parte es lo que pensarían los demás si supieran lo que estamos haciendo o lo que no estamos logrando. Nos preocupa demasiado la imagen propia con base en la imagen que creemos que tendrían los demás de nosotros.

Corran, expulsen, larguen de su mente todas esas expectativas ajenas que ya se dieron cuenta que no les funcionan pero que conservan porque mamaron como correcto. Fíjense la meta. Acudan a su conciencia ¿Hacen daño a alguien o a ustedes mismos al atreverse a vivir la sexualidad que desean? ¿Afectarían su integridad física o mental o la de su pareja o la de un tercero? Si con toda honestidad y conciencia responden negativamente, destétense, por favor. Destétense (o sea suelten la teta de mamá) o de los amigos, los padres y las figuras de poder que siguen fisgoneando lo que hacen en su cama.

SIMPLE: NO NECESITAS EL PERMISO DE NADIE PARA SER EL SER SEXUAL QUE DESEAS.

Y chequen este video, muy ad hoc, está buenísimo. No paré de reír. Disfruten.

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