El gran éxtasis, la experiencia subjetiva más placentera, no es un privilegio. Pero parece inalcanzable para algunos cuerpos. Una existencia sin él es la fotografía de nuestros demonios sexuales. 

Culturalmente ultra valorado, en términos fisiológicos, el orgasmo no es más que un reflejo. Sin embargo, cualquiera que lo haya experimentado, sabe que nada se le parece. Que ese estado alterado de consciencia –no se diga si se acompaña de un vínculo emocional- nos hace viajar por segundos al Nirvana. Y por ello, ancestralmente vivimos buscándolo. Es la última consecuencia, la meta de cada una de nuestras exploraciones. Porque si bien -y según las teorías psicoanalíticas- el sexo y sus satisfactores son nuestro motor primario, todo, pero todo lo que hacemos tendría que terminar en su obtención. No obstante, para muchos, especialmente mujeres, es un misterio que nunca han experimentado o dejaron de sentir. Como una ‘maldición’, no hay camino que las lleve a él. O eso creen. Este es el mapa de la anorgasmia y su salida.

¿Frígidas?
La anorgasmia es la disfunción sexual femenina más frecuente. De acuerdo con cifras de la Asociación Mexicana de Salud Sexual, el 30% de las mujeres en edad reproductiva la padecen. Pero eso con base en los reportes de atención en terapia. Según las estimaciones, ese porcentaje se elevaría sensiblemente porque se carece de datos de aquellas que no buscan ayuda. Somos un país sin estadísticas sexuales por el secretismo con el que se vive esta área. Y porque la mayoría ni siquiera entiende qué le está sucediendo o supone que la manera en la que vive sus encuentros sexuales es ‘normal’ y que el orgasmo es un hecho aislado o ‘de mucha suerte’. De hecho aquellas entrevistas que realizara Alfred Kinsey en la década de los años 50 y que dio vida a su famoso Informe del comportamiento sexual, detectó que en ese entonces cientos de mujeres desconocían esta fase, ni siquiera sabían que tenían dicha posibilidad.
No es lo mismo la imposibilidad para experimentar orgasmos, que la dificultad para lograrlos o no tener el deseo de hacerlo. Pero suele confundirse.

El orgasmo y el deseo sexual van muy ligados. O sea, el impulso por un encuentro sexual puede existir pero no se logra el clímax. O bien, no hay un interés psicológico por tener relaciones (fase estímulo sexual efectiva), y por lo tanto el resultado –el orgasmo- se imposibilitará por la barrera de inicio. Y también, existe el caso de haberlos vivido en otras etapas de vida, pero algo está evitando o dificultando que surja; una anorgasmia secundaria.

Ahora, ¿por qué se ‘atora’ su llegada? Décadas atrás se utilizaba un término no sólo peyorativo sino inexacto: frigidez. Mismo que limitaba no sólo su comprensión sino que hizo creer a muchas mujeres que habían nacido físicamente incapaces de orgasmar. Como una deformación o una enfermedad de nacimiento. Asimismo englobaba a aquellas mujeres con bajo o nulo deseo sexual.

Lo cierto es que las causas pueden son personalísimas y en el 75% de los casos, de orden emocional. Por construcciones psicológicas. ¿Cuáles?

¿Qué es el anhelado clímax?
Antes que nada hay que comprender qué demonios pasa en el cuerpo en una fase de éxtasis sexual. El orgasmo femenino es un proceso que sucede a diversos niveles, un paso a paso:

• Fase preorgásmica: Respuesta de excitación y placer resultado de estímulos psíquicos y físicos efectivos en todo el cuerpo y genitales, específicamente al clítoris: la vía vaginal simple no es la más eficiente para producir un orgasmo en más del 70% de las mujeres a nivel mundial.

• El sistema nervioso autónomo comienza su faena: por impulsos simpáticos y parasimpátcos se produce la dilatación de las arterias de los tejidos eréctiles del clítoris, labios; vulva.

• El vestíbulo vaginal aumenta y hay secreción en las glándulas de Bartolino, situadas por detrás de los labios menores generando la lubricación.

• Aumenta la sudoración, la frecuencia cardiaca, se dilatan las pupilas y se produce erección pilosa (piel chinita).

• El parasimpático funciona a través de la médula espinal en las vértebras sacras 2 a 4 (los nervios erectores del plexo sacro) y por esta vía mandan la señal a la médula.

• Se da un circuito de información nerviosa que une a ésta con el tálamo, el sistema límbico y el córtex.

• La hipófisis y los núcleos sexuales del hipotálamo emiten hormonas que actúan en los centros de placer.

• En el sistema límbico se construye el orgasmo a nivel cerebral. Y en el cortex y neocórtex se dimensiona la experiencia afectiva.

• Se emite una señal de vuelta hacia la espina dando respuesta a una serie de contracciones en el clítoris, útero, ano y pelvis con una ritmicidad y un pico máximo.

• Posteriormente, la sensación se extiende hacia el abdomen y piernas. El resultado es un orgasmo.

Asimismo hay diversas vías físicas identificadas; es decir, puede surgir de distintas porciones. El clítoris es la mayor -en términos de concentración de fibras nerviosas-; más de 8000. Se conecta con el nervio pudendo. En tanto, la vagina circula información por el nervio pélvico. Es decir, mandan sus señales por ramas distintas. Por ello se perciben diferentes.

