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Artes manuales para enloquecer de placer. Los masajes que van más allá - El blog de Elsy Reyes

Prepárate para hacer magia erótica con tus manos porque estas posiciones de caricias libres y masajes te van a llevar -junto con tu galán- a sensaciones que jamás imaginaron que podían tener.

¿No te encantan esas sesiones de caricias que comienzan de la nada y de pronto tú y tu chico no pueden detenerse y terminan en un delicioso round sexual? Pues hoy la estrella máxima del encuentro serán las artes manuales. ¡Hey!, tranquila, nadie dice que no habrá sexo, sexo. Pero no te imaginas el preámbulo y el ‘durante’ que éstos jueguitos le van a dar al momento. Dosis extra spicy para compartir.

Foreplay y round, 2 en 1
Esta estimulación doble se convertirá en un must de su repertorio. Prometido.

La L
Pídele a tu galán que se siente con las piernas estiradas y ligeramente abiertas en la cama y recargue la espalda totalmente vertical en la cabecera.

Con cuidado móntate sobre su pelvis, dándole la espalda y colocando tus pompis sobre su abdomen bajo, un poco más atrás de su pubis. No dejes caer de golpe tu peso o aquello terminará en un malestar estomacal.
El chiste es que su pene quede justo delante de tus genitales. El juego puede consistir en dos maniobras espectaculares. Ahora sí comienza la fiesta.

Tus manos para ti y para él
• Ponte una buena de cantidad de lubricante con base de agua en tu mano más hábil.
• Ya que su pene está en medio de tus entrepiernas, comienza masajeándolo de abajo hacia arriba.
• Con el dedo pulgar haz movimientos giratorios sobre el glande. Comenzarás a catapultarlo a las estrellas.
• Por efecto del masaje, y si presionas su pene hacia tu cuerpo, el movimiento comenzará a estimular tus genitales de manera perfecta.
• Puedes separar un poco más la cadera hacia atrás y tomar su pene para direccionar su glande justo hacia tus puntos favoritos y auto estimularte. ¡Glorioso!

Invítalo al juego
Pídele que con los dedos muy bien lubricados te masajee, puede manipular su pene sobre tu clítoris y labios, o hacerlo directamente con los dedos, en tanto tú te encargas de su ‘amigo’.

Salta del foreplay al play
Justo cuando llegues al orgasmo o te sientas muy cerca, eleva ligeramente tu cadera y permite que te penetre, con toda esa excitación, lubricación y alta candela, la sensación será cósmica. Sólo apóyate en las rodillas y mueve tu pelvis hacia adelante y atrás. Ni siquiera tienes que subir y bajar. Con ese movimiento saldrás disparada al Nirvana.

Un juego ideal para cambiar la dinámica
Puedes aplicar este truquito cuando le has dado un poco de sexo oral pero tampoco quieras quedarte ahí instalada (sí, la mandíbula necesita sus breaks), o bien, como un extra cuando estás en alguna postura montada de frente sobre su cadera y te gustaría darle un ligero descanso a la penetración. Créeme que a él le va a encantar la ‘interrupción’.

El viaje de Venus a Marte
Nuevamente necesitarás lubricante con base de agua o un 2 en 1, o sea un lubricante que también funcione como aceite de masajes. Eso sí, checa que esté diseñado para ello, ya que muchos aceites de masaje no se pueden colocar en los genitales y claro, degradan el condón.
• Al coloca el lubricante en todo su pene de masajeando todo el tronco en espirales.
• Ahora sí, lo inesperado: toma el pene casi desde la base y comienza a deslizarlo desde tu pubis, en un viaje por todo el centro de tu abdomen hasta la unión de tus bubis.
• Una vez ahí, presiona un poco e insiste en esa zona entre los pechos, regresa y repite.
• La sola imagen de ver su pene recorrer tu tronco y quedar en medio de una de sus partes favoritas de tu cuerpo, será un espectáculo.

Abrazo al infinito
Esto sí es dulce y al mismo tiempo mega sensual. Él sólo debe sentarse en loto, o ‘de chinito’ en la cama o un tapete y tú engarzarte en él, cruzando las piernas detrás de su espalda. Lo más pegaditos que puedan y abrácense. Con o sin penetración (aunque dudo que aguanten las ganas), este arte consiste en llenar sus manos de un aceite de masajes delicioso y deslizar sus manos por toda, todita la espalda del otro.

Enfócate en la línea de su columna, los huesos de la cadera, los omóplatos. Deja que tus yemas vayan por donde deseen y ve erotizando cada poro. Cuanto más sientas que sube la temperatura, acerca tus manos a su cuello y nuca. Abre los dedos sobre el nacimiento del cabello y sube poco a poco hasta la coronilla. Puedes abrir y cerrar los dedos masajeando y regresar a su nuca.

Un último regalito
Este aplica para cualquiera de los dos, perotendrán que turnarse para ser estimulados. Claro, primero las damas (aquí la vieja caballerosidad resulta bastante conveniente).

En un sofá, coloca tus pompis casi al borde del asiento y semi recuéstate. Es decir, deja caer tu peso hasta recargarte en el respaldo o sobre cojines y separa las piernas. Tú relájate, por completo y déjate consentir. Respira y siente como si tu cuerpo se derritiera sobre el sillón.

Él debe de comenzar a masajear la entrepierna, desde la altura de las rodillas y hacer ligera presión con la yema de los dedos abiertos y con toda la mano, y recorrer lenta, pero muy lentamente hasta el inicio de tus labios mayores. Esperar, hacer algunos circulitos hacia adentro con los pulgares en esa zona (debajo sentirá los huesitos de tu pelvis) y regresar en un mismo viaje, sin prisa. Repetir, claro. Y créeme, vas a querer que repita… muchas veces. En la entrepierna hay conexiones nerviosas con el clítoris, así que trabajará en él ‘a distancia’. Y con el masaje circular, se van a activar increíble las glándulas que te hacen lubricar, así que quedarás lista para todo, pero toooodo lo que después pueda venir.

Lo mismo cuando lo apliques con él, sigue esa línea de masaje hasta el borde de sus testículos. Lo va a amar. Poesía pura de artes manuales.

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