Así es, hay mujeres que se hacen adictas a dar de mamar a sus hijos. La leche materna es altamente benéfica para la salud del bebé ya que lo llena de defensas, nutrientes que ningún otro alimento provee, crea un fuerte vínculo con su madre y le da seguridad al chamaco. Y sí, debemos procurar darla, no obstante hay mujeres que se deschabetan y cuando el niño ya tiene hasta dientes y porta uniforme siguen obsesionadas con lactarlos. La ahora famosa liga de la leche ha defendido la postura; incluso amamantar hasta los 6 u 8 años. Lo cual les han debatido enormemente, de hecho hasta en aspectos psicológicos ya que puede crear un vínculo de dependencia y algunos otros incluso afirman que se da una mala comprensión erótica.

La leche sale como un reflejo de la succión del niño por lo que se puede producir por mucho tiempo después de parir (siempre y cuando no se haya tenido problemas de producirla) pero la calidad de dicha leche después de tanto tiempo ya no es idónea. No les hace daño pero ya no es tan nutritiva y por lo tanto se hace innecesaria.

Según expertos esta adicción u obsesión, mejor dicho, sucede cuando la madre crea un vínculo de dependencia hacia su hijo, encuentra en las sensaciones de lactarlo un sustitutivo a vacíos emocionales y siente que es una forma de controlarlo y evitar que se aleje de ella. Hay una antigua leyenda urbana, que algunos psicólogos aceptan como cierta, de un hombre de más de treinta años que seguía siendo amamntado por su madre. De hecho, en su luna de miel acomodó a su madre en una habitación cercana a su lecho nupcial y sin que la esposa supiera, salía todas las noches por un rato a ser amamantado. Supuestamente (o no sé si eso fue la ‘pimienta’ que los dimes y diretes le regalaron al caso), la esposa los sorprendió y ¡bolas! que se arma la mega hecatombe. Lo cierto es que sí hay casos de mujeres desesperadas por continuar amamantando y generalmente requieren de ayuda psicológica.

 

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