Hay otras partes del cuerpo que pueden conectar con el orgasmo como los pezones, el cérvix o el recto. Igualmente, alude a los nervios y las sustancias que se secretan como resultado. El nervio pélvico transmite impulsos nerviosos aferentes (sensitivos) de la vagina, el cérvix, el recto y la vejiga urinaria. Igualmente se relaciona con la Zona G, o próstata femenina que promueve la eyaculación femenina. Y, los pezones al ser succionados crean un efecto inductor del orgasmo al proyectarse a ciertas neuronas del encéfalo que forman parte del mismo grupo que recibe la de los genitales.

Orgasmar es crear una variable, porque no sólo es subjetiva de manera general, también cada mujer que vive clímax con frecuencia, encuentra diferencias de duración, intensidad y sensación. Según la experiencia y hasta los compañeros sexuales.

Sencillamente el orgasmo es el reflejo de estímulos efectivos. ¿Cuáles? Dependerá del mapa de reflejos eróticos de cada mujer, es decir, qué le gusta y dónde le gusta. Desde expresiones sexuales como lugares físicos, ambiente, relación con el amante, zonas erógenas que disparan placer o excitación, fantasías, y una lista interminable de factores.

El orgasmo sucede al mismo tiempo en el cerebro/mente y en los genitales independientemente de su lugar de inicio, pero deben de trabajar en conjunto. Si la cabeza lo impide, el clímax no se dará.

¿Se trata?, ¿se ‘quita’?
Podríamos pensar que una disfunción de este tipo impactaría sólo a las mujeres y que los hombres tendrían que preocuparse por sus erecciones y su control eyaculatorio. Falso. Además de que sí existe una condición similar, la eyaculación retardada o retrógrada, o bien la eyaculación sin orgasmo, en el caso puntual de la anorgasmia femenina y de acuerdo con los servicios de terapia sexual y de pareja de la Universidad de Minnesota, hasta el 80% de las mujeres que viven dicha condición se acercan a buscar ayuda sugerida (o rogada con lágrimas) por sus parejas. Porque para ellos o ellas (parejas gay), el ‘no provocarles’ un clímax, les crea un sentimiento de invalidez o devaluación como amantes.

Precisamente ahí el primer mito de la anorgasmia. Nadie es responsable de ‘provocarnos’ un orgasmo. No depende de la habilidad del amante, sino del permiso y autoconocimiento del sujeto que no orgasma.

La base del orgasmo es el autoerotismo. Y si –de acuerdo con el Instituto Mexicano de Sexología- a la fecha hasta el 60% de las mujeres no se han autoerotizado o no lo hacen de manera frecuente, he ahí la respuesta. Por siglos se extendió la creencia limitante de que un hombre debía enseñarle a su mujer qué debería gustarle y cómo debería gustarle. Imposible. Ningún hombre nace con un instructivo adherido a su ADN ni puede habitar el cuerpo de su amante para detectar sus zonas de placer. No hay zonas erógenas universales, las descubrimos. Y entonces se deben compartir con la pareja para darle la dirección en porciones, ritmos, intensidades y ambiente que necesitamos para promover el clímax.

Castradas
Una idea que lleva anidando en nuestra mente desde la infancia, es poderosísima. Las clásicas:
• ‘No te toques ahí’, ‘Las niñas buenas no se tocan’
• El sexo es malo, pecado, sucio.
• El placer te aleja de la virtud: ‘En la vida todo debe costar trabajo’.
• No mereces sentir placer
• Si te acuestas con alguien ya nadie te va a querer
• El sexo sólo es para procrear

Y un largo etcétera, crearon un estado de no pertenencia de los genitales y una repulsión/pánico a dejarse vencer por el placer. Orgasmar es un acto de darse, de rendirse. ¿Cómo con tales doctrinas punitivas y limitantes?

La psiquiatra y terapeuta sexual, Verónica Delgado, investigadora de la Asociación Mexicana de Salud Sexual, comenta que “el tratamiento a nivel de terapia, consiste en tareas que permitan reconocer sensaciones placenteras. Integrarlas desde actividades simples como irse a cortar el cabello hasta comenzar a explorar el cuerpo al espejo y proseguir a tocar; es un proceso”.

Se revisa la historia de vida, la relación principalmente con el padre (por lo genera castrante), los factores psicosociales comúnmente discutidos en relación a la capacidad orgásmica femenina son edad, educación, clase social, religión, personalidad y los problemas de relación. “En el caso de las mujeres que de plano no desean tocarse, no pueden, es decir, el cuerpo no reacciona ante los estímulos y surge un deseo por escapar, se sugieren tareas de otros terrenos: date un día de belleza, de reconocimiento del cuerpo, asumirte, verte y gustarte”, añade

La terapia cognitivo-conductual para la anorgasmia se centra en la promoción de cambios en las actitudes y pensamientos sexualmente pertinentes, disminución de la ansiedad, y el aumento de la capacidad y la satisfacción orgásmica. Hasta la fecha no hay agentes farmacológicos demostrados más allá del placebo en la mejora de la función orgásmica en las mujeres.

Los casos menores, se relacionan con condiciones biológicas degenerativas: esclerosis múltiples, dolor crónico, diabetes mellitus que afecta los nervios sensitivos; así como uso de algunos fármacos como antidepresivos o intervenciones quirúrgicas. Pero se calcula que representan menos del 20%. Y aparecen en la etapa adulta.

Vamos por orgasmos
Cada quien es responsable de su placer. Descubrimos mapas y los compartimos. Tenderse en la cama a esperar que otro nos inunde con su sabiduría amatoria, es seguir creyendo en el cuento de la Cenicienta. Nadie vendrá a tomar tus riendas e indicarte el camino para vivir orgasmos. Sólo lo harán tus manos y sacudirte las heridas sexuales.

Share Button