Por siglos se ha considerado un delito machista, por el honor de esos hombres cuyas mujeres olvidaron ‘su lugar’ o se emanciparon en los brazos de un bribón. En las sociedades antiguas retar a duelo constituía un derecho donde  el amante enfrentaba la cólera del deshonrado, quien con la misma facultad podía quitarle la vida a la bígama. Se limitaba a ser tildado como un ‘Crimen contra el honor’ con muchos lenitivos en su sentencia.

Myriam Jimeno, en su libro ‘Crimen pasional: contribución a una antropología de las emociones‎’ afirma, “El que éstos [homicidas] sean mayoritariamente hombres señala que esta acción tiene que ver con las jerarquías de género en particular con la construcción identitaria de masculinidad y feminidad”.
De acuerdo a la Dra. en psicología social Luciana Ramos Lira, investigadora en Ciencia Médicas del Instituto Nacional de Psiquiatría, “Según la evidencia epidemiológica, las relaciones erótico-afectivas, sea matrimonio, noviazgo u otra forma de vínculo de pareja son un espacio en el que se producen violencias emocional, física y sexual. Por lo general, los hombres ejercen más violencia hacia nosotras. Lo puntual es que las mujeres tienen más riesgo de ser asesinadas por parejas o exparejas. De hecho, como menciona el estudio clásico de Elena Azaola, las mujeres matan principalmente a familiares, a sus hijos/as, mientras que la gran mayoría de los hombres matan a no familiares, pero cuando, lo hacen es en alto porcentaje a sus parejas”.

Es difícil tipificar con claridad los crímenes pasionales. Se integran a éstos el femicidio (asesinato por razones de género), los crímenes de odio por homofobia -debido a que la figura legal prácticamente no existe, corruptamente se atañen a las posibles parejas de las y los ejecutados- o a los asesinatos como resultantes de un episodio de violencia intrafamiliar donde a una de las partes se le pasó la mano pero no pretendía matar. No hay cifras específicas debido a la mezcla. Un crimen pasional es exclusivamente aquel que se realiza con fines de castigo o merecido a otra persona con quien se tiene un lazo amoroso o sexual por motivos generados en la relación. Los más comunes son la infidelidad, los celos, el maltrato físico o el abuso sexual hacia el cónyuge o los hijos. Sea premeditado o no. Sea cual sea la orientación sexual.

El término ‘crimen pasional’ fue acuñado por los medios. Se denomina dentro del Título Decimonoveno del Código Penal Federal, homicidio en razón de parentesco o relación. Se castiga con hasta 60 años de prisión. Pero, por lo regular se trata como un ‘crimen en estado de emoción violenta’, es decir, en virtud de las circunstancias que desencadenaron el delito. Dicha se considera por ciertos jueces un atenuante pudiendo dictar sentencia de sólo dos hasta 12 años de prisión. Lo puntual es que es complejo establecerlos, hay muchas aristas ya que sólo ‘la pasión’ rara vez es el móvil. Casi siempre hay asuntos monetarios o sexistas; historias de maltrato prolongado. Pocos matan en nombre del amor súbitamente. Por eso es tan impactante tanto para la ley como para los medios, que se saborean la nota roja, exponer un caso puramente pasional que no haya sido promovido por la violencia intrafamiliar o uso de enervantes. En el DF no pasan de 30 casos anuales.

Las atenuantes debido al estado emocional, son un punto fino. Ciertos grupos lo consideran un ‘apapacho’ de las instituciones, un pretexto machista dado su continuo rostro masculino. En julio de 2008 el Congreso Nacional Legislativo a Favor de las Mujeres solicitó adicionar al artículo136 del Código Penal para el DF, un párrafo donde se especificara que el atenuante surgido por un estado de emoción violenta  no aplicase si el homicidio se cometiera contra la cónyuge, ex cónyuge, concubina, ex concubina o haya tenido una relación de pareja.
La refutación se basa en que dichos individuos no representan un peligro para la sociedad: la intensa emoción envolvió todo lazo entre sentimiento y pensamiento provocando una ambigüedad para su tratamiento jurídico. Hay una condescendencia generalizada hacia los que matan ‘por amor’.

