Sí, no existe la fórmula para hacer feliz a una mujer porque cada una somos un intrincado y loco universo, pero te aseguro que todas, to-das queremos esto; y es hora de que ellos lo sepan. No nos merecemos menos, y lo sabemos.

Ya no estamos para conformarnos con el tipo de tipos que “nos han tocado”. Qué pereza seguir con ese comportamiento casi patológico de adaptarnos al estilo sexual, emocional y social de nuestros galanes;  como si las relaciones consistieran en una carrera por perdernos a nosotras mismas y ‘encajar’ para que funcione. Porque la idea de estar solas hace que nos tiemblen hasta las bubis. Y ya basta.

Nadie dice que debemos convertirnos en hembristas intolerantes a las que ningún chico les parezca suficiente, pero es momento de rescatar lo básico que toda chica merece. Estar listas para ser conscientes de nuestro merecimiento. Y –sorry-, nadie más puede darte a respuesta; tienes que echarle coco a los patrones que has repetido relación tras relación y que no te han hecho feliz al 100. Los tipos no “nos han tocado”, los hemos elegido y no le podemos hacer espacio a los que realmente queremos hasta que no tengamos claro qué queremos con todas sus letras chiquitas. Cada cual tiene la pareja que cree merecer (y los ligues y los acostones que cree merecer).

Hay que iniciar por amarnos incondicionalmente y dejar de castigarnos con dates, frees o relaciones serias que sólo nos han recordado una y otra vez el poco valor que nos hemos dado. Ni modo, a desnudarnos y abrirnos a la verdad.

El Top 5 que no puedes dejar de darte y dar

Honestidad

¡Ojo!, que no quiere decir que debas tener acceso a toda su vida ni al password de sus redes y mails. Ser una hipervigilante obsesiva –de nuevo- sólo habla del bajo concepto que tienes de ti y de heridas no resueltas.

Honestidad es saber quién es y de qué va. Es un trabajo de ida y vuelta. Todos tenemos derecho a nuestros secretos y privacidad pero hay información básica que debemos compartir si en serio queremos darle un soporte a la relación. Empezando por si estamos o no  involucrados con alguien más erótica o románticamente. Aun si es una relación abierta o un free de carta blanca, hay que aclarar de qué vamos y si comunicaremos esas relaciones paralelas. Si es una relación de compromiso, con mucha más razón. La exclusividad se negocia, no se da por sobre entendida y si a ti no te viene bien, también hay que decirlo.

Estar con un galán que sabes que anda picoteando acá y allá, pero lo aceptas aunque te pudre el hígado porque piensas que por ahora es tu mejor opción, es traicionar tu merecimiento y ya habíamos quedado en no aceptar menos de lo que tú deseas, ¿cierto?

Presencia real

Va muy de la mano con la honestidad, pero más allá de abrir nuestro sistema social y permitirle al otro saber quiénes somos. La presencia real es saber que esa persona está para ti –wake up!, no para rescatarte sino para tomar parte de tu red de soporte emocional. Hay parejas que llevan siglos juntos y parece que todo marcha bomba pero a la primera crisis o necesidad de que uno le dé soporte al otro, todo se desploma como torre de jenga. O una de las partes siempre tiene que jalar al otro porque se victimiza, se inutiliza o espera que vengan a hacer las cosas por él o ella.

Estar presente también es poner atención a las palabras y necesidades, es compartir metas; no convertirse en roomates que tienen sexo de vez en cuando. Una presencia real en tu vida te da la seguridad de que será tu cómplice y que si algo te sucede podrás recargarte en paz.

Y que quede muy claro: “Bye ambivalencia!”. Los tipos que están y no; que un día te aman y al otro desaparecen; o por ocasiones parecen pendientísimos de ti y al poco tiempo se muestran los más desinteresados, sencillamente no desean estar presentes. Y entonces, ¿para qué los quieres? ¿Para tener con quién salir/vivir/tener sexo? Vale, mejor cómprate un buen vibrador y ya está.

Exploración y erotismo compatibles

Claro, hay que abrir los horizontes sexuales pero tenemos que encontrar compatibilidad en esos mapas de exploración sexual. Muchas, por asuntos sociales casi implantados en el ADN tienen la vida sexual que el tipo en turno les ha sugerido, sin ponerse a pensar si están teniendo el sexo que desean o el estilo sexual con el que fantasean.

Incluso hay quien el entra a los tríos, al swinging, al BDSM u otras prácticas, porque a su galán le parece cool y ellas quieren encajar como sea. Y, aclaremos, que no hay nada de malo en las prácticas anteriores pero sí cuando no están dentro de tus mapas y te unes sólo por satisfacerlo a él; porque no sabes ni quién eres como amante y le delegaste la responsabilidad de ese descubrimiento al tipo con el que salgas o andes. Repetimos, las respuestas sólo tú las tienes y el trabajo es personal.

Orgasmos, ¡ooobvio!

Podríamos llenar estadios con mujeres de todas las edades que nunca se han autoerotizado, o bien nunca han compartido con sus galanes dónde y cómo les gusta ser estimuladas, el tipo de caricias si lo que las dispara es el sexo oral o qué tipo de penetraciones les van mejor. La mayoría no lo dice por temor a ser tachadas de hardcore, ñoñas, zorras o bossy en la cama. Habitar tu cuerpo implica conocerlo y procurarte todo el bienestar posible; y el placer es uno de sus propósitos primarios así que no le niegues su derecho a expresarse. La receta para el orgasmo, el multiorgasmo y lo que quieras experimentar sólo tú la tienes, es TU receta.

Ir en la misma dirección y frecuencia

El bá-si-co del Top 5 y que casi resume todos. Aunque no negamos que todas encontramos un placer culposo en vivir relaciones con contextos complejos o distancia y dificultades cual cuento de hadas o telenovela, ya es momento de aceptar que el amor y las relaciones no deben estar validadas por el esfuerzo, la lágrima y el moco. Ya basta de dramas.

Es vital que identifiques si el chico en cuestión y tú van creciendo al ritmo o al menos en la misma frecuencia. Puede ser que empieces a sentirte aislada porque él va tan deprisa que te ha ido dejando atrás; o, por el contrario, sentir que tú vas con paso firme hacia lo que deseas lograr con tu vida, carrera, planes de boda, hijos o no, estabilidad financiera, y una larga lista; pero él parece atorado en su época de adolescencia esperando que le caigan las bendiciones del cielo sin esfuerzo. Seguir ahí es montarte en un caballo de carrusel que sabes que no te va a llevar a ningún lado. Si quieres, puedes seguir ahí, dando y dando vueltas hasta que un día te canse el mareo. O bien, ni modo, con pierna temblorosa (nadie dice que no da miedo) decidir bajarte porque allá afuera hay mucho más para ti.

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