Todavía recuerdo cuando de niña, vi por primera vez a través de la ventana del nuevo aparatejo de la cocina de mi madre, cómo explotaban los granos de maíz dentro de un paquete plano que prometía convertirse en una bolsa de palomitas. Comprobé que hay cosas que sí pueden estar listas en segundos. Fui parte de las primeras generaciones de microondas, mismas que nos hemos acostumbrado a obtener resultados inmediatos y aparentemente positivos, quizás hasta perdiendo la capacidad de disfrutar el proceso de cada cosa. Y como siempre, nos llevamos esa costumbre a las relaciones. Entonces, casi de primera vista, quisiéramos poder leer la mente y los antecedentes del tipo o tipa en cuestión para asegurarnos que aquello resultará en lo que esperamos. ¿Qué es lo que busca? ¿Habrá sido una pareja fraudulenta? ¿Terminaremos en boda? Adoraríamos un servicio en Internet que nos brindara el perfil emocional y psicológico de nuestra cita, con todo y sus gustos sexuales. Nos cuesta confiar, tal vez en herencia de todas esas historias de desamor escuchadas, las propias experiencias y el hembrismo/machismo. El hecho es que necesitamos que funcione y pronto. La búsqueda de inmediatez y efectividad en la que actualmente estamos inmersos, nos está llevando a la absoluta desesperanza porque requerimos de una reacción, resolución de conflictos y hasta  sensaciones placenteras, que no tengan que ser producto del uso de nuestras facultades humanas como la tolerancia, el desapego y el trabajo personal que nos lleva al crecimiento; el  ESFUERZO. Echen un vistazo a todos los productos del mercado, ‘baja de peso durmiendo; esculpe un abdomen de atleta en tres minutos’.

Ahora, en pareja, esa postura nos ha vuelto desconfiados porque nos aterra el fracaso, esa es otra necesidad generalizada: triunfar; sin darnos cuenta que esos mismos miedos provocan que la relación se merme. Y como ya no tenemos la ecuanimidad de vivir el paso a paso, presionamos y echamos todo a perder. Nos ponemos a la defensiva antes de saber si seremos atacados, ‘Antes de que me lastime, lo lastimo’; como si todo fuera un juego contra reloj.

Todo lo traducimos a inversión de tiempo, amor, dinero y hasta llantos. Pero además, ahora ya no queremos invertir tanto aunque sí deseamos prestas resoluciones, y buenas. El punto es que nos estamos dejando afectar por la manada y recurrimos a la diligencia en la búsqueda de la relación perfecta. ¿Será la razón de tantos fracasos de pareja? ¿A qué se debe la prisa?

El mundo nos pide que nos movamos aprisa, nadie lo niega. Pero ¿alguna vez han tenido esa sensación de gritar ‘¡Paren el mundo, que me quiero bajar!’? No sabemos vivir a nuestro ritmo, al ritmo de nuestras emociones. Ni darle su espacio y tiempo a cada persona y actividad en nuestra vida. Las relaciones de pareja específicamente requieren de eso, de dejarlas respirar y acomodarse. De esfuerzo común y eso no se puede cocer en el microondas, no toma 30 segundos para estar ‘caliente’.

La prisa surge cuando nos atragantamos de miedo a quedarnos solos. Y salimos a buscar un resultado a como dé lugar, aunque tengamos que rescatar a un hombre, reconstruirlo y reconstruirnos para él. Seguimos con el patrón de que una mujer exitosa es aquella que consiguió un marido y un tipo con futuro es el que trae vieja. Aún no nos deshacemos del estigma. Y ese es el motor que lleva a muchos a querer relaciones concluyentes a partir de la nada. ¿Cuánto tiempo crees que necesitas para conocer a una persona y poder decidir si funcionarán, antes de hacer compromisos? Es lo que tienes que preguntarte. No hay una regla, pero la ‘media’ humana es de al menos un año de convivencia continua. Es el tiempo en que los ‘velos’ del enamoramiento idílico comienzan a dejarnos ver a la verdadera persona y darnos el momento de determinar si queremos o no estar allí. Ir más rápido es actuar hasta conformistamente, porque no te das el tiempo de analizar lo que mereces.

Piensen en la analogía con la comida y el horno de microondas. Muchos alimentos pierden sus nutrientes, cambian su sabor y hasta se vuelven incomibles cuando no conformes con el poder del aparato, los sobre cocinamos y aumentamos la potencia. Lo mismo pasa con las relaciones. Quizás obtengan resultados rápidos pero eso no quiere decir que la relación te nutrirá. El anglicismo ‘microwave relatioships’, se refiere a relaciones que comienzan bien pero terminan rápido. ¿Eso es lo que esperan?

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