Ramos Lira comenta, “no estoy de acuerdo con que se utilice como atenuante el estado emocional de los homicidas, porque esto condona. En caso dado, habría que considerar que cuando las mujeres han vivido violencia extrema, también pueden matar al hombre como una manera de ‘escapar’, tal y como plantean propuestas estilo la de Lenore Walker, y que éstas pueden sentirse totalmente atrapadas psicológica y socialmente”.

Lo turbulento del hecho radica en que todos en teoría somos potencialmente capaces de caer en esa ceguera transitoria al hervirnos la sangre.  En las relaciones de pareja las oportunidades de roce que dan la continua convivencia pudieran fomentar la violencia y por lo tanto el homicidio. Todos nos hemos descubierto incapaces de comportarnos negativamente ante gente menos habitual a nosotros mientras surge de manera natural cuando estamos con la pareja; porque nos conoce. Porque podemos llegar a tal simbiosis que nos parece propia. Con esa misma tendencia podemos –aunque a primer pensamiento nos parezca irreal- tomar su vida y acabarla. Pero ¿qué nos lleva a cruzar ese límite?

Tal vez dormimos con el enemigo. Las reacciones humanas pueden avisar en ocasiones, en otras nos acuchillan sin esperarlo. Nos preguntamos si existirá un perfil determinado de un posible verdugo.
De acuerdo a la antropóloga sexual Yesenia Peña Sánchez, profesora e Investigadora de la Dirección del Instituto Nacional de Antropología e Historia, “Sería aventurado generar un perfil, puesto que más que un asesino pasional se trata de un hecho individual o colectivo en que el crimen es ejercido como una forma de poder y control sobre otro por el hecho de romper las reglas y normas que se asumen establecidas en sus roles de género o sexuales, desenlazado por eventos contextuales o situacionales de difícil observancia y de muy variado origen”.

La Dra. Ramos Lira agrega, “no me parece adecuado hablar de asesino ‘pasional’, podría decir que no hay como tal un perfil, sin embargo, existen factores de riesgo que pueden posibilitar que los hombres maltratadores de sus parejas tengan el potencial de lesionarlas gravemente o matarlas. Las mujeres que tienen parejas violentas tienen más riesgo de ser asesinadas cuando ellas quieren dejar la relación, por esto deben de tomarse las precauciones necesarias, tales como evitar que el maltratador se de cuenta de que la mujer va a irse de la casa.

En caso contrario, un estudio de mujeres homicidas de su pareja mostró que las circunstancias bajo las que ellas cometieron el delito eran
a) las reclusas presentaban antecedentes de maltrato conyugal;
b) como factores desencadenantes comunes previos al momento de cometer el delito, habían sido golpeadas e insultadas por sus compañeros frente a sus amigos y/o personas desconocidas; y
c) ninguna negó haber cometido el acto”.

Focos Rojos
>Es depresivo o agresivo de modo recurrente.
>Es demandante de tu presencia al grado de incomodarte, chantajea.
>Padece algún trastorno mental y no se atiende.
>Consume alcohol y/o drogas.
>Tiene acceso o usa armas.
>Las peleas en pareja cada vez rompen más límites llegando al manoteo hasta los golpes.
>Te golpea recurrentemente.
>Amenaza con matarse, matarte o matar a los hijos sobre todo si intentas dejarlo(a). La mayoría avisa previamente.
>Te sigue, persigue y busca información que den bases a sus sospechas.
>Ha intentado suicidarse. La idea la muerte está en su cabeza, un día puede ser hacia él o ella, otro, hacia ti.
>Te ha llegado a secuestrar o impedirte salir o contactar ayuda.
>Suele tener episodios de terrible vergüenza por sus actos, pide perdón y promete no reincidir. De la noche a la mañana se vuelve una ‘pera en dulce’.
> Ha intentado matarte (¿Así o más claro?).

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