Para Él

1. Roce de muslos a pubis
Puedes hincarte o sentarte en el borde de la cama, teniéndolo de frente. Coloca un poco de Sico Play® en la punta de tus dedos (para hacerlos resbaladizos) y roza, casi como si apenas tocaras su piel y sin presión, la corva de sus rodillas hacia arriba sobre el centro de sus muslos anteriores. Sube tus dedos hasta el inicio de sus nalgas. Ahí continúa hacia el frente y sigue rozando sobre la pelvis hasta que tus manos se unan en el pubis. Debes crear un camino, es una misma caricia ininterrumpida.

2. Masaje de pene a dos manos
Imprescindible: Si utilizarán condón posteriormente esta y la técnica anterior deberá hacerse con lubricante con base de agua, prueba Soft Lube by SICO®; nunca con aceite ya que éste degrada y rompe el condón.

• Con las manos perfectamente lubricadas, tomarás -con una mano- su pene desde el tronco y la deslizarás hacia el glande. Con el pulgar masajearás este último punto de abajo hacia arriba. O sea desde la corona posterior del glande hacia el orificio uretral; o bien en un rápido círculo sobre su misma forma.

•Al tiempo de que una mano sube, la otra comienza el recorrido desde el tronco. O sea, la caricia nunca se detiene: Cuando una está en el glande, la otra ya está en el tronco subiendo. Imagina como si ‘tiraras’ de una cuerda interminable pero con las yemas de los dedos hacia abajo y el pulgar hacia ti. El movimiento ascendente por obviedad hará que hales ligeramente del pene, por ello aunque aumentes la velocidad, no presiones demasiado porque pudieras lastimarlo.

 

3. Atiende su trasero
A cada lado de la línea divisoria, están un par de centros que ayudan a relajar, los puntos de estimulación que excitan la próstata y la producción de testosterona se sitúan alrededor del cóccix, así que haz círculos alrededor de este husito con tu lengua (no se recomienda lamer más abajo, el ano es una zona séptica). Baja a cada una de sus nalgas.

Da pequeños mordiscos y succiones con los labios en cada una, como si fueran ventosas. No olvides el pliegue que las une con las piernas.

 

4. Trabaja su pelvis
Coloca ambos pulgares en sus huesos de la pelvis y muévelos hacia abajo con un poco de presión, como si dibujaras con ellos un calzón. Llega hasta el pubis y con el resto de los dedos toca su entrepierna. Blofea con los genitales, no los toques. Aún.

 

5. Y para cerrar la postura de la Diosa (tú montada en él), ¡te lo ganaste!
Combina penetraciones a ritmos y a tres profundidades (tú llevas el control). O sea, desliza tu cadera para que sólo el glande entre a tu vagina y presiona como si hicieras un kegel, luego un poco más hasta la mitad del tronco de su pene; den nuevo contrae. Posteriormente permite que penetre a profundidad máxima y contrae por un intervalo amplio. Te llevarás aplauso de pie.

 

Para Ella
6. Una buena cuchareada
Haciendo el amor en posición de cuchara (como siempre), levanta su pierna -la que queda libre- y desliza la mano por debajo de su trasero, justo hasta el clítoris para masajearlo. No dejes de penetrar.

• Extiende sus piernas. Una vez que haya llegado al orgasmo producto de la estimulación manual clitorial, pídele que extienda las piernas (ayúdala acariciando sus muslos hacia atrás) y empuje la pelvis hacia adelante en tanto la tuya presiona hacia la misma dirección. Intensificarás el orgasmo.

• Muévela. Gírate para recostarte sosteniéndola de las caderas para que queda tendida sobre ti. El reto es no perder la penetración. En otra variante, empuja suavemente su espalda para que quede montada en tu pelvis.

 

7. Masajeando el perrito
O sea, estando en postura de cuatro puntos o sea, ‘de perrito’, acéitala. A ella, a su espalda,. Cubre tus manos con aceite para masajes y desliza tus manos hasta su pelvis y abdomen bajo; haciendo una ligera presión regresa hasta su cóccix. Tómala de la cintura para llevar el ritmo de los embates o penetración y de nuevo acaricia esta vez hasta sus lolas; casi pegando tu pecho a su espalda. No temas abusar de la cantidad de aceite.

 

8. Estimulación de pie
Ella de pie, tú sentado en una silla o el borde de la cama. Empieza acariciando su entrepierna hasta colocar la mano sobre sus labios (sí, ‘los de abajo’), como cubriendo todos los genitales con los dedos hacia atrás. Deja la mano ahí un momento y poco a poco comienza a penetrar con los dos dedos de en medio (cordial y anular). Suave y con dirección hacia su obligo (donde está la Zona G). Ahora utiliza el pulgar para estimular el clítoris. Usa lubricante para todos los dedos, tanto los que trabajarán de manera externa como interna.

 

9. El vaivén

Recuéstate con las piernas estiradas y pídele que se monte en ti. Un vez que hayas penetrado ella deberá acostarse hacia tus pies e igualmente estirar las piernas ligeramente abiertas sobre tu pecho. Tómense de las manos y tiren hacia ambas direcciones. Al jalar hacia ti penetrarás y ella, al tirar hacia sí, permitirá una ligera salida de tu pene. Se crea una palanca movida por ambos y tú ‘trabajarás’ menos.

Cuando te toque halar sus manos, mantenla inmóvil y levanta tu cadera ligeramente, eso le dará una sensación de mayor tamaño de tu miembro en su interior. Hazlo poco a poco, puede ser doloroso. Si tus pies son suaves de vez en cuando puedes acariciar con ellos sus pechos.

 

10. Activa sus bubis
De frente acerca una de tus manos a sus pechos. Blofea. Sin tocarlos, con tus dedos a unos centímetros de su piel recórrelas desde las axilas hasta el nacimiento, rodea sus pezones. Ella lo sentirá y comenzará a fantasear, da ligeros roces ‘casuales’ y permítele que sienta ‘hambre’ de ser tocada. Después de un rato, toca suavemente, acaricia uno de sus pezones con el pulgar circularmente y estimula oralmente. Todo viéndose a los ojos y sin hablar.

 

11. Regalo de Venus
Comienza por observarla, deslizar tus dedos por los labios mayores hasta el perineo, sube ahora por los labios menores y detente en el orificio uretral. Repite el recorrido con la lengua. Coloca los labios sobre el clítoris, ábrelos poco a poco y deja salir apenas la punta de tu lengua. Muévela en círculos, succiona. Sutil y con tiempo. Presiónalo ligeramente con los labios y vuelve a masajear, lingualmente.

Conforme sientas que va lubricándose, toma un poco de fluido del vestíbulo vaginal y expándelo por los labios (de la vulva, no los tuyos).
Asegúrate que esté muy húmeda e introduce el dedo índice y el cordial (o el anular y el cordial) con las yemas de los dedos viendo hacia ti, de frente. Apenas un par de falanges, no más. Presiona hacia su ombligo. Combina con besos y recorridos linguales al clítoris. Y obsérvala disfrutar. Al llegar al orgasmo, repite, con mayor sutileza (ya está estimulada) permítele llegar al clímax tanto como desee.

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